Editorial

Mucha tarea para asegurar la recuperación

El mensaje lanzado la pasada semana por el presidente del Gobierno, tras el último Consejo de Ministros de 2013, refrendado ayer en la Cadena SER por el ministro de Economía, Luis de Guindos, hace hincapié insistentemente en que este 2014 será el año de la recuperación. Auguran que, tras un ejercicio de estabilización de la economía, en el recién estrenado habrá más actividad y menos paro. Es cierto que “España ha dejado de ser motivo de preocupación en el exterior para ser motivo de interés”, y que la mayoría de los servicios de estudios –públicos y privados– parecen de acuerdo en que ya no hay en el horizonte nubarrones tan oscuros, en que la economía española ha tomado el camino de salida de la recesión. Pero el problema es que la economía es tozuda y no se reactiva por decreto. Esa es la razón principal por la que resulta imprescindible que, muy lejos de darse por satisfecho, el Gobierno mantenga una actitud proactiva durante la segunda parte de la legislatura que ahora afronta. Será la única manera de evitar disgustos, y eso a pesar de no constituir en absoluto un seguro de crecimiento.

Entre los retos para este 2014 figuran principalmente frentes abiertos hace tiempo, pero aún por cerrar. Desde luego, que de más de 50 entidades financieras se haya pasado a 14 da idea de la importante reconversión efectuada en el sector financiero. Algo tan notable como los fondos públicos que al final se han dispuesto para tal reestructuración. Aun así, la reforma financiera todavía debe completarse y para ello tiene que resolver importantes flecos, empezando por dar con una solución válida para Catalunya Bank.

Pero la reforma financiera quedará en agua de borrajas si el sector no cumple con su principal cometido con la sociedad, es decir, si no se reactiva el crédito. Si la sequía de este, en pos del fortalecimiento de los balances bancarios, ha sido una de las señas de identidad de esta crisis, es urgente que empresas y familias accedan sin demora de nuevo a un flujo financiero sin el que no pueden crecer. Para ello se deben tomar las medidas necesarias. En caso contrario, la saludable reconversión habrá ido un viaje a ninguna parte.

Con ser básica, la reapertura del flujo de financiación es solo una de las muchas tareas pendientes para asegurar la recuperación. El Ejecutivo se ha comprometido a una reforma tributaria de la que ya ha avanzado los grandes rasgos. Es cierto, como ha dicho el responsable de Hacienda en estas páginas, que sin recaudar más España “no saldrá nunca de la crisis”. Tan cierto como que para ello será necesaria una reforma que, además de garantizar la suficiencia recaudatoria, lleve a un sistema fiscal eficiente, equitativo y sencillo. Con el añadido de que, en estos momentos, Hacienda debe hacer un sobreesfuerzo en credibilidad ante los ciudadanos. Esa reforma ha de cumplir la doble misión de dar alas al consumo para que se recupere la economía y, a la vez, no desequilibrar la estabilidad de las cuentas públicas. Tan necesario para la recuperación como el crédito y la eficiencia fiscal es la energía. Un país con problemas de energía siempre tendrá el crecimiento cortocircuitado, y España se acerca peligrosamente a ese riesgo. Y más tras unas semanas en las que la población ha asistido perpleja a una batalla eléctrica que, por ahora, solo se ha resuelto con un parche.

Los gobernantes suelen caer en las segundas partes de las legislaturas en la estrategia de halagar al electorado y eludir reformas difíciles. Sería el mayor error de Rajoy. Pero la tentación va ser grande, con un calendario electoral que abren unas europeas que muchos leerán en clave de test al Gobierno y sus reformas.

Los primeros espadas de la empresa han dejado claro en estas páginas que 2014 puede ser por fin el año que ponga fin a seis de dura crisis, pero también recalcan que esa lectura no debe ocultar los obstáculos pendientes. Cuestiones soberanistas aparte, que no ayudarán, lo cierto es que hace falta un marco estable para la recuperación, y lo incontestable es que esta no será tal hasta que se cree empleo de forma consistente. Ese es el gran reto del año que empieza. Y para acometerlo no va a bastar ni mucho menos con una persistente buena acción económica del Gobierno. Será necesario un impulso común del sector público y privado, al que no deben permanecer ajenos unos interlocutores sociales que también deben afrontar sus propias –y serias– reformas.

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