EDITORIAL

La deuda pública daña el crédito

Hasta 7,6 billones de euros en títulos de deuda pública deberán emitir los Tesoros de las grandes economías europeas, EE UU y Japón en 2011 para atender los vencimientos de los títulos en circulación y financiar el déficit generado en el ejercicio. Aunque hayan sido considerados siempre activos seguros, ahora lo son más por los riesgos que siguen atenazando la inversión en renta variable en todo el mundo, estigma que no superará hasta que se resuelva definitivamente la crisis de los sistemas bancarios.

Pero la renovada competencia por la captación del ahorro mundial que han desatado los Tesoros ha hecho cada vez más cara y dificultosa la colocación de los títulos de los países que generan dudas sobre su capacidad de repago, de los que en la vieja Europa hay ahora varios ejemplos. España, que levanta una elevada dosis de escepticismo en los mercados, tiene un nivel de deuda gobernable, pero no es capaz de evitar un sobrecoste. Pero el efecto secundario del sobrecoste es aún más dañino para la economía productiva. Además de contagiar los tipos altos de captación para las empresas, los Estados acaparan tal cantidad de recursos que reducen la financiación a la economía productiva y, en paralelo, elevan su coste. Por ello, reducir déficit es reducir deuda, y con ella, coste de financiación para el crecimiento.