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Frigo, el helado con fórmula bajo llave

Comenzó siendo una pequeña empresa catalana, fundada en 1927 por la familia de indianos Rimblas. Hoy es de Unilever.

Frigo, el helado con fórmula bajo llave

Hay una marca que en temporada estival se hace muy familiar para cualquier español: Frigo. ¿Quién no ha pasado por un quiosco a comprar uno de sus helados? Algunos se declaraban incondicionales de su Frigopie o de su Drácula, igual que a otros les gustaba más su competencia: Camy, Miko, Avidesa... Pero la firma de origen catalán sigue incombustible en los hogares y en las heladerías de España.

Fueron unos hermanos indianos, Juan y José Rimblas, procedentes de Cuba, los que en 1927 abrieron la planta de Industrias Frigoríficas de la Alimentación, que sería conocida al poco como Frigo. Los Rimblas importan máquinas industriales desde Estados Unidos y ya el primer año producen más de un millón de litros de helado. En aquella época, se reparte en carretillas de mano, en cajas forradas de corcho y llenas de hielo sintético. España se suma así a la moda de Europa y EE UU, donde comenzaba a venderse este producto a escala industrial.

El origen del helado se remonta a varios siglos antes de Cristo, gracias a la tradición china de añadir nieve a la miel. También en Turquía se mezclaba con agua de rosas y especias. Se sabe que personajes de la historia, como Alejandro Magno o Nerón, eran aficionados a las mezclas de miel, nieve y frutas troceadas. La hipótesis de cómo llegó a Europa señala a Marco Polo, que lo llevaría de sus viajes a Oriente hasta Italia. Aunque sería la nobleza francesa la que le diese un valor gastronómico.

Las fórmulas de helados, secretas, de esa primera época en Frigo las guardaba un miembro de la familia, la señorita Rimblas, quien estaba al frente del departamento de producción. En esos años, los ingredientes llegan a la planta barcelonesa de la calle Casanova en un vaivén de camiones cargados de leche, mantequilla procedente de Vic, cestas de cerezas o fresas para fabricar helados como el Crocanti o el Biscuit. El más barato y popular eran los polos de zumo de limón o de naranja, solo de hielo y sin huevo.

Después de la Segunda Guerra mundial se popularizó el helado en toda Europa y, según la compañía, pedir un “frigo” se convierte en muchos lugares de España en sinónimo de pedir un helado. En 1954, la marca introduce la tarta helada al whisky, un boom copiado y que todavía se puede encontrar en algunos menús. Uno de sus grandes éxitos llega en esa década de los cincuenta, el Popeye, que hasta este año ha permanecido en su carta de helados. A partir de 1973, cuando la empresa entra a formar parte de la multinacional Unilever, se produce un salto cuantitativo. En los setenta y ochenta surgen grandes clásicos (o al menos para la generación EGB) como Calippo, Frigodedo, Frigurón o Frigopie. En los primeros años noventa, aparecen los Magnum, especialmente diseñados para el público adulto.

La incorporación a Unilever (multinacional con marcas como Knorr, Calvé, Hellman’s, Dove, Axe o Mimosín) supone también una unificación de productos con sus hermanas europeas, como Wall’s en Gran Bretaña, Olá (Portugal), Algida (Italia) o Lagnese (Alemania). La marca vende actualmente en 34 países. Y helados de la Frigo española, como Twister, Vienetta (antes Contesa) o la Tarta Whisky se incorporaron a las cartas en otros países. Los más vendidos de su historia han sido el Súper Almendrado y el Drácula (en la carta desde 1976), aunque en la actualidad sea la gama Magnum quien lidere las ventas.

Sin fábrica en España, los productos llegan de 11 plantas europeas. Para los helados del futuro un equipo de nutrición, marketing e I+D estudian los gustos de los consumidores. En esta temporada, por ejemplo, llega uno de yogur, el Yogoo, para satisfacer una demanda creciente; cinco nuevos Magnum con toque repostero (crème brûlée, merengue y frutos rojos, tiramisú, brownie y tarta de manzana); tarrinas Magnum para el hogar; y una reedición de sus clásicos Súper Almendrado y Súper Choc.

