Manuel Fernández Sousa accedió a la presidencia del grupo en 1980
Manuel Fernández Sousa, expresidente de Pescanova.
Manuel Fernández Sousa, expresidente de Pescanova.

Pescanova, la obsesión de Sousa

El informe concursal elaborado por Deloitte sobre Pescanova da cuenta de la existencia, entre los activos del grupo, de dos lanchas patrulleras modelo Rodman, similares a las que usa la Guardia Civil, nunca utilizadas por la compañía y varadas en las instalaciones del propio fabricante, valoradas en 2,5 millones de euros. Un amigo íntimo de Manuel Fernández Sousa, expresidente del grupo, explica así la existencia de estas dos lanchas: “Manuel las compró porque quería utilizarlas para liberar un buque de Pescanova que fue secuestrado en Somalia”.

Efectivamente a finales de 2010 piratas somalíes secuestraron un pesquero con bandera mozambiqueña operado por Pescanova. Afortunadamente las gestiones y negociaciones con los secuestradores permitieron la liberación del barco y la tripulación, haciendo innecesario que Fernández Sousa acudiera al auxilio del buque a bordo de las dos lanchas Rodman. Pero la anécdota contada por una persona cercana a la familia Fernández Sousa, que prefiere permanecer en el anonimato, da una idea de la implicación que el ejecutivo ha tenido siempre con la compañía. Pero, señala esta fuente, tanta energía derrochada en algunos momentos contrastaba con otros de aparente apatía. 

Fernández Sousa lleva Pescanova en los genes. Su padre, José Fernández, creó el grupo en 1960 y veinte años después Manuel Fernández Sousa accedió a la presidencia convirtiendo a la compañía gallega en una de las empresas líderes en el mundo en la producción, procesamiento y venta de pescado. Hasta finales del pasado mes de febrero analistas, medios de comunicación y competidores alababan la gestión de Fernández Sousa al frente de Pescanova. Después se ha sabido, según los informes elaborados por las consultoras KPMG y Deloitte, que el grupo llevó a cabo operaciones contables irregulares, que, presuntamente, falseó las cuentas y que la deuda real del grupo supera los 3.640 millones de euros, cuando hasta septiembre del pasado año admitía tener 1.522 millones de deuda.

Otra persona allegada al expresidente de Pescanova recuerda que Fernández Sousa decidió levantar una planta de cría de rodaballo en Portugal (en Mira, en 2007) “por un calentón”. En principio la idea era construirla en el cabo de Touriñán, en el municipio de Mugía, en A Coruña, pero el entonces Gobierno gallego, formado por PSOE y BNG, impidió la operación por situarse en terrenos protegidos. Fernández Sousa no siguió negociando y optó por irse a Portugal.

El administrador concursal de Pescanova concluye en su informe que el grupo requirió de una fortísima financiación para construir piscifactorías en medio mundo y que al no producirse los efectos deseados en el tiempo previsto la compañía solicitó préstamos para atender a los créditos que había pedido para construir las plantas de rodaballo, cultivo de langostino o de salmón, entre otras.

¿Se dejó llevar Fernández Sousa a la hora de solicitar créditos por el mismo impulso que le llevó a adquirir las lanchas Rodman para liberar el buque secuestrado? El próximo mes de octubre Manuel Fernández Sousa, imputado por, hasta ahora, cinco presuntos delitos, tendrá oportunidad de dar explicaciones al juez Pablo Ruz, de la Audiencia Nacional.

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