Tres reputados académicos alertan de los efectos económicos de esa alta inversión
Tren de alta velocidad en la estación Fernando Zobel de Cuenca.
Tren de alta velocidad en la estación Fernando Zobel de Cuenca.

¡No construyan más AVE en España, por favor!

El coste de construir un kilómetro de AVE oscila entre los 30 y 40 millones de euros y en España están proyectados más de 1.000 nuevos kilómetros

Un japonés usa el AVE 2,2 veces al año, un español una vez cada 24 meses

Todo el mundo quiere un AVE en su pueblo, a todos los ciudadanos les parece bien que se haya construido una amplia red ferroviaria de alta velocidad, aunque luego no la use o lo haga de forma esporádica. El problema es que España no se puede permitir esta situación (desde el punto de vista económico). Esta fue la conclusión a la que llegaron ayer tres reconocidos doctores ingenieros de caminos en una jornada organizada por la Asociación Española de la Carretera (AEC) en la que se debatió sobre la idoneidad de la actual política de infraestructuras.

José María Menéndez, de la Universidad de Castilla-La Mancha, Mateu Turró, de la Politécnica de Cataluña y José Manuel Vassallo, de la Politécnica de Madrid coincidieron en pedir a los políticos que paren todos aquellos corredores de AVE en construcción que sean claramente adicionales o no necesarios.

Menéndez, catedrático de la Escuela de Ingenieros de Caminos de la Universidad de Castilla-La Mancha, presentó el primer estudio que se hace en España sobre el grado de utilización del AVE, medido en el número de viajeros transportados con relación a la población, o con relación a los kilómetros de red, entre otras variables. Así, según este análisis, España es en la actualidad el tercer país del mundo por el número de kilómetros de AVE en funcionamiento, solo por detrás de China y Japón. Pero cuando concluyan los tramos en construcción, pasará a ser la segunda potencia mundial y, sin embargo, en el resto de ratios sale muy mal parada.

Baste como ejemplo que según el volumen de pasajeros transportados o en la ratio de usuarios sobre total de habitantes, España está a la cola de todos los grandes países con una red de alta velocidad ferroviaria significativa: China, Japón, Alemania, Francia, Italia, Corea del Sur y Taiwán.

Una vez cada dos años

Con las cifras que arroja esa comparativa internacional, la conclusión es que mientras un japonés utiliza el AVE un promedio de 2,2 veces al año, el español lo hace apenas una vez cada dos ejercicios.

Lo peor de toda esta situación es que los números revelan que por mucho que mejore la situación económica, por las circunstancias demográficas y de densidad de la población de España, “todo indica que seguirá habiendo unos corredores con alta demanda y otros en los que, en cambio, se va a construir una vía con capacidad para prestar 80 servicios diarios cuando la demanda real es de apenas ocho”, subrayó Menéndez.

Por este motivo, José Manuel Vassallo, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, insistió en la recomendación de parar, estudiar cada caso y apeló a la honradez de la clase política para explicar sin tapujos por qué se hacen las cosas. En este sentido, recordó que la alta velocidad ferroviaria es un modo de transporte tradicionalmente protegido en Europa con las subvenciones, mientras otros como la carretera o el avión no lo están o lo están en mucha menor medida. “Cuando a los estadounidenses se les explicó lo que costaría de sus impuestos la construcción del corredor ferroviario de AVE para unir Boston y Washington a través de Nueva York y Filadelfia, los ciudadanos dijeron no”, explicó Vassallo.

En este sentido, el catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña, Mateu Turró, también auguró que lo más inteligente desde una óptica de pura rentabilidad económica sería estudiar qué falta por invertir y dilucidar con toda la información disponible si ese desembolso está o no plenamente justificado, “no vayamos a tener 78 kilómetros de túnel en Asturias por el que nunca veamos asomar un tren”.

Estos tres técnicos quisieron resaltar la necesidad de valorar si realmente merece la pena seguir invirtiendo en un modo de transporte cuyo coste de construcción es elevadísimo (en torno a unos 30-40 millones por kilómetro y hay previstos otros 1.000 kilómetros). Entretanto, otros sistemas de transporte como la carretera se desangran por el déficit que acumulan en mantenimiento, estimado en 7.250 millones en toda la red (estatal, autonómica y provincial), tal y como denuncia la AEC.

Cruzada indefinida en favor de la carretera

Hace ya tres años que la Asociación Española de la Carretera (AEC) decidió emprender lo que su presidente, Miguel María Muñoz, calificó ayer de cruzada en defensa de este modo de transporte por su capacidad de generar actividad económica, empleo y su alta rentabilidad económica.

La AEC recuerda que según sus estudios, la amortización de la autovía A-4 Madrid-Sevilla (construcción y explotación) se alcanzó en un periodo de 4,5 años vía impuestos a los carburantes. Estimaciones similares aplicadas al AVE a la capital andaluza señalan que serán necesarios 100 años para su amortización. No obstante, también hubo críticas a la mala planificación que culminó con la construcción de las radiales de Madrid, hoy todas en riesgo de quiebra. “No funcionaron porque no llevaban a ningún sitio”, coincidieron los expertos.

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