José Ramón Busto. Rector de la Universidad Pontificia Comillas

"Bolonia no son unos polvos mágicos ni terapéuticos"

El nuevo marco ha dado más libertad pero su éxito dependerá de lo que hagan profesores y universitarios

Con 61 años y un currículo brillante, premio extraordinario en la licenciatura y el doctorado de Filosofía, el jesuita y teólogo José Ramón Busto muestra una gran habilidad para moverse entre políticos y científicos. En sus ocho años como rector de Comillas ha lidiado con cinco ministros de Educación y cuatro planes Bolonia distintos. Mantiene, además, el contacto con la investigación y la docencia como presidente de la rama de humanidades en el Consejo de Universidades.

¿Qué piensa que ofrece la universidad privada frente a la pública?

Hay un mayor interés en la preparación profesional de los alumnos, una atención más personalizada y algunas, especialmente las católicas, ofrecemos una educación en valores, de acuerdo con nuestra identidad. Algo valioso tenemos que ofrecer para que el alumno pague siete veces más que en la pública. Y nuestro compromiso social se refleja en que el 10% del alumnado está becado.

¿Cuál es la aportación esencial de Comillas?

Damos una enseñanza de tipo práctico, orientada al ejercicio profesional. Como herederos de la tradición jesuítica, pretendemos hacer una formación integral del estudiante. No solo formamos profesionales sino buenas personas y buenos ciudadanos, comprometidos socialmente y que ayuden a los grupos más desfavorecidos. Somos una universidad prestigiosa y eso lo demuestra la cantidad de solicitudes que tenemos, muy superior a las plazas que ofrecemos.

La proliferación de universidades privadas ¿les ha perjudicado?

Nos ha colocado en un ámbito mucho más competitivo. Hasta 1991 había cuatro universidades privadas (Comillas, Deusto, Pontificia de Salamanca y Navarra); desde entonces se han creado 23 más. Pero probablemente han aumentado más la públicas. Todos los alumnos de este país tienen una universidad a la puerta de su casa. Según los datos oficiales, hay 236 campus universitarios en España, 154 públicos y 69 privados. Salvo en algunas carreras especiales, las universidades buscan a los alumnos. No es que los alumnos busquen facultad.

¿Han notado la crisis?

No. Tenemos un 2% más de solicitudes. Hay que distinguir entre estudios, como Filosofía o Teología, que tienen muy poca demanda, pero que queremos mantener por identidad. Y luego hay titulaciones, como Derecho con Empresariales o Ingeniería, con tres peticiones por plaza o Administración y Dirección de Empresas Internacional, con ocho. Es duro que a siete alumnos haya que decirles no.

¿Qué opina de Bolonia?

Bolonia supone un cambio impresionante en el sistema universitario español. El más grande después de la Ley Moyano, de 1857. Pero no tiene propiedades ni mágicas ni terapéuticas. No significa que hayamos echado unos polvos mágicos y que la universidad sea hoy mejor que el año pasado. Será lo que consigamos hacer alumnos y docentes. Ha dado mayor autonomía y más posibilidades de diferenciación. Habrá universidades de primera y de segunda. No será lo mismo jugar en el Burgos que en el Barcelona.

Resuma sus oportunidades...

Bolonia da mayor libertad a las universidades para organizar sus planes de estudio. Cada facultad puede inventarse los títulos que quiera, siempre que los aprueben las agencias de calidad. Habrá una evaluación externa de las facultades. Para el alumno se favorece la movilidad y la internacionalización. Se ha pasado de una enseñanza centrada en el profesor a otra centrada en el alumno. Antes la unidad eran las horas de clase, ahora es el trabajo del estudiante.

¿Qué ha pasado en investigación?

La universidad española ha avanzado mucho en los últimos años en investigación pero no estoy tan seguro de que haya mejorado en docencia. Se ha primado el que los profesores investigaran y no hay nada que quite más tiempo a la investigación que los alumnos. Las universidades privadas hemos gastado las horas en los alumnos.

¿Qué responsabilidad tienen ante la crisis? ¿Han hecho autocrítica?

Las universidades tenemos que formar en conocimientos científicos, técnicos y en valores, pero luego cada uno es libre de tomar sus decisiones. Una crisis como la actual es muy compleja. Es cierto que en el origen hay un problema ético, el que las cosas empiecen a costar algo distinto a lo que realmente valen, que se generan plusvalías irreales. La ingeniería está para hacer estructuras, redes eléctricas, no productos financieros. Con los jesuitas estudió Fidel Castro, Voltaire y Descartes y es cierto que de Icade e ICAI han salido muchos directivos de las grandes empresas. La formación en valores es una asignatura en la que siempre se puede sacar mejor nota.

¿Cómo escogen ahora la carrera?

Hoy los jóvenes no van a estudiar lo que les gusta sino pensando en el trabajo y en la remuneración que van a obtener. Escogen más las de ciencias sociales y jurídicas (50,3%) que las de ciencias puras (6%) porque se colocan mejor. Luego eligen en relación al esfuerzo. A mayor esfuerzo, menor demanda. Y, por último, por vocación, como Medicina.

Partidario de la enseñanza 'en primera división'

A Busto le gusta comparar la educación con el fútbol: "¿Qué pasaría si el criterio para jugar en un equipo fuera el geográfico? ¿Si para ser futbolista del Real Madrid o del Barcelona hubiera que haber nacido en las inmediaciones a los estadios?" "Pues no habría primera división", responde. "No podemos tener enseñanza de primera división si el criterio que prima es el geográfico. Una cosa es que todos jueguen (estudien) juntos y otra es que haya ligas". La Ley Villar Palasí (1976) y la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16 años ha hecho que "se gane en igualdad pero probablemente nos ha hecho disminuir en calidad porque todos estudian juntos (los más brillantes y los menos, los estudiosos y los vagos...)". Es partidario del "bachillerato de excelencia, donde se premie la capacidad y el esfuerzo".