A fondo

La austeridad toca techo en la zona euro

Se acabó. No esperen un anuncio oficial, porque inquietaría a la opinión pública de algunos países del norte, pero se ha terminado la austeridad como única respuesta de la Unión Europea ante la crisis. Y aunque el cinturón seguirá apretando, sobre todo en el sur de la zona euro, se suavizará la dieta y se añadirá algún reconstituyente.

El giro se ha escenificado, con deliberada discreción, durante la cumbre europea de esta semana (14-15 de marzo) en Bruselas. Y también, aunque de manera más opaca aún, en la primera cumbre oficial de la eurozona en sus 15 años de historia, que se celebró la noche del jueves sin rueda de prensa posterior al encuentro.

Las versiones oficiales de ambas reuniones minimizan su trascendencia, entre otras cosas, según reconocen en privado, porque se teme que la estrategia descarrile si alguna delegación canta victoria y otras se sienten derrotadas.

Pero, según las fuentes consultadas, ha comenzado la maniobra de viraje para alejarse del rigor mortis presupuestario. Y podría consumarse en la cumbre europea de junio, sin esperar a unas elecciones alemanas (septiembre) a las que Angela Merkel no puede llegar con un continente ingobernable como telón de fondo.

La nueva estrategia llega tras constatar que la austeridad sin paliativos ha logrado estabilizar la zona euro, pero a costa de unos daños colaterales tan masivos que la Unión se expone a una catástrofe política, económica y social.

“Es urgente revertir la situación de estancamiento económico que afecta a toda Europa para recuperar el crecimiento”, advirtió el jueves el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al término de la primera jornada de la cumbre. Y del mismo tenor se pronunciaron otros líderes europeos, fueran socialistas, como el presidente francés, François Hollande, o conservadores, como el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker.

“Estoy a favor de la consolidación [presupuestaria]”, señaló Juncker, el miembro más veterano del Consejo Europeo. “Pero no podemos tomar medidas que dañen el crecimiento”, prosiguió, “y debemos tener cierta flexibilidad intelectual y práctica”.

Incluso la canciller alemana acepta ya que varios países, entre ellos España y Portugal, necesitarán mucho más tiempo para digerir los números rojos acumulados durante la Primera Gran Crisis del euro.

La principal señal de alarma ha sido la interminable cola del paro europeo, que ya suma 26 millones de personas en toda la UE, con casi 6 millones de ellas menores de 25 años. Y las últimas previsiones del Banco Central Europeo indican que la situación puede agravarse, con una recesión de hasta el 2% este año y un estancamiento económico en 2014.

Ante ese siniestro panorama, Bruselas ha empezado a relajar la aplicación del Pacto de Estabilidad, a base de medidas aparentemente técnicas para no alarmar ni a los mercados ni a los votantes de Merkel.

El primer cambio ha sido olvidarse, con el visto bueno de Berlín, de los objetivos nominales de déficit, para centrarse en el llamado déficit estructural. Eso concede a la Comisión un margen de maniobra muchísimo mayor para dar el aprobado a los ajustes de cada país. España ya se ha beneficiado de la nueva metodología, al obtener carta blanca para este ejercicio presupuestario.

Pero, además, los plazos para el ajuste también se van a prolongar. El viernes se anunció de manera oficial una nueva prórroga de un año para Portugal (hasta 2015) solo cinco meses después de que se le concediera la anterior.

Y España, que también ha obtenido ya dos prórrogas (de un año cada una) obtendrá en breve una tercera que aplazará de 2014 a 2015 o 2016 el objetivo de situar el déficit por debajo del 3% del PIB.

El tercer cambio, aún más significativo, también beneficia a España. Por primera vez, Bruselas acepta descontar del cómputo de déficit, a efectos disciplinarios, una partida presupuestaria, como el rescate bancario. La decisión era impensable antes de la crisis, como comprobó Berlín en 2003 cuando intentó deducirse el coste de la reunificación de Alemania para no superar el límite del 3% de déficit.

A estos cambios, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, quiere añadir en junio la posibilidad de ayudas comunitarias a los países que se comprometan a seguir un estricto programa de reformas.

El nuevo rumbo, por tanto, es evidente. Sin embargo, el deterioro económico ha alcanzado tal nivel que la reactivación económica podría requerir incluso algún tipo de intervención del BCE.

Los últimos datos del emisor, publicados la víspera de la cumbre, muestran que el crédito al sector privado sigue cayendo en 2013, como hizo durante casi todo el ejercicio anterior. Y que la savia crediticia solo llega en abundancia a unas administraciones públicas que la destinan en gran parte a la cobertura del paro y los intereses de la deuda.

Fuentes españolas aseguran que el BCE dispone de armas suficientes para romper esa espiral infernal. Y basta recordar que el año pasado apuntaló al sector bancario con dos ráfagas (LTRO, en su jerga) de medio billón de euros cada una. Rajoy aludió en Bruselas a una nueva ayuda del BCE, aunque añadió “permítanme que no entre en más detalles”. Parece llegada la hora de que el BCE recuerde que también existe la economía real.

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