El mercado muestra dudas hacia la política de retribución

¿Es sostenible el dividendo de Telefónica?

Bernstein considera "inevitable" un recorte del dividendo, Standard & Poor's califica de "agresiva" la política de retribución al accionista y el consenso de los analistas apuesta por un beneficio para 2012 inferior al dividendo prometido. ¿Podrá Telefónica mantener su apuesta?

El dividendo de Telefónica es casi una señal de identidad de la operadora y constituye la marca distintiva del actual presidente, César Alierta, con su antecesor, Juan Villalonga. Uno lo eliminó con el argumento de que los inversores lograrían más rentabilidad por su dinero si dejaban que la compañía hiciera uso de él (tampoco les dio opción, pero al menos así justificó la supresión del dividendo), y otro lo restableció y lo ha ido subiendo a lo largo de los años hasta convertirse en una de las operadoras que mayor rentabilidad da a sus accionistas por esta vía.

Pero esta subida está empezando a encontrar detractores. La más furibunda es la agencia de calificación Standard & Poor's (S&P). En agosto rebajó el rating de la operadora de A- a BBB+ y dio para ello una explicación contundente: el flujo de caja va a disminuir por los problemas de la operadora en España y con su "agresiva política de dividendos" eso va a dejar poco espacio para que Telefónica reduzca su deuda.

Y no es una decisión neutra para la compañía española. Puede que Telefónica sea una de las operadoras con mayor rentabilidad por dividendo, pero también es la que tiene una deuda más elevada (56.420 millones a cierre de junio), así que está constantemente en el mercado refinanciando pasivo a través de bonos. Un rating peor implica directamente un aumento del sobreprecio a pagar para colocarlos.

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Tampoco la firma de inversión Bernstein cree que el dividendo de Telefónica tenga mucho futuro, al menos tal y como está diseñado hoy en día. Los planes de la operadora pasan por pagar 1, 60 euros por acción con cargo a los resultados de este año y un mínimo de 1,75 euros de ahí en adelante. Más allá de 2012 será "inevitable" un recorte de la remuneración, concluyen los analistas de la firma en su último informe.

Algunos apuestan por que sea incluso antes. Al menos, así lo demuestran con sus previsiones de resultados de 2012. Para este año, el consenso de los analistas espera un beneficio por acción de 1,73 o 1,74 euros, inferior al dividendo prometido. Puesto que Telefónica ha garantizado que no hará frente con deuda a la remuneración al accionista, cada analista que prevé que la ganancia por acción sea más baja que el dividendo admite implícitamente que éste puede bajar.

Y eso es algo que no tiene por qué ser negativo. "La cotización ya refleja una rebaja del dividendo. Si el mercado se creyera un dividendo de 1,75 euros en 2012, las acciones estarían en 19 euros y no lo están. La cotización actual (entre 13,5 y 14 euros en los últimos días) implica un dividendo entre 1,2 y 1,3 euros", explica un experto en telecomunicaciones de una firma de análisis nacional.

Más allá de la reacción bursátil, hay quien apunta que tampoco será malo para la operadora. Varias fuentes internas de la compañía y analistas consultados por este diario consideran que el alto compromiso del dividendo ata las manos a Telefónica en un doble frente: las inversiones y la posibilidad de aprovechar las oportunidades de compra que se le puedan presentar en esta crisis. Y son dos aspectos pueden marcar la diferencia para el futuro de la operadora. El primero, porque le permitiría distinguirse por servicios de calidad de sus competidores y no tener que entrar obligatoriamente en la rivalidad por precio. El segundo, porque garantizaría la sostenibilidad del negocio a largo plazo.

"El cambio en el equipo gestor anunciado esta semana da la excusa perfecta para un giro a la política de dividendo", apunta un experto que prefiere no se identificado. En este sentido, una política más prudente de remuneración podría ser incluso bien recibida, porque lanzaría el mensaje de que se va a reforzar la competencia en los mercados más heridos por la crisis.

Las opciones que se plantean para modificar la estrategia son varias. Una es la reducción directa de la cifra a pagar, pero hay dos caminos intermedios: cambiar la remuneración en dinero por ampliaciones liberadas de capital en todo o en parte (como hizo Villalonga y que ahora han recuperado compañías como Santander, BBVA o Iberdrola) o el establecimiento de un pay-out (la proporción de beneficio que se destina a remuneración) que permita acoplar el dividendo a la generación de ganancias y reducirlo cuando la situación empeora.