Creación de empresas

Emprendedor, significado nuevo, espíritu antiguo

En las escuelas, los alumnos ya no piensan en empresas locales, sino globales

Emprendedor, significado nuevo, espíritu antiguo

La palabra emprendedor, de origen latino, forma parte del Diccionario de la lengua española desde 1732. Pero no siempre ha tenido la connotación empresarial que tiene ahora. Hasta julio de 2010, emprendedor, decía la Real Academia Española, era solo el que emprendía con resolución acciones dificultosas o azarosas. Ese verano, la RAE enmendó el artículo para incorporar la acepción que hoy recibe y que las circunstancias han puesto de moda: el que emprende con resolución acciones o empresas innovadoras.


Pero aunque no se les conocía como tales, ya a finales de los setenta había emprendedores en España. Roque de las Heras, presidente del Centro de Estudios Financieros (CEF), fue uno de ellos. Con un préstamo avalado por sus padres –“toda la familia se endeudó”, bromea– abrió su primer local propio. Hoy tiene 20.000 alumnos repartidos en sus centros de Madrid, Barcelona y Valencia. “La forma no ha variado. Se empieza siempre de una manera muy humilde. Yo mismo daba las clases, ponía los anuncios, cobraba y hacía todo”, recuerda.

Como ahora, España vivía entonces una situación especial: era una economía cerrada que bregaba hacia la democracia, con una tasa de paro alta y una inflación del 20%, lo que encarecía mucho el crédito. Además, hasta entonces se había prestado muy poca atención a las pymes, ya que la creencia generalizada era que las generadoras de empleo eran las grandes multinacionales. En ese contexto, “el emprendedor de la época era alguien con mucha iniciativa que empezaba con dinero familiar o el préstamo de un cliente y que invertía en negocios centrados en el mercado nacional y bastante estables en el tiempo: industria, construcción, servicios”, señala Miguel Palacios, director del programa de emprendedores de ESCP Europe.

Una de las primeras medidas de apoyo a las pymes en España fue la creación en 1982 de Enisa (Empresa Nacional de Innovación, SA), organismo de capital público que financia la creación de empresas.


Hoy, en cambio, el empresario se enfrenta a un mercado mucho más grande, dinámico y competitivo. “En la escuela, los alumnos ya no piensan en montar una empresa en Madrid, sino en Londres o Nueva York, para desde ahí exportar a Asia”, precisa.

Pablo Cousteau, director de programas especializados del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), sostiene que si bien la creatividad y la capacidad de visualizar oportunidades donde otros solo ven dificultades son virtudes que siempre han acompañado al empresario exitoso, en una economía globalizada, además de todo eso, es necesario contar con una preparación más específica, hablar varios idiomas y conocer muy bien las nuevas tecnologías.

Para Fernando Trías de Bes, profesor de Marketing de Esade, el cambio fundamental ha sido cultural: “El emprendimiento está mucho más asentado en la sociedad española. Incluso, la cultura del fracaso, que siempre ha sido un lastre, es un tema ya bastante superado”. Por cierto, la palabra emprendimiento también figura en el diccionario desde julio de 2010.

Visión, gestión y mucha valentía

Para Raúl del Pozo, antiguo alumno de Deusto Business School y fundador de la consultora tecnológica Cink, emprender hoy no es ni más fácil ni diferente que hace unas décadas, solo que hoy existen muchas más iniciativas de apoyo a los emprendedores. Antes no había viveros de empresas, business angels, incubadoras...


“Lo básico no ha cambiado”, dice Nico Goulet, socio director de Adara Venture. “Hace falta visión de negocio, excelencia en la ejecución y mucha valentía”.

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