Blogs por Alexis Ortega

Ajustes inevitables (II) o como cambiarlo todo, para que nada sea igual.

Así como la crisis en la que viene embarcado el EUR desde el 2010 llevó de manera violenta a la Eurozona a realizar un aterrizaje forzoso en la realidad y, para hacer viable el proyecto, exigir una modernización de su flanco sur (resolviendo a su vez los graves problemas de diseño institucional que tenía), la crisis pendiente del USD obligará a los Estados Unidos y al mundo a aceptar que la economía previa al 2007 no volverá y promover un cambio necesario.

Las soluciones practicadas hasta el momento, parten de la premisa de que se puede volver al “modus operandi” previo a la crisis: endeudamiento sin límite y consumo descontrolado que permita garantizar, vía monetización, que los errores económicos de las élites pueden ser socializados y, a la vez, mantener la paz social. Nada más utópico. El margen de la clase media occidental para aceptar esto (dado que los acreedores, hasta el momento, se niegan) es nulo tras varios ciclos financieros de burbujas y explosiones incontroladas y la capacidad de engaño en una situación de empobrecimiento social es muy limitada. Como decíamos en la anterior entrada del blog: “… (los) niveles de endeudamiento […] son incompatibles con el crecimiento.”

Pero ahí no acaba el asunto. Romper el “status quo” existente desde el final de la II guerra mundial tiene una víctima principal: el sistema monetario internacional, basado en una divisa cuyo país la utiliza de manera abusiva y exclusivamente en su propio interés [3] ya que ha funcionado como mecanismo perverso para hacer recaer siempre los costes del ajuste del centro a la periferia del sistema.

Ello sitúa a la sociedad americana ante dos golpes fuertes: la derivada de la aceptación de su verdadera posición en el mundo y la desaparición del privilegio del dólar, lo que la obliga a varias adaptaciones traumáticas: en la estructura de costes de la economía, en poder adquisitivo de su población y en su nivel de endeudamiento general.

Ya sabemos por Grecia lo que esto cuesta esto sin un realineamiento de los tipos de cambio entre acreedores y deudores. Su población deberá elegir entre un tipo de cambio fuerte con ajustes muy duros o un tipo de cambio débil con ajustes blandos. Pero en el fondo, la elección no existe: reformar el sistema monetario mundial implicará un fuerte devaluación del dólar (como la ocurrida en los 70’s) y, dada la magnitud de los ajustes, estos no serán blandos, sino menos duros.

En la Europa del Sur también debemos elegir, pero la llave de la elección sobre el tipo de cambio no está en nuestras manos, y no está en los planes del Norte (acreedores netos) una solución vía monetización de los problemas de endeudamiento. Incluso, visto el problema desde una visión extracomunitaria, la encrucijada es todavía más fuerte: el euro no puede devaluarse, a no ser que se quiera dar a Alemania (y a todo el Norte de Europa) una ventaja desproporcionada en la globalización, que haga mucho más difícil, o casi imposible el ajuste global de déficits y superávits por cuenta corriente.

NOTAS:

[3] El General De Gaulle y los economistas francés –Jacques Rueff y, más tarde, Giscard D´Estaing- se quejaron del “exorbitante privilegio” de Estados Unidos al poder financiarse en su propia moneda, pero fracasaron en su intento de hacer del oro el verdadero centro del sistema monetario internacional. Por eso, incluso tras el abandono en 1971 de la convertibilidad externa del dólar en oro, la divisa americana mantuvo la primacía como moneda internacional de reserva.
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