Día Mundial del Medio Ambiente

Vuelve el viejo debate: crecer o conservar

Brasil acoge el Día Mundial del Medio Ambiente enfrentado al desafío de continuar su modelo de desarrollo sin desproteger sus recursos naturales.

Vuelve el viejo debate: crecer o conservar
Vuelve el viejo debate: crecer o conservar

Desde su llegada a la presidencia de Brasil en 2010, Dilma Rousseff se enfrenta al mismo dilema que su antecesor y padre político, Luiz Inácio Lula da Silva: cómo aliar desarrollo y protección de los recursos naturales, con el Amazonas como símbolo de esa encrucijada. La primera pista de cómo la actual presidenta brasileña se manejaría en ese difícil equilibrio llegó en 2003, cuando era ministra de Energía de Lula. Desde su cartera, Rousseff pugnó por la construcción de una carretera transamazónica y de dos centrales hidroeléctricas sobre el río Madeira, el mayor afluente del Amazonas, lo que, según los ecologistas, perjudicaría a los habitantes de esa región.

Pero a partir de ese año hasta las elecciones que la llevaron al poder en octubre de 2010, el debate a favor del medio ambiente engordó lo suficiente como para que la cabeza visible del Partido Verde, la enérgica Marina Silva, lograra el 20% de los votos en la primera vuelta de los comicios. Aquella amenaza del voto ecologista empujó a Rousseff a incrustar el respeto por el medio ambiente en su discurso, aunque fuera in extremis.

Ahora, en vísperas de la celebración de la cumbre internacional del medio ambiente Río+20, que se celebrará del 20 al 22 de junio en Río de Janeiro y a la que está previsto que acuda un centenar de jefes de Estado y de Gobierno, Rousseff se ha visto obligada a tumbar el polémico código forestal que ampliaba las zonas legales sujetas a deforestación y amnistiaba a los deforestadores ilegales.

El polémico texto, que no se tocaba desde 1965, se aprobó en el Congreso en mayo. Pero la presión de las organizaciones ambientalistas, la movilización popular, que ha reunido hasta dos millones de firmas, y la inminente cita de Río+20 han dado un nuevo giro a la política desarrollista de Rousseff, que ha terminado por vetar las partes más polémicas de la ley.

La del código forestal es simplemente una pieza más del puzle de decisiones que Brasil ha venido tomando en los últimos 10 años y que han hecho de este país emergente la cara visible mundial de la lucha entre el desarrollo económico y la protección social y medioambiental.

Es conocido que Brasil es la tercera potencia mundial exportadora de productos agrícolas, por detrás de la Unión Europea y de Estados Unidos, donde la producción está subvencionada y compite en una situación de ventaja respecto al gigante emergente. Por ello es especialmente significativo el veto de Rousseff al código forestal, el cual protegía a los grandes terratenientes de ese país, con gran influencia en los grupos políticos en el Congreso.

Igual suerte está siguiendo la apuesta por los biocombustibles, tan denostados en los últimos años por el uso de alimentos vegetales en su producción. Brasil posee enormes extensiones de cultivo de caña de azúcar que utiliza para la obtención de bioetanol. Su clima, idóneo para este cultivo, disparó la previsión de producción de bioetanol hasta el 145% en 2016. Pero la presión de estos cultivos sobre la Amazonía en su avance hacia el norte del país empujó a los organismos internacionales a dar la voz de alarma del riesgo de deforestación. La FAO alertó de que Brasil pierde cada día decenas de hectáreas de selva debido a la producción de biocarburantes.

Las contradicciones del modelo de desarrollo en los países industrializados podrían limarse en los países emergentes precisamente de la mano del medio ambiente. Según un informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) publicado a finales de mayo, "los beneficios netos para el empleo serán mayores en los países emergentes, ya que estos tienen la oportunidad de avanzar hacia el uso de tecnologías verdes y evitar los costes asociados a la sustitución de infraestructuras y empleos obsoletos", suscribe el organismo con sede en Ginebra.

Según la OIT, Brasil, China e India tienen la oportunidad de evitar ver caer a sectores tradicionales como la construcción, la industria automovilística o la energía nuclear apostando desde su despegue desarrollista por un modelo económico de premisas más verdes. Pero para ello, estos países piden a los industrializados una transferencia de tecnología para hacer frente al cambio, una reivindicación en la que se atascan las cumbres internacionales del clima.

De avanzar hacia una economía más verde, la OIT augura la creación de entre 15 y 60 millones de nuevos empleos en todo el mundo en los próximos 20 años y reconoce que los países en desarrollo serán los mayores beneficiados. En su informe, la OIT pone a Colombia y a Brasil como ejemplo, donde cerca de 20 millones de personas se dedican a la recogida de residuos fuera de los circuitos legales. A las voces que se inquietan por la pérdida de empleo que generará la ascensión del sector verde, este organismo internacional responde que la transición a una economía más respetuosa con el medio ambiente afectará "probablemente solo al 1% de la fuerza de trabajo mundial".

En esa misma línea lanza sus grandilocuentes discursos la Unión Europea, principal adalid de la protección del medio ambiente en las cumbres internacionales. La semana pasada, el comisario europeo de Medio Ambiente, Janez Potocnik, lanzó por enésima vez el mensaje de que la transición hacia un modelo productivo más verde creará empleo, pero "para pasar de potencial a la realidad necesitamos una dirección y metas claras".

Protección natural sí, pero...

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, cree posible conciliar el crecimiento económico y preservar el medio ambiente, pero la prioridad de Brasil y de otros países emergentes es la erradicación de la miseria, según explicó la dirigente la semana pasada al recibir el premio Objetivos del Milenio que le otorgó la ONU.

"Estamos a menos de un mes de Río+20 y tenemos que dar pasos al frente para incluir, proteger, crecer y conservar", explicó Rousseff.

"Nosotros estamos demostrando que es posible preservar nuestra biodiversidad y al mismo tiempo crecer y desarrollar la producción agrícola, la producción industrial y los servicios", explicó la mandataria brasileña a menos de un mes de la cumbre Río+20.

Un largo camino que arrancó en río en 1992

El medio ambiente entra en la política

La Cumbre de la Tierra que se celebró en Río de Janeiro en 1992 fue la entrada del medio ambiente en la agenda política más allá de las meras reuniones técnicas de los círculos ecologistas y de los científicos. Río+20 es precisamente un homenaje a aquel determinante encuentro.

Río, una década después

Diez años después del pistoletazo de salida a la defensa del medio ambiente en Río, se celebró la conferencia Río+10, en Johanesburgo (Sudáfrica), para seguir la estela de la defensa de los recursos naturales a escala internacional. La cita quedó en una mera declaración de intenciones

Europa se suma

La reunión de los científicos de la ONU, expertos en cambio climático, en Valencia en 2007 fue determinante para que Europa y Estados Unidos asumieran la lucha contra el cambio climático como mensaje político. Después de aquella cita ya nadie puso en duda la amenaza del aumento de temperatura del planeta sobre el crecimiento económico.

Fiasco de Copenhague

La cumbre de Copenhague, en diciembre de 2009, logró reunir a más de cien jefes de Estado y de Gobierno para buscar una solución internacional contra el cambio climático bajo el paraguas de la ONU, de los países industrializados y de los emergentes. Resultó ser un fiasco que se saldó sin ningún compromiso vinculante.