La zona euro, en jaque

Cómo poner orden en el caos

La alerta es constante: el abismo está a la vuelta de la esquina. Pero, ¿en qué consiste la debacle? ¿Puede evitarla un 'default' ordenado de Grecia?

Grecia sigue sin dar tregua a los mercados. Ayer las Bolsas volvieron a registrar importantes descensos y apostaron con claridad por la suspensión de pagos de Grecia. La rentabilidad del bono heleno a un año llegó al nivel imposible del 117%. El Ibex bajó el 3,41% en el día y en dos sesiones cede el 7,7%. La banca europea sufrió las pérdidas más abultadas.

Economistas, líderes de potencias mundiales, pensadores y, sobre todo, periodistas han alertado tantas veces de la llegada del abismo que los ciudadanos de varios países europeos empiezan a preguntarse qué tal se vivirá en él. ¿Será tan terrible como dicen o después de tres años de restricción del crédito, aumento del paro y medidas de austeridad hay poco margen para empeorar?

Por supuesto, Grecia sería el detonante. Ese país que supone poco más del 2% del PIB europeo y que ha puesto a toda la UE en el disparadero por sus problemas (imposibilidad) para pagar la deuda.

Tampoco se puede decir que sea nada nuevo. Las probabilidades de que Grecia vaya a la bancarrota "son tan altas que se podría decir que no hay forma de evitarlo", decía ya en junio Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal estadounidense. Pero el FMI y Europa están decididos a que eso no suceda y pareció que lo iban a conseguir con los acuerdos firmados el 21 de julio para el segundo plan de rescate griego. ¿Por qué tanto interés? "La quiebra griega pondría a varios bancos estadounidenses contra la pared", continuaba Greenspan. Y ahí está la explicación. Si el sistema financiero de Estados Unidos iba a verse a afectado, ¿qué no pasará con el europeo?

Es el llamado efecto contagio, el temor (pavor) a que una quiebra de Grecia arrastre al sistema financiero de Alemania o Francia, al BCE y, sobre todo, provoque una caída en cadena de otros países con problemas de deuda, como Portugal, Irlanda, Italia y España.

"No se puede calibrar el abismo porque nunca ha pasado nada parecido", explica Daniel Pingarrón, estratega de mercados de IG Markets. "La consecuencia imaginable es que sea catastrófico: fracasaría la Unión Europea, el euro, los planes de rescate... Cualitativamente, es un evento enorme; cuantitativamente es imposible calcularlo".

Para este experto, el escenario que se abriría de una suspensión de pagos no sería otro que el abismo, sobre todo porque la posibilidad de una bancarrota controlada está fuera de lugar: "Es demasiado tarde; nadie se lo creería".

Junto con esta corriente de pensamiento, sin embargo, se está abriendo paso otra que no ve el default heleno como la puerta del infierno. Desde luego, no es la mejor salida, pero el endeudamiento de Grecia y su incapacidad para crecer por la dureza de los planes de austeridad dejan poco margen. De hecho, el plan aprobado en julio contempla una propuesta de canje de deuda con la asunción de pérdidas y prórrogas en el vencimiento que sigue en pie. Ahora solo se iría un poco más allá.

Si ese más allá es la suspensión de pagos, ¿qué puede pasar? "Hace ya muchos meses que los mercados de bonos descuentan un default griego", explica Rafael Romero, director de inversiones de Unicorp Patrimonio. Las rentabilidades a las que cotizan los bonos helenos, todas por encima del 50%, "asumen una quita entre el 50% y el 60%".

La idea es que Grecia pudiera hacer una suspensión de pagos ordenada, como si fuera una empresa, sentarse con los acreedores y negociar la devolución minorada de la deuda acompasada a un plan a varios años vista para recuperar el crecimiento. Este esquema incluiría lo que reclama una parte de la población desde hace tiempo: no solo que pague Grecia, sino también quienes prestaron el dinero y asumieron con ello un riesgo.

La pregunta, por supuesto, es si sería tan terrible este escenario. Y no tendría por qué serlo, según añade Romero, si viniera acompañado de un plan de recapitalización de la banca, como el que parece que Alemania y el BCE están preparando. Ese que también reclama el FMI y que sería el único dique que podría contener el efecto contagio.

Así concebida, la quiebra griega "probablemente sería el último coletazo de la crisis", explica este experto, porque daría el oxígeno que la banca necesita para volver a prestar y reactivar el ciclo normal. "Si los bancos no funcionan, el sistema económico tampoco".

De todas formas, hablar de planes de recapitalización es más fácil que materializarlos. ¿De dónde saldría el dinero? "Lo ideal sería un proceso ordenado, donde se estimule la recapitalización privada", argumenta Santiago Carbó, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada. Si no se puede, fondos públicos.

Ahí es donde entra en juego el fondo de rescate europeo (el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera). Sería un instrumento perfecto para recapitalizar la banca cuando esté disponible, "mientras tanto, que sea el equivalente de cada país al FROB español", arguye Carbó.

El escenario ideal es que primero se recapitalice la banca y así Grecia podría aprobar una quita sin que el pánico a la caída de bancos en cadena se extendiera. Sin embargo, también hay opiniones que apuntan a que será más fácil que el fondo de rescate logre apoyos de países como Alemania y Finlandia y se ponga en marcha si Grecia deja de ser parte de la ecuación, porque ya no sería prestar dinero a este país sino a la propia banca y por ello habría menos reticencias.

De todas formas, una cosa es la que descuentan los mercados y otra la realidad. Cuando todo apunta a una suspensión de pagos de Grecia, la situación puede reconducirse porque la reactivación del plan de rescate a Grecia sigue encima de la mesa. Eso sí, sin una recapitalización de la banca detrás, sería solo otra patada hacia adelante.