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Una confusión poco creativa

Cuando una medida se convierte en un objetivo, que deja de ser una buena medida. Esa reformulación de la Ley de Goodhart encaja casi perfectamente con los mercados financieros de hoy en día. Bonos, acciones, divisas y materias primas se han convertido en terreno peligroso para los inversores.

Charles Goodhart, un economista británico, desarrolló su ley en 1975. Estaba preocupado por la ortodoxia de los bancos centrales en aquellos tiempos, la creencia de que la política monetaria debía apuntar solo a controlar la masa monetaria. El crecimiento de la oferta monetaria de tipo M2 y de la inflación habían estado durante mucho tiempo estrechamente relacionados, pero eso se rompió cuando las autoridades monetarias comenzaron a trabajar en la M2. El impulso inflacionario dejó de colarse a través de esta medida de la oferta monetaria.

La actual generación de banqueros centrales ha puesto su confianza en otra fuerte correlación histórica: la del precio de los activos y la actividad económica. Creen que los altos precios de los activos conducen al crecimiento del PIB porque inspiran confianza a los consumidores para gastar y las empresas para endeudarse. Además, el dinero barato bombea los precios de los activos y empuja hacia abajo las divisas, una bendición para los exportadores.

El dinero barato bombea los precios de los activos y empuja hacia abajo los de las divisas

La laxa política monetaria postcrisis hizo subir los precios de los activos y devaluó muchas monedas, pero el crecimiento económico sigue siendo muy lento.

Actualmente, los inversores estudian la economía para anticiparse a lo que los bancos centrales hagan. También se estudian mutuamente, tratando de adivinar la respuesta de sus iguales a los cambios en las expectativas políticas. Mientras tanto, los banqueros centrales supervisan a los inversores, velando por su seguridad.

Toda esta atención mutua hace que los mercados se comporten como un grupo de adolescentes narcisistas. Responden emocionalmente a cada pequeño acontecimiento de formas impredecibles y difíciles de analizar. Las autoridades monetarias consideran que unos mercados de activos fuertes y unas divisas débiles contribuirán al crecimiento, pero sus políticas orientadas a las finanzas son más confusas que útiles.

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