Cronología

Frigo, el helado con fórmula bajo llave

1927. Los hermanos Juan y José Rimblas, procedentes de Cuba, montan en el Poblenou de Barcelona la empresa Industrias Frigoríficas y de la Alimentación.

Guerra Civil. La compañía es incautada por la UGT, y sus cámaras frigoríficas del Puerto Franco son destruidas por los bombardeos franquistas.

Años cuarenta. Cada zona geográfica cuenta con sus productos favoritos. En Madrid (Ilsa-Frigo, S.A.) destacaba la tarta Jamaica. En la capital y Barcelona tiene mucho éxito el Bombón Esquimal, el Negrito y el Frigolín, envueltos en papel parafinado. En Palma de Mallorca se elabora, por ejemplo, Mandarina de Navidad (un sorbete), bombones de cereza para regalos o el Helado Mallorquín, a base de almendras, y que incluso se sirvió en una cena del entonces príncipe Juan Carlos allá en Baleares. En Barcelona, incluso se hacen tartas por encargo para restaurantes. En Sevilla, los Pop Sicles, polos de leche y la tarta Lady de vainilla.

Década de los sesenta. El boom turístico tira de la demanda. Tanto que ante la falta de personal, algunos empleados en Barcelona salen a la calle a reclutar nuevos trabajadores. Los vendedores ambulantes recorren España.

1972. Se realiza la primera pomoción televisiva, llamada Frigolandia, consistente en una colección de cabecitas de seis personajes de Disney.

1973. Frigo pasa a ser parte de la multinacional anglo-holandesa Unilever.

1975. El grupo de los alemanes, encabezados por Gerhardt Hübner, saca a la compañía de números rojos. Y establece por primera vez las relaciones con los sindicatos del comité de empresa a lo largo de la Transición.

1985. Frigosentado, fue una de las promociones en la que los palitos de los helados llevaban premio, que consistía en 250.000 pesetas “o un caballo blanco”, explican, que un empleado tuvo que ir a comprar hasta Tudela.

1998. Frigo se une a la “marca del corazón”, el símbolo de la firma, que la hermana con las otras fliales del grupo. Ese año, se fusiona con Frudesa (congelados)para optimizar recursos. La unión sobrevive hasta 2001, que se firma una alianza con Bonduelle.

2008. La última planta en España se vende al grupo Farga (sigue produciendo para Unilever). Algunos de los grandes éxitos, como Magnum se produce en Alemania o Cornetto procede de Caivano (Italia).

De la tarta al whisky al helado de menos de cien calorías

Frigo, el helado con fórmula bajo llave

La gama de helados de Frigo incluyen varias líneas: Cornetto (cucurucho con galleta); las diferentes versiones del histórico Calippo; las tarrinas Carte D’Or; sus clásicos (sandwich de nata, el bombón nata o el cono de fresa); los Magnum (blanco, almendras, doble chocolate o Strawberry & white); para niños (Frigopie, Twister, Frigodedo, Minimilk o Drácula), Solero (de frutas); Vienetta (tarta helada); y Yogoo (de yogur).

Uno de los cambios entre los consumidores es la exigencia de productos con menos calorías porque el helado siempre se ha visto como uno de los enemigos de la operación biquini. “Los helados que no superan las cien calorías pueden ser un buen aliado para tener un punto de indulgencia en la dieta semanal”, aseguran desde la empresa.

Helados como el Calippo, el Minimilk, el Solero y algunas variedades de Carte d’Or no superan el centenar de kilocalorías por unidad. También hay algunos sin grasas, los helados de base agua o los sorbetes. Además de otros cremosos como el Solero, con más del 30% de fruta y alrededor de 90 kilocalorías. Y es que la innovación tecnológica ha permitido a los fabricantes hacer helados con una cantidad importante de leche y fruta. Esa preocupación también se da en el caso de los más pequeños de la casa, que además de requerimientos en cuanto a sabores, colores o textura, suman otros nutricionales. “Tienen menos de 110 kilocalorías por porción”, explican desde la compañía, un contenido limitado en azúcar y en grasas saturadas. “La mayoría de helados para niños no contiene gluten” enfocados a todos aquellos niños con problemas de celiaquía.

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