El Foco

Más y mejores competencias

Las competencias son claves para mejorar las perspectivas laborales de los individuos y la competitividad de los países. El Programa de la OCDE para la Evaluación Internacional de las Competencias de Adultos (Piaac) proporciona una rica fuente de información sobre las competencias de jóvenes y adultos (16-65 años) en materia de comprensión lectora, matemáticas y resolución de problemas en ambientes informatizados –competencias clave para la economía del siglo XXI– y, además, en otras competencias genéricas. También recoge información sobre el uso de estas competencias en el trabajo y en la vida cotidiana.

La evaluación también muestra la forma en que las competencias se distribuyen en la población y aporta información sobre cómo los resultados económicos y sociales se distribuyen dentro de la sociedad. A título de ejemplo, es difícil que si una gran proporción de los adultos tiene escasa formación en lectura y matemáticas, la introducción y difusión de tecnologías para mejorar la productividad y las prácticas de organización del trabajo pueda ser efectiva.

Un total de 24 economías han participado en dicha evaluación, entre ellas España, y a pesar de que nuestro país, después de Corea, es el segundo que más ha mejorado el nivel de competencias entre los jóvenes, es también el país, junto con Italia, que cuenta con más adultos con bajo nivel de competencias: casi un 30% de españoles está en los niveles más bajos, con grandes limitaciones en la lectura y en el uso de las matemáticas y las tecnologías, y hay algo más de otro 30% con competencias relativamente bajas. Esto equivale a decir que un total de 21 millones de adultos españoles luchan al límite por competir en una sociedad que ha cambiado profundamente, que cada vez está más interconectada, basada en economía del conocimiento y donde la tecnología es cada vez más relevante.

Las consecuencias del bajo nivel de competencias son decisivas para las personas. El salario medio por hora de los trabajadores con alta cualificación es más de un 60% superior a la de los trabajadores con baja cualificación. Los españoles con escaso nivel de competencia lectora tienen más de tres veces la probabilidad de estar desempleados que los bien formados. Pero el impacto de las competencias va mucho más allá de los ingresos y el empleo: en España, las personas con menor competencia en lectura son tres veces más propensos que aquellos con alto nivel de competencias a tener problemas de salud y a creer que tienen poco impacto en los procesos políticos –es decir, a considerarse más un objeto de las decisiones políticas que un actor– y, además, tienden a no participar en las actividades asociativas, a ser desconfiados y a mantenerse al margen de la sociedad.

Esas relaciones no se refieren solo a los individuos, sino que también se aplican a los países: los ingresos per cápita son mayores en los países con una menor proporción de adultos en los niveles más bajos de competencias y con mayor proporción de adultos que alcanzan los más altos niveles en lectura y matemática. Sin las competencias adecuadas, las personas quedan excluidas de participar en la sociedad, el progreso tecnológico no se traduce en crecimiento económico y las empresas y los países no pueden competir en un mundo cada vez más conectado y más complejo.

¿Por qué los españoles tienen un bajo nivel de competencias? En primer lugar, por razones históricas y también porque tienen una menor cultura de formación a lo largo de la vida que otros países. En promedio, en España, un adulto con alto nivel de competencias tiene tres veces más probabilidades de participar en la formación continua que alguien con un bajo nivel. A menudo los adultos no son conscientes de su bajo nivel de competencias y de cómo esto repercute en sus vidas, tanto económica como socialmente.

Las competencias se forman sobre todo en la escuela. Como nos muestra el programa para la evaluación internacional de alumnos (PISA), el nivel de competencias de los estudiantes españoles está por debajo de la media de la OCDE. PISA evidencia que las diferencias de los resultados en España no se encuentran tanto entre las escuelas, sino dentro de cada escuela. Esta desigualdad dentro de cada escuela se encuentra fuertemente marcada por el origen socioeconómico de cada escolar. Los mismos resultados encontramos en Piaac, donde el origen socioeconómico tiene un gran impacto en el nivel de competencias: los adultos con padres con bajos niveles de educación tienen significativamente menores niveles que aquellos cuyos padres tienen niveles más altos de educación. Aunque en España el impacto es menor que en países como Francia o Reino Unido, el 87% de los españoles con bajas competencias tiene padres sin estudios, provocando bajos niveles de movilidad social.

Existe una alta relación positiva entre el nivel educativo del adulto y los resultados de Piaac, que son mejores cuanto mayor es el nivel de estudios. Sin embargo, los niveles de competencias difieren notablemente de lo que las cualificaciones formales sugieren. Por ejemplo, Italia, España y Estados Unidos ocupan un lugar mucho más alto a nivel internacional entre 25 y 34 años con nivel de educación universitario que lo correspondiente en competencia lectora y matemática en el mismo grupo de edad. Aún más sorprendente es que, en promedio, japoneses y holandeses de 25-34 años de edad, que solo han completado la escuela secundaria, fácilmente superan a los graduados universitarios españoles de la misma edad en el nivel de competencias adquirido, lo que hace que un título universitario español no resulte necesariamente competitivo en otro país.

En España, los inmigrantes tienen un nivel de competencias particularmente bajo, representando el 20% de los adultos españoles con bajas competencias, quienes apenas participan en la formación incluso después de muchos años en el país. Integrar y formar a los inmigrantes es un reto a resolver: la inmigración, que según el Banco de España ha aportado una ventaja competitiva a corto plazo, puede convertirse en un reto a largo plazo.

Lo importante es que las competencias se aprenden y que mejorar las competencias no solo beneficia al individuo, sino también a la sociedad. Para que España no se quede aún más rezagada que las economías que invierten en competencias y prosperan rápidamente, una intervención urgente es vital: mejorar las competencias es cosa de todos, Gobiernos, empresarios, sociedad y familias, porque beneficia a todos.

Los adultos con bajo nivel se arriesgan a quedar atrapados en una situación en la que rara vez se benefician de la educación de adultos, y sus competencias seguirán siendo débiles o se deteriorarán con el tiempo, lo que hace que sea aún más difícil para estas personas participar en actividades de aprendizaje o en el mercado laboral.

Los resultados de Piaac muestran una fuerte relación positiva entre la participación en la educación de adultos y las competencias. Los países que muestran niveles más altos de participación en actividades de aprendizaje para adultos también demuestran competencias lectora y matemáticas superiores. Piaac nos ha permitido identificar a los adultos con mayor riesgo de exclusión. Es importante concienciar a estos adultos de los retos económicos y sociales que su falta de formación les ocasiona.

Mejorar la enseñanza de la lectura y las matemáticas en las escuelas y en programas para adultos con bajas competencias lectora y matemática y poco familiarizados con las TIC puede aportar considerables ganancias económicas para los individuos y la sociedad en su conjunto. Esto presenta un reto político formidable para España, con grandes proporciones de adultos con bajas competencias: ayudar a los adultos poco cualificados a romper este círculo vicioso es crucial.

Mariano Jabonero es Director de Educación de la Fundación Santillana

Marta Encinas-Martín es Analista de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE

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