Análisis

La banca de Brasil supera la adolescencia

El fuerte crecimiento del crédito en los últimos años deriva en los primeros síntomas de morosidad.

En diciembre de 2009, Vladimir Costa dibujó un plan que parecía perfecto: pedir un crédito para la compra de una motocicleta, trabajar con ella en las calles de Salvador de Bahía y, así, pagar las 48 mensualidades de 199 reales (alrededor de 80 euros). El guion fue un éxito. El brasileño de 23 años consiguió un trabajo y empezó, incluso, a tener dinero para salir con los amigos y hacer viajes cortos.

Pero el escenario ha cambiado. Hace dos meses, las cuentas no cuadraron en marzo por primera vez tras 14 mensualidades pagadas con puntualidad. Con el aumento de la gasolina y de los alimentos, el presupuesto de Costa ha requerido más dinero para mantener la moto y la cuenta en el mercado. Así, faltan reales para la deuda con el banco y el mototaxista se ha retrasado en el pago de dos mensualidades.

El drama de Costa revela un lado poco conocido de la reciente historia de exuberancia en Brasil: las inconsistencias del crecimiento económico. Aunque hasta los economistas más pesimistas no tengan señales concretas de que el país sufra de una burbuja tradicional, el gigante emergente tiene problemas. La inflación y la amenaza de un excesivo endeudamiento son dos de los principales retos de la mayor economía del hemisferio sur. Estos temas preocupan más, incluso, que una supuesta burbuja inmobiliaria.

En la última década, el crédito a particulares triplicó su peso en función del tamaño de la economía y, ahora, equivale a un 15% del producto interior bruto (PIB). El salto se debe a la creciente oferta de préstamos y al acceso de nuevos clientes a la banca, especialmente entre los 25 millones que salieron de la pobreza en los años del Gobierno del expresidente Lula da Silva.

En Brasil, es común financiar productos relativamente baratos -como una moto o una televisión- en 24 o 48 meses. Esta característica ayudó al país a mantener el mercado dinámico mientras la crisis de 2008 se cobraba víctimas en los mercados maduros.

Pero esa incorporación al mercado crediticio no se planificó. Para esos consumidores, cualquier hecho inesperado -como el aumento de la inflación o un problema de salud- puede desorganizar el presupuesto.

"No creo que haya burbuja. No lo veo", ha afirmado el consejo delegado de Santander, Alfredo Sáenz, en una reciente conferencia de prensa a propósito de los riesgos de la economía brasileña y la hipótesis de una burbuja. En el mismo tono, Thais Zara, economista jefe de la Rosenberg Consultores en São Paulo, minimiza los incipientes retrasos en los préstamos. "Alguna morosidad era de esperar porque muchos clientes nunca han tenido experiencia con el crédito, es un aprendizaje. Además el aumento de la renta compensa el problema".

A pesar de las señales incipientes del alza de la morosidad, el crédito en Brasil tiene un nivel de desarrollo muy distinto de otros países, lo que minimiza la preocupación de los expertos. Mientras el crédito alcanza alrededor de un 170% del PIB en España, un 130% en China y un 80% en Chile, la cifra brasileña suma un 46,4%.

Ajeno al noticiario económico, Vladimir Costa tiene poca familiaridad con términos como demanda y renta. Aun así, tiene una visión que, en otras palabras, es semejante el análisis de los expertos. "El movimiento de pasajeros en la mototaxi sigue bien. Creo que en algunas semanas tendré dinero para reorganizar las cuentas. Ojalá", afirma Vladimir Costa al teléfono con prisa para apagar el móvil y llevar a otro pasajero que quería ir al centro de Salvador.

El Gobierno vigila la inflación y niega la burbuja

En la capital brasileña, los problemas en el crédito no han preocupado hasta ahora a la presidenta Dilma Rousseff. Tampoco la tan temida burbuja inmobiliaria es tema frecuente en los comentarios del equipo económico. "No dejamos ni dejaremos crear una burbuja en el mercado bursátil, inmobiliaria o de crédito en Brasil porque tomamos medidas que reducen los desequilibrios", ha dicho el ministro de Economía, Guido Mantega, en una reciente reunión del Gobierno con empresarios.

Sobre la hipótesis de una burbuja inmobiliaria, la lectura es que, aunque los precios de los pisos se han disparado en las metrópolis como Río y São Paulo, el desarrollo del mercado está muy lejos de una burbuja. La cifra más escuchada en Brasilia es que el crédito inmobiliario en Brasil no alcanza el 5% del PIB mientras en países como Estados Unidos llega al 100%. "Y los precios subieron por la demanda reprimida". Las recientes intervenciones de Mantega, un economista italo-brasileño, y también de Rousseff revelan que la inflación lidera la lista de preocupaciones oficiales, en un tasa del 6,51% en abril. Por eso, en 2010 el Banco Central ha anunciado varias "medidas prudenciales" para reducir el ritmo del crédito. Además, en enero, los tipos empezaron a subir para consolidar el proceso de desaceleración de la demanda.

En el Gobierno que comenzó en enero prevalece la lectura de que el aumento de los precios perjudica el poder de compra de la población más pobre, la base electoral de Lula da Silva y Rousseff. Pero Brasilia acredita que el alza de la renta debe "anular" el problema. La expectativa del Gobierno es que continúe la tendencia observada entre 2001 y 2008 cuando la renta media de la población más pobre saltó un 72,5% en términos reales.

Tipos al 12%

El Banco Central de Brasil ha iniciado un aumento de los tipos de interés para prevenir el calentamiento de la economía. La tasa está ahora en un 12% al año. La medida no afecta las deudas existentes porque en Brasil las operaciones son a tipo fijo.

El número de cuentas bancarias en Brasil se ha duplicado desde 2001, hasta los 141 millones