Adaptarse a los nuevos cambios en la sociedad

La llegada del cambio a las universidades ya es imparable

Se encuentran en una encrucijada: dirigir o ser dirigidas. Si ellas no lideran su propia transformación, otros lo harán

No viven ajenas a lo que acontece en la sociedad. Las universidades, lo mismo que sucede con las empresas, las instituciones y las personas, han de saber adaptarse a los cambios, buscar su sitio dentro de un entorno global y tener capacidad para responder ante lo impredecible. Ya nada es como antaño, cuando los cambios se hacían reposadamente, con tiempo; ahora el reloj apremia, porque la sociedad y el conocimiento, que es el motor de la economía, van a gran velocidad y se puede correr el riesgo de quedarse obsoleto.

Para que esto no suceda y porque sobre la universidad se va a ejercer "una creciente e intensa presión desde los entornos políticos, económicos y sociales", debe, "sin perder la esencia que la historia ha depositado en ella, adelantarse en las respuestas", argumenta Manuel J. Tello, catedrático de Física de la Universidad del País Vasco, en el libro La universidad, una historia ilustrada, editado por Banco Santander, donde se hace un repaso histórico al papel desempeñado por estas instituciones y los principales retos que debe afrontar. Como asegura Emilio Botín, presidente de la entidad financiera, "al inicio del tercer milenio, tiene un papel fundamental como institución vertebradora de las sociedades modernas".

Realmente, ya se está en la sociedad intensiva del conocimiento, y en este sentido, las universidades deben ser conscientes de que su respuesta no se puede reducir al ámbito de la ciencia aplicada y la tecnología, sino que "debe abarcar también el mundo de las ideas y el de la cultura en un contexto global", prosigue el profesor Tello, que anima a estas instituciones a liderar el cambio, aunque para ello han de actuar como conciencia crítica y libre, por encima de los intereses políticos y económicos.

La crisis económica puede retardar esta transformación de las instituciones educativas. "En el mundo abundan los ejemplos en que los poderes públicos en época de crisis, e incluso sin haberla, no contemplan la educación superior como una prioridad nacional", señala Tello. Lo cierto es que el presupuesto para 2011 del Ministerio de Educación, de 2.976 millones de euros, disminuye un 7,3% con respecto a 2010. La partida de becas y ayudas al estudio se incrementa un 2,6% llegando a los 1.430 millones de euros. Dentro de la partida para universidades, el Programa Campus de Excelencia Internacional obtiene 98,3 millones de euros, un 8,7% más que en el presente ejercicio. Este año optan 22 proyectos a la calificación Campus de Excelencia Internacional, en los que participan 39 universidades españolas, que han apostado por la colaboración y la especialización.

De esta manera, desde el ministerio de Educación se sostiene que el presupuesto de la Secretaría General de Universidades estará en línea con las prioridades fijadas por la Estrategia Universidad 2015 para la modernización de los campus españoles: dimensión social de la universidad; búsqueda de la excelencia en las tres misiones académicas (docencia; investigación; y transferencia del conocimiento y responsabilidad social universitaria), e internacionalización de las universidades. También se prevé subvenciones a estas instituciones y a las comunidades autónomas para el impulso de los programas de doctorado (11,5 millones de euros) y para la transferencia de conocimiento y el impulso de la responsabilidad social universitaria (6,5 millones de euros).

La universidad se encuentra en una encrucijada. Los expertos apuntan a que será muy diferente a la vigente durante los mil de años de su existencia. En el camino, señala el catedrático de la Universidad del País Vasco, existen dos opciones: dirigir o ser dirigido. Esto significa que si la universidad no cambia por iniciativa propia, otros serán los que dirijan su transformación. O reinventa su misión o se la impondrán. Por lo que el planteamiento correcto sería abandonar la posición de resistencia y pasar al otro lado de la barricada para ejercer un papel de liderazgo en el cambio de la nueva sociedad del siglo XXI, en que aparecen nuevos factores, como la complejidad, la diversidad y la sostenibilidad.

La universidad tiene encomendadas tres funciones claras: preparar para la vida profesional, investigar y preservar cierta tradición humanista. La primera misión incluye una amplitud de miras, según recoge en su escrito en la citada obra el catedrático y ex rector de la Universidad de Barcelona, Josep María Bricall, quien habla de la necesidad de "renovar los conocimientos a lo largo de la vida, lo que conlleva a un regreso a las instituciones formativas, más allá de los periodos tradicionales de estudio". La práctica de esta formación no sólo ha aumentado el número de estudiantes que acuden a las universidades, "sino que ha hecho surgir nuevos tipos de alumnos". En este sentido, la OCDE distingue entre young adults (adultos jóvenes), aquellos que permanecen en la universidad por encima de la edad habitual; second biters (segunda ocasión), son los que regresan a ella para complementar sus estudios, y second chancers (segunda oportunidad), los que piden una nueva oportunidad por no haber podido acceder en su momento.

