Pequeños gigantes
De izquierda a derecha, Benito Lasa y Marisol Irizar junto a sus hijas María y Ane, a las que han pasado el testigo.
De izquierda a derecha, Benito Lasa y Marisol Irizar junto a sus hijas María y Ane, a las que han pasado el testigo.

Ganchos para que ningún peso se resista

La cuarta generación familiar asumió recientemente la dirección de la empresa vasca Irizar Forge

La nueva cúpula llega con un plan de ampliación de 13 millones de euros debajo del brazo

La definición de empresa familiar podría ilustrarse claramente con el ejemplo de la vasca Forjas Irizar. Y es que en sus recién cumplidos 90 años de historia, esta pyme –que se dedica a la producción de ganchos forjados para la elevación de cargas pesadas– no ha pasado por más manos que las de abuelos, padres e hijos. María Lasa es la cuarta generación en hacerse cargo de la empresa que fundó Francisco Irizar en Lazkao (Guipúzcoa) en 1923. Como directora general, asegura que el último traspaso de las riendas –llevado a cabo en el seno familiar el año pasado– se ha realizado de una forma muy estudiada. “Son momentos delicados. Es un proceso que requiere tiempo y que tiene que hacerse bien”, comenta en referencia al reciente relevo en la gestión.

Datos básicos

Negocio exterior
con delegaciones en 20 países de los cinco continentes, –aunque sus ventas alcanzan a más de 60–, el negocio internacional aporta a Irizar Forge la mayor parte de su facturación. La dirección considera que si se tiene en cuenta que las empresas nacionales con las que trabajan también se dedican a la exportación, se podría considerar que casi la totalidad de su producción sale al exterior.

Instalaciones
aunque la mayor parte de sus ventas sean internacionales, la única factoría de la empresa se encuentra en Lazkao (Guipúzcoa), a unos 70 kilómetros de la frontera con Francia. En esta zona, con gran tradición industrial, también hay ubicadas empresas que se dedican a la fabricación de grúas y es frecuente el uso de estas para la elevación de cargas pesadas.

Empleados
el balance del fabricante de ganchos es propio de una empresa mediana, pero el número de empleados de Irizar Forge no supera los 50 (una de las características de las pequeñas empresas). Sin embargo, la compañía estima que alcanzará esa cantidad de trabajadores gracias al programa de expansión que está desarrollando actualmente. “Nuestra producción no es intensa en mano de obra,”, dice la responsable, “aunque sí en inversión”.

Salto tecnológico
con la ampliación que están acometiendo en las instalaciones y los recursos dedicados a investigación, la compañía vasca pretende acometer su tercer salto tecnológico en 90 años de historia para ofrecer ganchos de mayor tamaño y con una capacidad de carga superior.

Poco tiene que ver ya la industria que puso en marcha el creador de la empresa a principios de los años veinte con la que dirige hoy en día su descendiente. Afianzada en su mercado, tanto en el ámbito interno como externo, la marca tradicional Forjas Irizar ha dado paso en el último año a la internacional Irizar Forge. “La tercera generación fue la que inició la salida al exterior”, explica Lasa Irizar. “A finales de los años ochenta empezó a hablarse del tema, pero para ello hubo que hacer una fuerte inversión con el propósito de poner la fábrica a la altura de Europa”. Los componentes para grúas fabricados por esta pyme se empezaron finalmente a comercializar en el Viejo Continente en 1990 y hoy cuenta con delegaciones en más de 20 países repartidos por todo el mundo, aunque la producción se sigue manteniendo en la factoría lazkaotarra. La razón no es otra que los elevados precios de la maquinaria que se emplea en la forja y su costosa instalación. “No hemos encontrado ninguna razón para movernos”, afirma la gerente de la empresa.

Sin embargo, la nueva dirección sí que ha encontrado motivos para poner en marcha un plan de expansión. Este está dotado con 13 millones de euros y entre sus principales objetivos está el multiplicar por tres la capacidad de los ganchos que fabrican. Hasta ahora estos estaban preparados para levantar cargas de hasta 1.500 toneladas, pero la empresa está trabajando para que sus productos puedan con más de 4.500 toneladas. La nueva maquinaria que planean adquirir para afrontar este reto se llevará casi el 80% de la inversión. El porcentaje restante se destinará a la ampliación de las instalaciones de su base en el País Vasco, que pasarán de ocupar una superficie de 5.000 metros cuadrados a contar con 8.000.

Acciones de este calibre no son frecuentes entre las pymes dada la coyuntura económica, pero esta empresa ha capeado bastante bien el temporal durante los últimos años, algo que María Lasa Irizar achaca a la transversalidad del producto. “Hay que mover cargas en todos los sectores: nuclear, construcción, marino...”, reflexiona la directora general, cuya conclusión es que la crisis ha afectado menos a su compañía por la diversificación de mercado y también por su presencia en el exterior.

Las pastecas son el conjunto completo (gancho y otros componentes) que se instala en las grúas.
Las pastecas son el conjunto completo (gancho y otros componentes) que se instala en las grúas.

En esta nueva etapa, desde la gerencia se ha querido hacer una clara apuesta por la innovación “planificada y continuada”. Para poder diseñar y forjar ganchos y otros componentes para grúas más avanzados y que permitan satisfacer las necesidades de los clientes, Irizar Forge está inmersa en varios proyectos de investigación. Para llevar a cabo algunos de ellos, ha contado con la ayuda financiera del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI). “Venimos de una I+D interna, y en esta estructura hemos encontrado un apoyo total para llevar a cabo grandes investigaciones”, cuenta la responsable de la empresa. Uno de sus estudios más destacados es el que la compañía puso en marcha en 2012 para encontrar nuevos materiales que incorporar a sus productos con el fin de aumentar la capacidad de elevación.

Esta industria no precisa una gran cantidad de mano de obra, pero en la empresa aseguran que las personas son una parte esencial de su negocio. Aunque su producción llega a más de 60 países, la base de operaciones de la compañía contaba con solo 42 empleados antes de la puesta en marcha del proyecto de ampliación, tras el cual esperan llegar a los 50 empleados. Por el número de trabajadores, Irizar Forge está considerada como una pequeña empresa, pero los números de su balance se corresponden más bien con los de una de tamaño medio. “Tenemos una capacidad productiva de entre 10 y 12 millones de euros”, asevera la directora general, “y activos por valor de más de 15 millones”.

Con todos estos ingredientes, la cuarta generación que se ha hecho cargo de la empresa lazkaotarra trabajará para forjar, además de los productos habituales y según reza su lema, el futuro de esta histórica pyme.

Certificados para elevar cargas en tierra, mar o aire

“Atendemos a los clientes allí donde necesiten mover cargas”, afirma María Lasa Irizar, directora general de la empresa.

Pero además de ofrecer sus productos en todos estos medios, Irizar Forge cuenta con certificados internacionales que avalan su calidad y les acreditan para trabajar en mercados como el francófono, alemán, escandinavo, estadounidense o el de la Commonwealth.

En unos casos sus ganchos y componentes para elevación están avalados para trabajar en el sector nuclear; en otros, en el marino, el industrial o el de la extracción de gas y petróleo. Con su decidida apuesta por la innovación, la nueva gerencia quiere ampliar esta ya extensa gama de acreditaciones.

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