Editorial

Más claridad en el escenario bancario

En los días transcurridos de este año la banca ha descubierto que el mercado financiero la quiere; que la quiere como no lo hacía desde antes de 2007, cuando empezó a abominar de sus elevados y hasta peligrosos niveles de apalancamiento y le cerró las vías de financiación. En los primeros días de este año hasta las entidades con mayores problemas para lograr salvoconductos, sobre todo las que operan en los mercados periféricos como España, Irlanda o Italia, han logrado abrirse camino en la captación de emisiones de deuda, siempre después de que los Tesoros de sus respectivos países hicieran lo propio. Ayer, además, el comité de supervisores y reguladores bancarios decidió en Basilea flexibilizar las exigencias de capital sobre apalancamiento, que beneficia especialmente a la banca de inversión, concentrada en los países centrales de la zona euro, en Estados Unidos y en el Reino Unido.

A juzgar por los esfuerzos hechos en la capitalización de las entidades y en la limpieza de los balances, al menos en el caso de España que ha tenido a la banca sometida a un programa de auxilio financiero, la réplica del mercado parece coherente. Pero no podremos considerar culminada la transformación hasta que los efectos se vean también en la concesión de crédito, sin la que la actividad económica tendrá el crecimiento topado.

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