Perspectivas 2011. Desafíos para el nuevo año

Hacia una economía cada vez más dividida

El castigo al bolsillo familiar contrasta con la buena perspectiva para los inversores.

Depende de sobre qué España hablemos. Las perspectivas para las empresas internacionalizadas y en buena situación son positivas, no tendrán problemas, pero para la economía a pie de calle las cosas seguirán siendo muy complicadas". El responsable en España de uno de los mayores bancos de inversión de Wall Street respondía así, hace un par de meses, a la pregunta de cómo pintaba el panorama en España. Es un buen resumen de una visión que, por otra parte, tiene poco de original. 2011 se perfila como un año de consolidación para las cuentas públicas y para el sector financiero doméstico, pero las perspectivas para las empresas saneadas y con presencia exterior son mucho mejores. También para la Bolsa; aunque el sambenito de la España quebrada tan en boga en los últimos meses penalizará al Ibex que, salvo catástrofe, no lo hará peor que este año. Los gestores están sobreponderados en renta variable y prevén que el mercado discrimine más entre valores.

En cualquier caso, la historia, especialmente en el principio del año, será la misma que ha marcado la segunda mitad de 2010: la presión de los mercados sobre España y otras economías periféricas de la zona euro. El año es especialmente exigente en la medida en que el Tesoro debe hacer frente a una emisión neta de 47.200 millones de euros para financiar el déficit público y una vez descontados los vencimientos.

En 2010 el año empezó con el bono en el entorno del 4%. El año acaba con el bono en las proximidades del 5,5%. De si se frena o no esta escalada depende el futuro del país. Sobre el papel hay margen, pues el coste de la carga de la deuda pública es aún en España inferior al de la mayor parte de los países del euro. La cantinela de que España no es Grecia, ni Irlanda ni Portugal es cierta. Credit Suisse señala en su informe de estrategia 2011 que "incluso en un escenario de desapalancamiento severo en el sector privado, el ratio deuda sobre PIB en España sería de 100% en 2014, lo que haría sostenible la aritmética de su financiación, y asumiendo un recorte de gasto de otro 2% del PIB".

El mercado no obstante, es capaz de convertir la aritmética en papel mojado y provocar una profecía autocumplida si los tipos de interés se empiezan a desbocarse en un país que, además de la deuda pública, tiene que refinanciar gran cantidad de deuda privada. En cualquier caso, el rescate de España es un escenario que los analistas, en su inmensa mayoría, contemplan como poco probable. La presión asfixiante, por contra, es algo que se da por seguro. Y el ajuste público tendrá que agudizarse, lo que restará crecimiento y dañará a las capas más desfavorecidas de la sociedad. En cualquier caso, esta partida también se juega en el terreno político. Alemania aprieta, pero permitir que el mercado ahogue a España sería casi suicida para el resto de la zona euro.

El segundo puzle por resolver es la situación de la banca. Sus piezas son el empacho de ladrillo, la desconfianza de los inversores internacionales, las necesidades de financiación y capital y la posición del BCE. También en este caso, aun el mejor escenario es poco halagüeño para la mayoría de los ciudadanos. Es un año de consolidación, y el grifo del crédito seguirá, con toda probabilidad, cerrado para particulares, pymes y empresas endeudadas.

Así, más allá de si se cumple o no la previsión oficial del 1,3% de crecimiento -casi ningún experto es tan optimista-, la conclusión es sencilla: con el Estado extremando las medidas de ahorro y el crédito congelado, la economía a pie de calle seguirá congelada. Pero de cómo se resuelva el saneamiento del sector público y del sector bancario dependerá, en buena medida, lo que suceda en el próximo año, 2012. En otras palabras, dos años después de lo peor de la crisis -entre finales de 2008 e inicios de 2009-, para la mayor parte de los españoles 2011 no traerá cosas mejores que 2010.

Ahora bien, para las personas con capacidad inversora, para quien tenga un trabajo más o menos asegurado y no arrastre deudas o para las grandes empresas con exposición internacional, las perspectivas no son tan malas. El bono al 5,5% supone un caramelo atractivo para los inversores conservadores, y si bien no se espera una gran guerra de depósitos, seguirán existiendo ofertas.

De hecho, las perspectivas para las Bolsas son relativamente alcistas. El consenso de los analistas le da al Ibex un potencial alcista capaz de superar los 12.000 puntos, es decir, el regreso a niveles de 2009. Cifra que, una vez más, está condicionada a la evolución de la prima de riesgo y al castigo de los inversores sobre lo que tenga que ver con España. Eso sí, es difícil que el enorme diferencial abierto por Bolsas como la alemana en 2010 se prolongue en 2011. Este año el Dax ha subido el 16% por una caída del 17,4% en el Ibex 35.

Por una parte, el parqué doméstico ofrece precios atractivos, una elevada rentabilidad por dividendo -un 5,6% previsto según el consenso de Facset para la Bolsa española- y un negocio más diversificado de lo que podría inferirse del castigo sufrido durante este año. Por el contrario, los expertos también consideran el Ibex una opción de más riesgo.

