Tardó cuatro años en recuperar los niveles de 2000

La aviación ya dobla las cifras anteriores al 11-S

Los atentados del 11-S, que acaban de cumplir una década, dejaron brechas en incontables frentes. Desde el punto de vista comercial, el negocio de las aerolíneas comerciales ha sido uno de los que más se ha quejado, y no sin razón. La instauración de pesados controles de seguridad, sumados a la espiral de crecimiento del precio del crudo desatada tras las guerras de castigo (Afganistán e Irak) lanzadas por EE UU, lastraron notablemente al sector. A ello debería añadirse el poderoso intangible que fue el efecto psicológico del propio atentado: coger un avión pasó a ser concebido como un acto potencialmente peligroso.

Los atentados llegaron, además, cuando las aerolíneas low cost empezaban a coger carrerilla, y por tanto se había iniciado ya la democratización de los precios. Volar había dejado de ser un medio de transporte reservado para los ricos.

El efecto en las cifras fue contundente. "Pese a que es complicado aislar los efectos de los acontecimientos de 2001, podemos decir que formaron parte de una cadena de acontecimientos que le costaron a la industria tres años de crecimiento", señala un informe de la Asociación Internacional de Transporte por Aire (IATA, en sus siglas inglesas). "La crisis financiera de 2008 costó otros dos años", añade. Según el documento, el sector no recuperó el nivel de ingresos de 2000 (el curso anterior a la caída de las Torres Gemelas) hasta 2004, cuando se alcanzaron los 379.000 millones de dólares. El número de pasajeros desplazados, no obstante, alcanzó la cota de 2000 un año antes, rozando los 1.850 millones.

La primera conclusión es evidente: a menos ingresos e igual cantidad de viajeros, menor rentabilidad. En efecto, los datos de la IATA son contundentes: entre 2001 y 2005, el sector en su conjunto arrojó unas pérdidas de entre 4.000 y 11.000 millones de dólares anuales -lo que no quita que algunas aerolíneas hayan tenido beneficios-. Algunas compañías, como Swissair o Sabena, entraron en bancarrota a los pocos meses de los atentados. Evidentemente, durante dichos años los márgenes se mantuvieron en números rojos.

La misma tendencia (pérdidas en el sector a nivel global y caída en los márgenes) se experimentó en 2008 y 2009, los primeros años de la crisis económica. Esta vez, no obstante, la responsabilidad de las malas cifras recayó en los altos precios del crudo, que triplicaron en 2008 los de 2000, alcanzando los 99 dólares por barril, y los duplicaron en 2009 (62 dólares).

Como parte del retroceso en las ganancias, la IATA identifica el sobrecoste en seguridad, que estima ahora mismo en unos 7.400 millones de dólares anuales.

El boom del transporte

Independientemente del impacto que tuvieran los atentados, el número de usuarios no ha hecho más que subir. Según las proyecciones que maneja la IATA, una cifra que seguramente se quede corta a tenor del buen funcionamiento del mercado turístico durante este año, en 2011 se registrarán 2.790 millones de pasajeros, un 50,8% más que en 2000. Los ingresos crecerán hasta 2011 en una proporción mayor (81,7%), rozando los 600.000 millones de dólares.

La estructura de costes se ha visto muy afectada a lo largo de la última década por el alza de precios en el crudo. Así, mientras que en 2001 significaba el 13% de los gastos de las aerolíneas, la IATA estima que este mismo año representará el 30%. Con todo, 2010 fue el año más rentable de la década, dado que el sector en su conjunto cosechó 18.000 millones de dólares de beneficios.

Una década marcada por la seguridad aérea

l Enero de 2002. La autoridad aérea estadounidense (FAA) exige puertas reforzadas para las cabinas de pilotaje.

l Enero de 2004. EE UU empieza a tomar las huellas digitales a todos los pasajeros no estadounidenses llegados al país por aire.

l Agosto de 2006. Se prohíbe llevar líquidos, aerosoles y geles si exceden los 100 mililitros. Los ordenadores portátiles y otros dispositivos electrónicos deben separarse del equipaje para pasar por el escáner.

l Julio de 2007. Entra en vigor un acuerdo entre EE UU y la UE por el que se autoriza al país estadounidense acceder al nombre y datos de los pasajeros antes de despegar.

l Noviembre de 2010. Se pone en marcha un sistema de escaneado más potente (y controvertido) que el convencional, dado que permite ver a los técnicos de seguridad qué llevan los pasajeros debajo de la ropa. De manera paralela, EE UU eleva hasta el 100% la carga (mercancía y equipajes) a ser revisada al entrar en el país.