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Los fármacos olvidados

Los costes de atender a los enfermos con demencias crecen mientras no se encuentran las causas ni un tratamiento.

Los fármacos olvidados
Los fármacos olvidados

Les interesa a las farmacéuticas encontrar un medicamento que cure el alzhéimer? ¿Se han olvidado de esta enfermedad? ¿Por qué no surgen nuevos avances? Habría que pensar que a un laboratorio le mueva lograr el éxito, teniendo en cuenta los enormes retornos que conseguiría. Pero el camino es más complicado de lo que parece.

Mientras tanto, el alzhéimer y las enfermedades neurodegenerativas afectan cada vez a más población. Actualmente 36 millones de personas en todo el mundo padecen algún tipo de demencia, según el World Alzheimer Report y recogido recientemente en un informe de la aseguradora Allianz. En 2050, la cifra se triplicará hasta alcanzar los 115 millones. En Europa, 10 millones de pacientes viven con esta dolencia y se espera que a mediados de siglo sean casi 20 millones.

El aumento exponencial del alzhéimer y otras demencias se da fundamentalmente por el envejecimiento de la población. Hasta no hace mucho se llegaba a pensar que esta era una patología occidental, pero con la mejora de la esperanza de vida en los países emergentes se comprueba cómo se distribuye por todo el mundo esta epidemia. Solo en Asia, se verán afectados 61 millones de personas en 2050. Y es que a partir de los 60 años, el riesgo se duplica cada lustro. "Alrededor del 1,6% de los hombres y del 0,5% de las mujeres con edades comprendidas entre los 60 y 65 años desarrollan algún tipo de demencia. Para las personas que tienen entre 70 y 74 años los porcentajes son del 4,6% y del 3,9% respectivamente, y para el grupo de 80 a 84 años el porcentaje asciende al 12,1% para los hombres y al 13,5% para las mujeres. Al menos un tercio de las personas con más de 90 años están afectadas", recuerda el informe de Allianz.

Para los Estados, el coste de cuidar a estos pacientes, para los que no existe un tratamiento que cure la enfermedad, supone un gasto creciente. En Reino Unido se ha calculado que el gasto medio es de 32.265 euros anuales por paciente, 93.000 euros en fases avanzadas, según cálculos de la Asociación Suiza de Alzhéimer. Y es más, en 2050, habrá cinco pacientes con demencia por cada 100 en edad de trabajar, desde los dos de cada 100 en la actualidad.

"Sin duda la industria debe tener un interés por encontrar una cura a la enfermedad. Actualmente no hay ningún tratamiento efectivo. Ni fármaco que modifique su curso y que la cure", explica Jordi Camí, director de la Fundación Pasqual Maragall para la Investigación sobre el Alzhéimer.

Este médico y catedrático en Farmacología señala que el mercado potencial debe ser un incentivo suficiente para las compañías farmacéuticas. Carlos Buesa, director general de la biofarmacéutica española Oryzon Genomics, señala el tamaño del sector de las enfermedades neuronales en 20.000 millones de euros al año. Solo medicamentos como Aricept (de Pfizer) y Namenda (de Forest) para tratamiento de los síntomas "superan los 1.000 millones anuales cada uno", explica. "Las causas de la enfermedad se desconocen, por lo que los esfuerzos para los laboratorios son más complicados", resume.

Actualmente se trabaja con varias hipótesis sobre las causas -los beta-amiloides y la de la proteína tau son las dos principales-, pero existen otras líneas de trabajo. Donde sí existe cierto consenso es en que los ensayos con los pacientes se comienzan demasiado tarde, lo que haría necesario biomarcadores, (hasta ahora inexistentes), para que avisen de la presencia de la patología. "Esto supone varios problemas, como qué población tratar tempranamente; habría que salvar también un escollo bioético y otro económico para los laboratorios, ya que deberían comenzar las investigaciones mucho antes y las patentes no les protegerían", cuenta Camí.

"A pesar de que existe un acuerdo generalizado de que estos maratones (de investigación) se muestran necesarios, las empresas tienen incomprensiblemente muy pocas ganas de embarcarse en ellos", criticaba duramente en un editorial la revista Nature a finales de 2011. "La industria farmacéutica es cada vez más reacia al riesgo y no están dispuestos a hacer la enorme inversión necesaria para responder a los cantos de sirena de un fármaco líder en ventas", añadía.

"El fármaco sería una revolución planetaria, porque en 20 años no se ha conseguido nada. Pero se ha desinvertido mucho en el intento, porque interesa menos ya que los ensayos se caen", apunta Belén Sopesén, directora general de Noscira (del grupo Zeltia). "El sector tiene sus propias dificultades por la deuda, la incertidumbre brutal de los ensayos, la falta de hipótesis acertadas, los fracasos recientes y la inexistencia de biomarcadores", enumera.

El último gran fracaso ha recaído en Pfizer y su aliada Medivation, cuya molécula Dimebolin fue desechada en la última fase antes de llegar al mercado. El gigante estadounidense había pagado 225 millones de dólares por la licencia, más todo el gasto de los ensayos con pacientes. En los últimos cuatro años, ensayos de Lilly, Myriad, Bellus y la propia Pfizer han naufragado.

Pero algunos laboratorios siguen intentándolo. En fase III, la última, se encuentran moléculas de Baxter, Lilly, la francesa AB Science y otra de una alianza entre Janssen y Pfizer. La mayoría de ellas trabaja bajo la hipótesis de administrarse como falsas vacunas (de inmunoterapia) para los enfermos. Así que los ensayos continúan. El laboratorio Boehringer-Ingelheim trabaja actualmente en fases tempranas, existe una alianza entre MSD y la bio Alectos, Abbott dispone de tres moléculas y Roche, de otras cuatro.

Una posible solución para fomentar más estas investigaciones de las farmacéuticas la proponía el editorial de Nature: "Podrían escuchar los cantos de sirena, por ejemplo, con ofertas de reducción de impuestos, subsidios de los costes de las pruebas o garantizando extensiones en las patentes".

Las apuestas españolas

Un trío de pequeñas empresas biotecnológicas españolas también están investigando sobre fármacos contra el alzhéimer. Noscira, centrada en enfermedades neurodegenerativas, cuenta actualmente con una molécula en fase II, donde se evalúa la eficacia con 300 pacientes. A finales de 2012 se conocerán los resultados de su molécula Tideglusib. Es la primera compañía española que llega tan lejos. Su directora general, Belén Sopesén, explica que "si los estudios son positivos, la intención de la empresa es licenciar el producto a alguna big pharma".

Oryzon Genomics también está ensayando con varias propuestas. Aunque trabaja con su propia hipótesis, "muy interesante", explica Carlos Buesa, su director general, de inhibidores genéticos que podrían frenar la evolución de la patología. En la actualidad se encuentran en un estado muy inicial, probando con más de 800 moléculas para diferentes patologías, como alzhéimer, párkinson o la Corea de Huntington.

La granadina Neuron Biopharma también ocupa sus esfuerzos en conseguir éxitos en patologías neuronales. Su característica principal es que trabajan "desde la perspectiva de la prevención, incidiendo en las etapas tempranas de las mismas", se señala desde la empresa, y en biomarcadores. Ya cuentan con el compuesto NST 0037.