Editorial

Demasiados obstáculos a la movilidad

Estadística acaba de poner en circulación las conclusiones de la primera exploración sobre movilidad laboral y geográfica, cruzando los datos que proporciona la encuesta de población activa (EPA) y el padrón municipal de habitantes. Concluye que el mercado de trabajo tiene unos ínfimos niveles de movilidad, a juzgar tanto por el trasvase geográfico de los ocupados como de los desempleados. El itinerario histórico de la estadística es de solo tres años (desde 2010, mediada ya la crisis económica), pero proporciona suficientes datos como para sacar algunas conclusiones sobre el funcionamiento defectuoso del mercado laboral como de la economía española, y arroja luz sobre aquellas cuestiones que deberían corregirse para que en periodos críticos como los actuales los niveles de desempleo se atemperasen.

Llama la atención la escasa movilidad de los empleados, que en términos relativos en el último año se limita al 2,3% (solo ese porcentaje ha cambiado de domicilio), pero más todavía lo limitada que es la proporción de parados que han cambiado de domicilio en el último año (un 4%), y el hecho de que 85 de cada 100 desempleados residen en el mismo municipio que cuando comenzó la crisis.
Lógicamente, esta limitadísima tendencia a la movilidad geográfica tiene una relación directa con la naturaleza de los desempleados, que son mayoritariamente gente joven que vive en el hogar de sus padres, o pareja de la persona de referencia (cabeza de familia) en el hogar. Pero es tan baja la movilidad que da pie a pensar que hay demasiados estímulos a no practicarla ni siquiera para buscar la que en materia económica es la primera ambición de todas las personas activas en paro: buscar un empleo.

El primero es la carestía de la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler, que desincentiva toda búsqueda de empleo más allá de un punto transitable cada día desde el hogar. Curiosamente la movilidad es mucho más elevada entre los extranjeros, dado que tienen menos ataduras físicas, tanto familiares como inmobiliarias, al lugar en el que han perdido su último empleo. En segundo lugar, no es nada despreciable el desincentivo que supone a la búsqueda activa la existencia de un el seguro de desempleo demasiado generoso, tanto en cuantías como en tiempo. Además, aunque es cierto que en periodos contractivos hay escasez de oferta laboral, la que hay queda limitada a la demanda local, puesto que la interconexión nacional (interregional) de las ofertas y demandas es muy defectuosa desde que la competencia está en manos de las comunidades autónomas.
Hay muchos más obstáculos que analizar, como el bloqueo a la movilidad geográfica y funcional en los convenios. Pero remover todas las políticas posibles, económicas y sociales, para combatir al menos los tres grandes obstáculos citados, reduciría notablemente la tasa de paro.

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