El Foco

La regulación y la política energética en España

A mediados de enero, el presidente del Club Español de la Energía, Rafael Villaseca, propuso la elaboración de un documento de alto nivel sobre principios y elementos básicos para mejorar la regulación energética en España. El resultado ha sido el estudio titulado Regulación y Política Energética en España. Una Reflexión, elaborado por un grupo de profesionales de larga y reconocida experiencia en temas energéticos, capaces de abstraerse de cualquier interés concreto o sesgo económico o político.

¿Qué pretende y qué no pretende ser este documento? No pretende ser un examen, más o menos detallado, de las opciones energéticas a las que se enfrenta el sector, ni un conjunto de propuestas en materia de política energética y de regulación.

Política energética, regulación y mercados no son fuerzas opuestas, sino complementarias

Lo que sí pretende ser es una reflexión ordenada y sistematizada sobre los principios y, a veces también, sobre las metodologías regulatorias, que hay que tener en cuenta para abordar una reforma energética que trate de alcanzar sus objetivos de forma eficiente, basada, en la medida de lo posible, en los mercados en competencia, y en la seguridad jurídica y estabilidad, para el bien del consumidor.

En este artículo pretendo simplemente esbozar un resumen de las principales conclusiones y recomendaciones recogidas en el estudio.

La primera de las conclusiones es que la regulación es una herramienta al servicio de la política energética y es esta última la que define el papel de la energía en una sociedad, partiendo además de la base de que política energética, regulación y mercados no son fuerzas opuestas, sino complementarias. Por ello resulta imprescindible que la política energética esté correctamente entroncada con las políticas de desarrollo, económicas, industriales y otras; que sea integral; y que se sustente en una visión estratégica, tecnológica y económica a largo plazo.

La política energética debe buscar el impacto más positivo en la sociedad, la economía y la industria nacional, lo que debe constituir un cuarto objetivo junto con los, ya tradicionales, de seguridad de suministro, competitividad y sostenibilidad, donde toda decisión que se adopte debe contar con un análisis de las consecuencias e impacto económico de las medidas que se vayan a desarrollar.

Otra idea fundamental que destaca el estudio es que la realización del Mercado Interior de la Energía (MIE) constituye una de las acciones más eficientes para el cumplimiento de los objetivos europeos pero, para España, resulta fundamental contar con las interconexiones necesarias para su integración en dicho mercado. Por otra parte, no se deberían emprender actuaciones contrarias, en cada regulación nacional, a la política de creación del MIE.

Respecto al funcionamiento del MIE y la interrelación en el ámbito energético de Europa y sus países miembros, resulta esencial resaltar que si bien las competencias en energía están compartidas entre la Unión Europea y los Estados, no existen, ni a escala europea, ni española, marcos explícitos de política energética. Aunque nuestro país cuenta con elementos parciales de política energética, no dispone de una estrategia explícita e integral de dicha política a corto, medio y largo plazo. Probablemente éste sea el mayor problema al que nos enfrentamos, ya que dicha ausencia ha impedido afrontar los cambios experimentados en los escenarios energéticos global, europeo y nacional, respectivamente.

Junto a esta falta de estrategia, cabe resaltar que, en nuestro país, ha habido 390 disposiciones y más de 50 modificaciones a la legislación energética básica en los últimos 15 años, siendo imprescindible una revisión del entramado regulatorio energético español como paso a una reforma energética profunda.

Hay que introducir medidas regulatorias relativas a la producción y ayuda al consumidor

En este ámbito, los reguladores juegan un papel fundamental, ya que deben contar con responsabilidades ejecutivas, similares a las que tienen encomendadas la mayoría de los Estados de acuerdo con la legislación del Tercer Paquete, siendo además necesario que se establezca una clara separación de funciones entre las administraciones y el regulador.

Partiendo de estas premisas, la regulación debe velar por que los mercados energéticos funcionen en régimen de competencia, allí donde sea factible. Y esto teniendo en cuenta que el mercado está profundamente distorsionado, por lo que resulta necesario reconsiderar su diseño al igual que también la actual formación de precios y tarifas. Sin olvidar que el déficit de tarifa eléctrico es origen y resumen de los desajustes entre política energética y regulación, y que surgió como consecuencia de subordinar la política energética a la política general.

Otra de las conclusiones que se destaca en el estudio de Enerclub es la necesidad de que se introduzcan medidas regulatorias relativas a la protección y ayuda al consumidor, que contribuirán a que pueda beneficiarse de la liberalización de los mercados. Además, es fundamental establecer un calendario para reducir el ámbito de aplicación de la TUR, en línea con la legislación europea.

No cabe duda tampoco de que los aspectos relacionados con el medio ambiente, dada su trascendencia e importancia en el camino hacia un modelo más descarbonizado, se han vuelto predominantes en la política energética. Éstos, junto con aquellos relacionados con la seguridad de suministro, la eficiencia energética y el autoconsumo, requieren también de una regulación energética específica.

De cara a los objetivos mencionados anteriormente, es relevante señalar que no sería posible realizar las reformas necesarias sin la participación efectiva de las partes interesadas. Entre otras razones, porque las decisiones tomadas en el pasado han generado expectativas y derechos que son imposibles de afrontar sin un acuerdo.

En definitiva, y finalizando con esta última idea como conclusión de conclusiones, podríamos decir que existe en el sector energético una tradición de acuerdos. ¿Será posible reavivarlos? ¿Será suficiente o habría que llegar a pactos de Estado o de partidos? En cualquier caso, es indispensable hacerlo con voluntad de encontrar soluciones: algo, o bastante, habrá que rectificar del pasado para construir el futuro. Una vez más, es válida la conocida reflexión de que no cambiaremos el futuro siguiendo los mismos caminos que nos llevaron al presente.

Arcadio Gutiérrez Zapico es director general del Club Español de la Energía

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