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La hora de los filántropos

Ante los recortes, la solidaridad de los ciudadanos es la única esperanza del tercer sector

Amancio Ortega donó 20 millones a Cáritas el año pasado.
Amancio Ortega donó 20 millones a Cáritas el año pasado.

Los 20 millones de euros que Amancio Ortega, fundador de Inditex, donó el año pasado a Cáritas fueron la mayor contribución que recibió la institución benéfica en toda su historia. El gesto del hombre más rico de España fue para muchos una señal de que los grandes empresarios del país se han sensibilizado ante el aumento de la pobreza. Que sea además el puntapié inicial de una nueva era de la filantropía de las grandes fortunas es la gran esperanza de las organizaciones no lucrativas del país. La drástica caída de la financiación proveniente de los organismos públicos y de las transformadas cajas de ahorros ha convertido a las contribuciones de los privados en la fuente más valiosa para cientos de ONG y fundaciones. Para el llamado tercer sector, acortar distancias con el modelo de la sociedad civil de Estados Unidos y sus grandes filántropos ha pasado de ser deseable a ser una cuestión de supervivencia.

Para dar una idea de la magnitud de la filantropía de Estados Unidos, Joaquín López Novo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, explica en un artículo de 2008 que solo 25 países tienen un PIB que la superen. Las diferencias con Europa en los sistemas fiscales y en los tamaños de la economía, de las grandes fortunas y del Estado del bienestar invalidan cualquier comparación simplista, pero la gran potencia americana es una referencia para cualquier país que aspire a desarrollar la filantropía.

Elisa Chuliá, profesora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, añade un factor histórico a la menor propensión a donar de los ricos europeos. “Las grandes fortunas tienen, en general, una mayor tradición histórica y se establece un vínculo más estrecho entre el patrimonio y los antepasados, entre la riqueza y la propia familia, que entre el patrimonio y la comunidad en que se vive”.

Chuliá, sin embargo, cree que la crisis abre una oportunidad al despegue de sus acciones solidarias. Pero no solo por ser más necesaria ante los recortes. Las familias que disponen de grandes fortunas consideran la filantropía como una forma de contribuir a la sociedad pero también como una estrategia de distinción social. Por ello, Chuliá señala que la necesidad de mejorar su imagen pública en un tiempo en el que cunde el desprestigio de las élites, no solo políticas, sino también económicas, puede ser un aliciente para el impulso filantrópico.

Otro incentivo es resultado de la globalización. En las ONG españolas agradecen que los filántropos estadounidenses se conviertan en modelos a imitar en todo el mundo. En 2010 los multimillonarios Warren Buffett y Bill Gates pusieron en marcha una campaña por la que decenas de familias se han comprometido a donar la mayor parte de su patrimonio. “Tenemos la sensación de que estos ejemplos hacen que aparezca poco a poco una nueva filantropía”, afirma Marcos Concepción, director de la Asociación Española de Fundraising (AEFR), entidad que tiene por misión el desarrollo de la actividad filantrópica en España. Por ahora, sin embargo, el nuevo fenómeno se trata de unos pocos “destellos”, como describe Concepción la inédita donación de Amancio Ortega.

En la asociación destacan que las grandes fortunas que eran solidarias antes de la crisis lo siguen siendo en la actualidad. Los contribuyentes de sus programas de grandes donantes han mantenido sus compromisos. Pero a las organizaciones no lucrativas les está resultando muy difícil encontrar nuevos filántropos entre las familias ricas del país, reconoce Concepción.

Aunque cada vez son menos, el World Ultra Wealth Report 2012-2013 afirma que en España hay 1.520 personas con fortunas superiores a los 30 millones de euros. La filantropía no ha sido nunca un asunto exclusivo de los ricos. Las pequeñas contribuciones agregadas de los ciudadanos de todos los sectores sociales tienen un impacto enorme. Las grandes fortunas, sin embargo, siguen teniendo un papel especial. En un estudio sobre la situación de la filantropía en España publicado por la Fundación de Estudios Financieros, la historiadora Elisa Sánchez explica que las donaciones de los más pudientes no solo tienen un mayor peso cuantitativo. Además, su mayor visibilidad puede convertir su gesto solidario en un disparador de las donaciones de toda la sociedad, algo crucial para el tercer sector. Un análisis de Somos, una plataforma que agrupa a 35 ONG, entre ellas Cáritas, Unicef y Oxfam, ha detectado que el número de personas que donaron dinero a organizaciones no lucrativas en 2012 se mantiene estable en 7,5 millones, pero el importe medio de la contribución ha caído en un 7%.

En la AEFR están convencidos de que el Gobierno puede hacer mucho para incentivar la solidaridad de los privados. Lo que proponen es una mejora en el tratamiento fiscal de las donaciones. En España, los contribuyentes pueden deducir de su impuesto progresivo personal un 25% del valor de lo donado, un porcentaje que debería aumentar para que el país deje de estar por detrás de la media Europea en número de población donante, según la visión de la asociación. Los españoles que donan son un 19%, mientras que el promedio de los países de la región se ubica en el 33%, según el estudio de la AEFR.

La institución pide una deducción íntegra de los primeros 150 euros anuales donados. Pero ver esa propuesta hecha realidad en el corto plazo no será fácil en estos tiempos de reducción de déficit. Con o sin reforma, la solidaridad de la sociedad civil es clave para el tercer sector. “Los ciudadanos son nuestra principal fuente de recursos. Por parte del Estado hubo un recorte traumático de la financiación. Las obras sociales de las cajas de ahorros se han quedado sin presupuesto, salvo excepciones, como La Caixa. Las ONG están utilizando sus reservas para sobrevivir, pero la situación es crítica”, asegura Concepción.

La cultura clama por una nueva ley

En el mundo del arte y de la cultura están convencidos de que el impulso a la actividad de los mecenas pasa por formular una nueva normativa para el sector. En marzo, la Fundación Arte y Mecenazgo, una organización creada por La Caixa, presentó una propuesta de proyecto de ley después de realizar un exhaustivo estudio sobre el mercado del arte, su fiscalidad y su regulación.
“Nos consta que nuestra intención es compartida por la Secretaría de Estado de Cultura, sin embargo la gravedad de la crisis provoca un retraso injustificable”, afirma Leopoldo Rodés, presidente de la fundación. “El sector cultural se ha visto afectado por un severo recorte pero existe una posibilidad de paliar el impacto de estos ajustes en los presupuestos de las instituciones públicas contando con la ayuda del sector privado”. Rodés señala que entre los principales puntos a reformar están la deducción fiscal y la figura del mecenas, actualmente limitada a las fundaciones y a ciertas estructuras del Estado. Los expertos que realizaron el estudio afirman que otras reformas pendientes son la revisión de las tasas a la exportación y las tributaciones indirectas y la adaptación de la normativa española a la europea en materia de permisos para la exportación.
“No se trata de suplir al Estado sino de colaborar e intentar, en este nuevo marco económico, ayudar en lo posible para mantener el nivel de nuestras instituciones culturales. Debemos empezar a construir cuanto antes un nuevo modelo público-privado”, afirma Rodés.

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