TRIBUNA

Economía de la filantropía

Los multimillonarios reaccionan. Nunca antes como ahora habían visto el abismo bajo sus pies. Una mezcla confusa de interés por su reputación, sobrevenida conciencia social y temor real por la estabilidad financiera se abre paso entre aquellos que tienen patrimonios que superan los de muchas naciones del mundo. Las iniciativas son diversas: inversiones patrióticas (adquirir acciones de empresas en peligro); revisión fiscal voluntaria (pedir que se les aumenten los impuestos), y filantropía responsable (donar grandes cantidades de dinero para fundaciones y proyectos).

l Inversiones patrióticas. A finales de agosto de 2011, Warren Buffett, uno de los más grandes inversionistas en el mundo, y el mayor accionista y CEO de Berkshire Hathaway, acudió al rescate de una de las grandes corporaciones de Estados Unidos. Como ya hiciera con Goldman Sachs o con General Electric tras el crash de 2008, el inversionista entró en el capital de Bank of America en un momento en que los valores de la compañía se situaban en mínimos históricos. La intervención disparó las acciones, que registraron en la apertura de Wall Street una subida del 18%.

Buffett va camino de convertirse en un verdadero héroe para los estadounidenses. No solo como icono de las finanzas, sino como patriota. En plena crisis financiera, cuando en muchos países las grandes fortunas huyen y trasladan sus fondos a paraísos fiscales, él hace justo lo contrario y se convierte en el prestamista de último recurso del país. Y además, en una tribuna publicada en The New York Times, insta a incrementar los impuestos de los más ricos con el fin de reducir el déficit presupuestario por el que atraviesa la nación.

l Revisión fiscal voluntaria. En Francia, a finales de agosto de 2011, un grupo de 16 de las mayores fortunas francesas (entre las que figuraban la mujer más rica del país, propietaria de L'Oréal, y los principales accionistas de las compañías Total, Accor, Danone, Société Générale, Orange, Air France-KLM o PSA Peugeot-Citroën, entre otros) pidieron al Gobierno que impusiera un impuesto especial como ayuda para afrontar la profunda crisis que afecta tanto al país como a Europa.

"Nosotros, presidentes o dirigentes de empresas, empresarios, financieros, profesionales o ciudadanos ricos, deseamos la instauración de una contribución excepcional que afectaría a los contribuyentes franceses más favorecidos", escribían en su petición, que fue publicada en el semanario Le Nouvel Observateur. Y afirmaban: "Somos conscientes de que nos hemos beneficiado plenamente de un modelo francés y de un contexto europeo al que nos sentimos muy unidos y que queremos contribuir a preservar".

l Filantropía responsable (y muy rentable). Bill Gates y el inversor Buffett han impulsado la iniciativa The Giving Pledge (la promesa de dar), por la que animan a otras fortunas a comprometerse públicamente a donar al menos el 50% de su riqueza a causas filantrópicas. Hasta ahora 59 multimillonarios se han sumado a la iniciativa, publicando una carta de compromiso moral en la web de la campaña.

El cofundador de Microsoft ha cedido más de un tercio de su riqueza a la Fundación Bill y Melinda Gates, la mayor de Estados Unidos, dedicada a reequilibrar oportunidades en salud y educación especialmente en las regiones más pobres. Gates ha impuesto la última moda entre los multimillonarios del planeta: el filantrocapitalismo, término, acuñado en 2006 por Matthew Bishop, que busca aplicar prácticas empresariales de éxito a la generación de recursos para los más desfavorecidos.

Nuevos mecenas para nuevos problemas. Dar dinero es ahora más popular que nunca entre los ricos y famosos que quieren dar un giro empresarial a la forma en la que se emplea su dinero con fines caritativos. Un ansia solidaria que Gates entiende como el inicio de una innovación del sistema en la manera de funcionar de las empresas, lo que él denomina el "capitalismo creativo".

Mientras la política no se atreve, o no puede actuar con la contundencia que requiere la situación, algunas de las grandes fortunas mundiales recuperan la conciencia ética y asumen un compromiso social en un momento en que se pide a todos un esfuerzo. Mientras unos optan por el silencio, e incluso eluden sus obligaciones fiscales, otros aprovechan la reinversión social de sus beneficios.

Sea la motivación el patriotismo calculado, la reputación interesada (seriamente dañada por los excesos especulativos) o la filantropía inteligente, lo cierto es que estas iniciativas responden al desafío con el que nos encontramos. Su generosidad, quizás sobrevenida, es una mezcla de egoísmo lúcido y urgencia dramática. Pero es todo un signo de los tiempos que los propietarios de la economía real empiecen a reaccionar frente a la pura especulación financiera y conviertan el bien de la sociedad en una parte esencial de su estrategia de negocio. Mientras, en España, el silencio de nuestros ricos es atronador.

Antoni Gutiérrez-Rubí. Asesor de comunicación