El foco

Mejorar la recaudación del IVA

Hay actividades económicas en las que la información con trascendencia tributaria acaba por desaparecer. El autor propone desarrollar un esquema de inspección preventiva

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La Agencia Tributaria ha desarrollado un gran esquema de revisión de las declaraciones de los contribuyentes basado en un amplio sistema de captación de datos con trascendencia tributaria aportados por instituciones, empresas y contribuyentes y en un buen control cruzado de todos esos datos.

El esquema ha dado buenos resultados y, quizás, el éxito del mismo es lo que ha llevado a relegar, en la actividad de control, la preocupación por el día a día de la economía, por la captación de aquella información relevante de la que no queda constancia una vez realizada y, en general, por hacer una primera valoración de las declaraciones de determinados grupos de contribuyentes inmediatamente después de que se producen.

Sin embargo, hay bastantes actividades económicas en las que la información con trascendencia tributaria desaparece o queda muy difuminada una vez pasados los hechos concretos. Para estas actividades resulta muy difícil el análisis de sus declaraciones cuando, finalmente, se tiene el control cruzado de toda la información tributaria. Pensemos en actividades como servicios de temporada, pequeñas obras, ventas a distancia, servicios por internet y salas de fiesta.

Para muchas de estas actividades, cuando se realizan por pequeñas empresas, se desarrolló el sistema de módulos, con unas cuotas tributarias relativamente bajas, pero que inicialmente supusieron un cierto incremento de la recaudación de los sectores afectados. Pasado el tiempo, el régimen de módulos se ha convertido en un área muy opaca, poco controlada y de muy baja tributación. Además, este régimen de módulos facilita la emisión de facturas falsas, pues el importe facturado no influye en la cuota a pagar por los contribuyentes de módulos.

Para reconducir esta situación, el proyecto de Ley de Medidas para la Intensificación de las Actuaciones en la Prevención y Lucha contra el Fraude plantea una reducción de la aplicación del régimen de módulos cuando se factura mayoritariamente a empresas.

Para muchos de los contribuyentes que saldrán de módulos y, en general, para los contribuyentes de los sectores en los que la información con trascendencia tributaria es difícil de captar y se difumina pronto podría desarrollarse un esquema de inspección preventiva creando unidades de inspección que se dediquen en cada trimestre a tomar datos concretos de determinados sectores, pocos y bien seleccionados, con los que poder juzgar las declaraciones de estos sectores inmediatamente después de que se presenten las declaraciones. Para crear estas unidades de inspección sería necesario detraer inspectores y técnicos de sus actuales funciones inspectoras, pero esta reducción del personal de inspección podría ser pequeña si estas unidades se nutren fundamentalmente de agentes tributarios, colectivo que, en la actualidad, no tiene una caga de trabajo muy importante.

Con el contenido del modelo 303 actual se puede aspirar a disponer, en muy pocos días, a partir del vencimiento de los plazos de declaración de IVA, de una información bastante buena de la actividad económica de los contribuyentes clasificada por sectores, por volumen de ventas o por el criterio que proceda.

Por otra parte, el actual desarrollo de la informática permite disponer de un acceso a los libros registro de IVA, también de forma prácticamente inmediata al término del periodo de declaración. La idea de disponer de los libros registro de IVA para mejorar el control, se viene manejando desde hace años pero la generalización de su exigencia presenta diversas dificultades y se ha ido retrasando periódicamente.

Se podría plantear, para el acceso a la información de estos libros registro, el establecimiento de un modelo de fichero informático de uso obligado para todos los contribuyentes, del que se debería obtener, al término de cada periodo de tributación, la declaración correspondiente al periodo, en la que se debería reflejar la huella digital del fichero informático del que se ha obtenido la misma. Esta declaración, como se hace hoy día, se debería remitir por teleproceso, pero los ficheros de los libros registro de IVA de los que se ha obtenido la declaración no se enviarían a la Administración tributaria, sino que deberían permanecer en los equipos informáticos del contribuyente a disposición de la Administración tributaria que podría acceder a ellos cuando lo necesite.

Con una digitalización prioritaria de las declaraciones que se presentan en papel y con una reestructuración de los libros registro de IVA se puede pensar que, en un plazo muy corto, por ejemplo de 10 días a partir del fin del plazo de declaración, se pueda tener todo el contenido de las declaraciones trimestrales de IVA y la posibilidad de acceso a los libros registro de los contribuyentes de aquellos sectores que se quiera seguir de cerca. Se podría conseguir que las unidades de inspección que han acumulado datos de algunos sectores durante un trimestre pudieran, al término del cuarto mes, analizar la coherencia de los datos incluidos en las declaraciones de los contribuyentes, contrastándola con la información obtenida durante el trimestre y con la información existente de los libros registro del contribuyente y los de sus suministradores y clientes.

Lo que debe perseguir una actuación del tipo que se propone, sector por sector, no es la realización de actas, sino la mejora del nivel medio de recaudación de IVA del correspondiente sector, tratando de establecer unas referencias mínimas de niveles de cuotas devengadas y soportadas que hagan saltar determinados avisos cada vez que un contribuyente se sitúa por debajo de las referencias. Pero puede haber ocasiones en las que este control preventivo deba terminar en actuaciones inspectoras de carácter parcial que sería necesario no cierren el paso a la posible realización de una nueva inspección cuando el cruce final de toda la información del año lo revelara procedente.

En toda actividad de control, suele ser bueno introducir, junto a las actividades básicas y más rutinarias, actuaciones nuevas menos previsibles por los controlados. En esta línea, la creación de unas unidades de inspección preventiva podría facilitar la experimentación de nuevas formas de control menos rutinarias, que buscaran nichos de fraude y que hicieran más eficaz a la inspección.

Sin perjuicio del objetivo ya señalado de fomentar la presencia de la inspección en el día a día de la economía y de desarrollar un control sectorial de determinados grupos de contribuyentes en los que se considere que existe un mayor fraude.

Tomás Alberdi Alonso. Inspector de Hacienda del Estado