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Abe mantendrá a flote las acciones

Digan sayonara a la opción de Bernanke y saluden a la alternativa de Shinzo Abe. Mientras que el presidente de la Reserva Federal desarrolló una reputación por mantener el precio de los bonos, las reformas del primer ministro japonés están diseñadas para elevar los precios de las acciones.

El entusiasmo inicial por las políticas de Abe, conocidas como Abenomics, provocó un repunte considerable de los títulos. A pesar de haberse defendido a duras penas en los últimos meses, los principales índices de renta variable de Japón han aumentado un 55% desde la victoria electoral del primer ministro en diciembre. Hasta ahora, la mayoría de las compras han llegado desde el extranjero: los inversores extranjeros controlaban cerca del 30% del mercado de valores japonés a finales del año pasado. Pero hay buenas razones para hablar de un cambio.

Empezando por los inversores minoristas. A finales de septiembre, a los ahorradores japoneses se les dio la oportunidad de abrir nuevas cuentas de inversión libres de impuestos (empezarán a funcionar en enero). Más de tres millones ya se han inscrito, lo que les permite invertir hasta un millón de yenes (unos 7.400 euros) al año libres de impuestos.

Los números pueden ser grandes: una encuesta realizada por el Instituto de Investigación Nomura sugirió que hasta un 10% de los inversores con derecho a abrir estas cuentas –el equivalente a 10 millones de personas–lo harían. Supongamos que todos ellos ponen en el máximo permitido, y asignan el 23% a la renta variable japonesa, en línea con la ponderación actual en las carteras minoristas. En ese caso, los pequeños inversores inyectarían un extra de 11.500 billones de yenes en el mercado de valores durante los próximos cinco años, según Nomura. Eso equivale a casi el 3% de la capitalización de todo el mercado de valores nipón a finales de octubre.

Las cantidades reales podrían ser más pequeñas. No todos los inversores utilizarán su asignación completa. A pesar de ello, parece que las nuevas cuentas van a reavivar el interés por las acciones en una población que se ha acostumbrado a mantener sus ahorros en efectivo o en bonos del Estado.

Los pequeños inversores inyectarían 11.500 billones de yenes en el mercado de valores en cinco años

La misma lógica se aplica a los somnolientos los fondos de pensiones de Japón. Durante años, su respuesta a la deflación ha sido acumular deuda pública nipona. Pero si la inflación repunta, el valor de dichas participaciones se verá afectado. Por eso se espera que una comisión nombrada por Abe inste a los fondos de pensiones a aumentar su asignación a la renta variable.

Una vez más, el cambio podría ser significativo. El Fondo de Inversión de las Pensiones del Gobierno de Japón (GPIF), que tiene activos por valor de 121 billones de yenes, tiene actualmente solo el 15% de su cartera en renta variable nacional. Elevar eso a, digamos, el 25% significaría otros 12 billones de yenes en acciones japonesas. Los fondos públicos más pequeños serían propensos a seguir su ejemplo.

El peso del dinero por sí solo no va a apoyar precios de las acciones si las ganancias corporativas no siguen mejorando. Sin embargo, la rentabilidad de las empresas podría recibir un refuerzo extra de un nuevo índice de renta variable que seleccione las empresas de acuerdo a la rentabilidad. Ese índice, que será lanzado en enero, seleccionará a 400 miembros según criterios como la rentabilidad del capital. Eso es un gran cambio para Japón, donde las empresas han priorizado históricamente el tamaño, sobre el valor que crean para los accionistas. Según un estratega de Nomura, los fondos como el GPIF pueden decidir seguir el nuevo índice. Eso presionaría a los ejecutivos para utilizar el capital de manera más eficiente

El entusiasmo por el mercado de renta variable depende de las reformas de Abe. Cualquier señal de que las Abenomics están fallando enviará a los inversores –tanto nacionales como extranjeros– de vuelta a la seguridad de los bonos. Pero si eso sucede, hay otra fuente de apoyo: el Banco de Japón. El banco central ya está adquiriendo tantos bonos del gobierno que cualquier plan para aumentar sus compras de activos probablemente significaría la compra de fondos de renta variable –o incluso acciones individuales–. Esto no es tan impensable como parece: el Banco de Japón ya se está inyectando un extra de 1.000 millones al año en fondos negociados en bolsa. Todas las señales indican que la opción Abe a favor de las acciones japonesas estará en vigor durante algún tiempo.

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