COLUMNA

El BCE y la tragedia griega XXIV

El BCE cumplió ayer con las expectativas, pero ya ni el anuncio de subidas de tipos oficiales consigue quitar protagonismo a la tragedia griega. El consejo ha vuelto a utilizar "fuerte vigilancia" para anticipar una subida de tipos en julio hasta el 1,50%. Sin embargo, los tipos a dos años alemanes y el euro han caído con fuerza en contra de lo que dicen los manuales de economía cuando todo lo demás permanece constante. ¿Cómo es posible? Porque como nos enseñó Plantón, citando a Heráclito, "nunca te bañarás en el mismo río, la corriente se habrá encargado de cambiarlo".

El comunicado suaviza el temor a presiones inflacionistas futuras y eso ha llevado a los inversores a reducir el número de subidas previstas los próximos dos años, especialmente en 2012. Ahora esperan una subida adicional al 1,75% antes de final de año y tipos del 2,50% a final de 2012. Otra señal de relajación ha sido que han vuelto a prorrogar las medidas extraordinarias de liquidez otro trimestre. El BCE mantiene la barra libre de liquidez y ha anunciado una subasta a tres meses con acceso ilimitado a finales de septiembre, por lo que las entidades podrán planificar su liquidez al menos hasta diciembre.

Pero la mayoría de las preguntas en la rueda de prensa han sido sobre Grecia. Europa cada vez se parece más a una película de los hermanos Marx. Es increíble que el centro del debate sea un país que supone el 2% del PIB de la eurozona y que el mayor impedimento vuelva a ser, igual que antes de la quiebra de Lehman Brothers, evitar que haya riesgo moral. Que los políticos se obsesionen con la moral es hasta comprensible, pero que lo hagamos los economistas nos hace retroceder a nuestros ancestros decimonónicos cuando pertenecíamos a los departamentos de filosofía moral.

Trichet fue el presidente del Club de París durante la crisis de la deuda de países emergentes en los ochenta, por lo que es uno de los mayores expertos en reestructuraciones de deuda. Su posición sigue siendo evitar que la solución griega ponga en riesgo la solvencia de los bancos europeos, especialmente alemanes y franceses, y se convierta en sistémica. A Lehman se la dejó caer y la quita fue del 90%. En Grecia los análisis más negativos hablan de quitas del 60% y la deuda es menor que en Lehman, pero deberíamos haber aprendido cómo no se debe actuar.

El conocido como plan Trichet es ganar tiempo para que la banca reduzca su exposición al país y pueda provisionar las pérdidas diferidas en el tiempo para no socavar su solvencia. La solución se aleja del plan original y parece que será una permuta de los bonos que vencen hasta 2013 por bonos con mayor duración. Esto reduciría la aportación del Fondo de Ayuda Europeo que tendrá que complementar el fracaso del plan inicial en el que se esperaba que Grecia ya habría normalizado su acceso a los mercados en 2012.

El plan resuelve la liquidez y el riesgo sistémico, pero no los problemas de solvencia. El problema es que el principal financiador, Alemania, mantiene una posición errática que parece consistir en meter a los mercados en una especie de pasaje del terror. Cada vez que consiguen relajarse sale su ministro de Economía y les mete el miedo de la quita en el cuerpo.

No parece la forma más ortodoxa de resolver una crisis de deuda, pero más preocupante es la posición política del Gobierno alemán. Merkel parece creer que es posible en el siglo XXI establecer en Grecia un protectorado, donde los votantes eligen en el parlamento nacional pero las decisiones se toman en la metrópoli. Este escenario parece poco viable, principalmente porque los franceses ya han dejado claro que la palabra quita no está en su vocabulario.

Por lo tanto, en el próximo Ecofin daremos otra patada hacia adelante y se pactará una solución mixta en la que la banca aceptará los nuevos bonos con más duración, seguramente porque los antiguos dejarán de ser descontables en el BCE. Como sucedió en la crisis de la deuda de los ochenta, en los próximos años habrá un plan Brady europeo en el que se acometerá la reestructuración definitiva con el respaldo de un bono europeo. Sería ideal cerrar el pasaje del terror, pero el circo es deficitario y el actor que asusta a los mercados es el que financia. Al final, algún día los griegos perderán el miedo y los contribuyentes alemanes se enterarán lo que les cuesta este sarao. Entonces correrán a palos a sus gobernantes.

José Carlos Díez. Economista jefe de Intermoney