A nivel global, también los informes de análisis prevén ese mundo a dos velocidades. El PIB del mundo crecerá entre el 4% y el 4,5%. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), las economías emergentes crecerán el 6,4% y las desarrolladas, el 2,2%. China o India mantendrán su pujanza actual, algo de que lo que se aprovecharán, sin duda, las industrias exportadoras o los productores de materias primas. Países como Alemania, Suiza, Suecia, Canadá o Australia lo agradecerán. Mientras, Estados Unidos crecerá un 2,2% y tanto la zona euro como Japón se quedarán en un gris 1,5%, también según las previsiones del FMI.

Esta dualidad tiene implicaciones a nivel de inversión y de política monetaria. En EE UU, Japón o la zona euro hay fuertes presiones deflacionistas; según Bank of America la desviación del PIB respecto al PIB potencial es del 4,1% en EE UU y del 3,2% en la zona euro. Esto mantendrá amarrados a la baja los tipos de interés. Pero en las economías emergentes la presión es inversa, dado que, además, sus economías son más dependientes de las materias primas. Especialmente preocupante es el caso de China, por dos motivos, porque el recalentamiento obligue a echar el freno a la economía con más tirón del mundo o porque se encargue de ello el estallido de la burbuja inmobiliaria, que algún experto vislumbra desde hace ya varios trimestres.

En cualquier caso, el entorno de tipos a la baja es una invitación a que el dinero busque el rendimiento. Es un tanto a favor de la inversión en renta variable, según expertos como los de Schroders, que también consideran que la fase actual del ciclo económico es la más positiva para las acciones. Las materias primas también van a dar que hablar durante este ejercicio. El petróleo ya ha alcanzado los niveles más elevados desde 2008, son muchas las materias primas que registran revalorizaciones de vértigo en los últimos seis meses -desde la plata al arroz, pasando por el cobre-. Y todo hace pensar que esta tendencia continuará.

El escenario de tipos bajos, costes controlados tras dos años de ajuste y perspectivas de fuerte crecimiento en economías emergentes es positivo para las grandes empresas que estén internacionalizadas y tengan acceso a financiación directa del mercado. Es esta perspectiva la que sostiene, en buena medida, las expectativas sobre la Bolsa. Pero eso no tiene por qué notarlo el ciudadano de a pie. Como resume Citi, las compañías occidentales "han recortado los costes laborales en los países desarrollados, recortado inversiones para trasladarlas a áreas de costes más bajos y han buscado nuevos mercados".

Así, en un mundo de dos velocidades, España está en la velocidad lenta. El año que comienza será la oportunidad de reducir esa brecha.

Las claves de 2011

Desempleo. La tasa seguirá rondando el 20%.

Deuda pública. Las amortizaciones se estiman en 148.700 millones.

PIB. El Gobierno prevé un alza del 1,3%, frente al 0,7% del FMI y Funcas.

Financiación. El crédito seguirá restringido.

La reforma de las pensiones, la primera gran cita del año

El año arranca con una fecha clave, el próximo 28 de enero. Es el día en el que el Gobierno tiene previsto aprobar el proyecto de ley en el que se reformará el sistema público de pensiones y por el que se ampliará la edad oficial de jubilación de los 65 a los 67 años de edad. Organismos internacionales como la OCDE y el FMI y la propia Comisión Europea han reclamado esta reforma a las autoridades españolas, junto un conjunto de cambios estructurales -como la reforma laboral y la de las cajas de ahorros- que buscan la ortodoxia presupuestaria y la reconciliación de los mercados con España.

Con el objetivo de reforzar la credibilidad ante los inversores, el Gobierno se ha comprometido a no ceder en la nueva edad de jubilación, a pesar de que no haya habido acuerdo en esta materia en el Pacto de Toledo.

Retirarse de la diana del mercado

El axioma de que la economía española es demasiado grande para caer llegó a estar en entredicho en los momentos más crudos del ataque a la deuda soberana española, el pasado mes de noviembre, cuando la prima de riesgo rozó los 300 puntos básicos. La posibilidad de que lo sucedido en Grecia o Irlanda pudiera ocurrir en España disparó aún más si cabe las alarmas en la Unión Europea y requirió un renovado esfuerzo de las autoridades comunitarias -y por supuesto españolas- para calmar a los mercados.

España ha alejado el fantasma del rescate pero sigue en la cuerda floja, a pesar de las grandes diferencias que la separan de la crítica situación vivida por Grecia o Irlanda. Respecto a la primera, no hay dudas sobre el grado de fiabilidad de las cuentas públicas españolas, que arrojan un nivel de deuda sobre PIB inferior al del resto de países de la Europa periférica, y frente a Irlanda, la banca española está lejos de sufrir el agujero inmobiliario de la banca irlandesa, cuya cobertura ha terminado por desequilibrar al Estado.

España deberá seguir desmarcándose este año de las tesis más apocalípticas y tendrá que hacerlo a golpe de ajustes presupuestarios y reformas estructurales. Por lo pronto, gracias a las medidas que se han ido tomando en materia fiscal, 2010 se cierra con un volumen de deuda inferior a lo previsto en 14.700 millones de euros. Y la previsión es que las subastas de deuda neta que realizará el Tesoro en 2011 serán un 24% inferiores a las del año precedente. Es decir, la financiación del déficit y las amortizaciones de deuda exigirán 47.200 millones de euros, frente a los 62.100 millones de euros de 2010.