TRIBUNA

Crisis de deuda y necesidades de capital

Después del revuelo que creó la noticia del Financial Times de hace unos días filtrando los resultados de un informe del FMI que cuantificaba en 200.000 millones de euros las necesidades de capital de la banca europea como consecuencia de la crisis de la deuda soberana, por fin han salido a la luz esas estimaciones. Y la sorpresa "agradable" que recoge el recién publicado Informe de estabilidad financiera es que esa cifra de 200.000 millones de euros no son ni pérdidas ni necesidades de capital, sino una estimación del aumento en el riesgo de crédito asociado a la tenencia de deuda pública de los países más castigados por la crisis de la deuda soberana.

En concreto, utilizando como medida de riesgo los CDS (algo discutible por la escasa liquidez de estos instrumentos financieros) y su variación desde finales de 2009 a septiembre de 2011, la estimación del FMI del aumento en el riesgo de crédito de la banca europea es de 204.000 millones de euros, de los que 56.000 millones corresponden a deuda griega, 7.000 millones a la deuda irlandesa, 17.000 millones a la deuda portuguesa, 9.000 millones a la deuda belga, 71.000 millones a la deuda italiana y 44.000 a la deuda española. Si a la deuda pública se añade la exposición a la deuda interbancaria, la cuantía total aumenta hasta 300.000 millones de euros.

La cifra es preocupante pero es importante no confundir aumento en el riesgo de crédito con pérdidas ni necesidades de capital. Y desgraciadamente, viendo los titulares de diversos medios de comunicación, la confusión es total. No tienen más que ver titulares como La crisis de la deuda pasa una factura a la banca europea de 300.000 millones; 300.000 millones: la factura de crisis de deuda para la banca; El FMI se reafirma en su estimación de pérdidas para el sector por la crisis de deuda pública, etc., para darse cuenta de la confusión.

No obstante, la enorme magnitud de la estimación pone de manifiesto que la crisis de la deuda soberana requiere cambiar la concepción de que la deuda pública es un activo sin riesgo, algo habitual hasta ahora. Y por ese motivo, y ante la incertidumbre de una más que probable y elevada reestructuración de la deuda griega, la banca europea tendrá que aumentar sus niveles de capital para hacer frente a esa quita. Y esto es algo en lo que está de acuerdo el Ecofin (con sus declaraciones del pasado fin de semana), el comisario de Competencia (el español Joaquín Almunia) y el FMI, por lo que la banca europea no tiene más remedio que incluir en su agenda una nueva recapitalización, al margen de las mayores necesidades de capital que contemplan los nuevos acuerdos de Basilea III.

El problema añadido es si el mercado tiene capacidad de adquirir ese capital en un contexto como el actual de incertidumbre ante el fantasma de una nueva recesión. En este escenario, la inyección de capital tendrá que ser nuevamente en forma de ayudas públicas, algo difícil de asumir dada la oleada de austeridad en las finanzas públicas que circula por Europa.

La disciplina que impone el mercado en forma de elevadas primas de riesgo impide a algunos países emitir deuda, lo que exigirá poner en marcha cuanto antes la propuesta del Eurogrupo del pasado 21 de julio que reforma el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, permitiendo su utilización para recapitalizar a los bancos más necesitados.

En el caso de España, las recientes exigencias de recapitalización que impuso el Banco de España a través del RDL 2/2011 ha obligado a los bancos españoles a aumentar su nivel de capital, si bien el proceso todavía está abierto a la espera de que antes del próximo 30 de septiembre algunas entidades comuniquen al supervisor sus planes de capitalización. A la inyección de capital que tendrá que hacer el FROB en algunas entidades habrá que añadir nuevas necesidades de recapitalización si queremos que nuestros bancos no se queden al margen del nuevo proceso de recapitalización que se avecina en la banca europea.

No hay que olvidar que la banca española tiene cerrado el acceso a la financiación en los mercados mayoristas como consecuencia de las dudas que algunas entidades suscitan entre los inversores y el retraso en la resolución de los problemas de las entidades no viables. Lamentablemente, están pagando justos por pecadores, pero una inyección de capital superior a la que hasta ahora se ha realizado ayudaría a despejar dudas, máxime si a la crisis de la deuda soberana añadimos el elevado importe de los activos potencialmente problemáticos de la banca española en el sector inmobiliario. Y mientras haya problemas de financiación para hacer frente al elevado nivel de deuda que vence en los próximos años, el proceso de desapalancamiento será doloroso, lo que restringirá aún más el acceso de las empresas al crédito bancario.

Joaquín Maudos. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia e investigador del IVIE