Todas estas circunstancias están modificando y complicando el esquema de los planes de estudio, apostando por favorecer la flexibilidad y el diseño a medida del expediente académico de los alumnos. "Hay una necesidad de organizar una mayor oferta de servicios de asesoramiento y de supervisión y orientación por parte de la universidad", agrega Bricall.

La investigación es otra de las actividades que se genera en los campus, y se han configurado como instituciones decisivas para el progreso científico. El catedrático de la Universidad de Barcelona echa la vista atrás y recuerda que fue la crisis de las universidades europeas durante los siglos XVI y XVII la que llevó a introducir la ciencia experimental en los sistemas universitarios. Fue el germen de la configuración de lo que es hoy la universidad: la unión de la enseñanza y la investigación. Sirva como ejemplo, lo expone Bricall, que las universidades emplean actualmente al 34,4% de los investigadores europeos (15% en Estados Unidos y 37,1% en Japón), y asumen el 80% de la investigación básica llevada a cabo en el continente.

En este sentido, Bricall alerta de que la investigación se torna cada vez más compleja, debido a la cantidad de organismos (institutos de investigación, centros de investigación y desarrollo, empresas instaladas en los campus, etc.,). Por tanto, los acuerdos entre las universidades y las entidades colaboradoras es vital para la política científica universitaria y, a la larga, expresa su capacidad de gestión autónoma o su grado de dependencia. "Se corre el riesgo de que la universidad acabe siendo comisionista de una investigación que se decide al margen de la institución y cuyos resultados afectan a laboratorios del sector productivo", señala este experto.

La tercera función, la preservación de la tradición humanista, esto es, de los valores sociales y de las actuaciones dirigidas al servicio de la sociedad, cobra especial relieve, hoy día, cuando se reconoce a los recursos humanos como el factor más importante de desarrollo económico y social.

Un nuevo modelo de financiación empresarial

Es un círculo vicioso. Por un lado, las universidades han de atender las nuevas demandas sociales que tienen por delante, ya que un país competitivo pasa por tener una educación superior robusta. Por otro lado, la inversión pública disminuye, con lo cual las universidades se ven con dificultades, tal y como está planteado el modelo de financiación, para atender todas las actividades que han de poner en marcha. O lo que es peor, la falta de recursos puede mermar la calidad.

Una de las propuestas para aliviar esta carga es incrementar las tasas de las matrículas que pagan los estudiantes. Esta idea puede generar un cierto conflicto social, pero pasa por ir acompañada de un potente sistema de becas y ayudas. Sirva como ejemplo que en España, el alumno de una universidad pública paga menos del 20% de lo que cuesta la enseñanza que recibe. El último informe de la OCDE, según datos que recoge La universidad, una historia ilustrada, refleja que la parte del coste de la docencia universitaria asumida por la Administración oscila entre el 97% de Noruega y el 34% de Estados Unidos.

Para aliviar la falta de recursos, muchas universidades salen a venderse, a través de transferencia tecnológica, consultoría, centros de salud o formación continua. Según el catedrático de la Universidad del País Vasco, Manuel J. Tello, "han empezado a incorporar una cultura que les era ajena, como la cultura empresarial". Lo que implica acciones para atraer a los estudiantes con más talento hasta competir por los fondos disponibles en el mercado de la I+D, tanto públicos como privados. Otra alternativa, vigente ya en muchos países, es la búsqueda de donaciones, que pueden ser decisivas en el presupuestos de las universidades.

El campus didáctico frente al campus virtual

La educación es un hecho espacial, lo que significa que siempre ha ido acompañada de un marco físico específico. "La historia de la universidad es la historia de sus realidades edificadas", expone el catedrático Pablo Campos Calvo-Sotelo, profesor de Arquitectura en la Universidad San Pablo-CEU. La universidad no es posible sin un campus, en el que tienen cabida aulas, laboratorios, despachos, áreas sociales y deportivas. A lo largo de su historia, la universidad ha ido cambiado su silueta arquitectónica, ha ido sofisticándose, a medida que su complejidad y dimensión iban en aumento. Tanto es así que desde la segunda mitad del siglo XX, la universidad se convirtió en una macroestructura, debido a la masificación, con una característica más, como asegura Campos Calvo-Sotelo, su "periferización".

Pero, ¿hacia qué tipo de campus se encaminan las universidades? El experto universitario tiene algunas de las respuestas, ante los vientos de cambio. "Se propugna un salto hacia la excelencia del campus a escala internacional y, por otro lado, se ensalzan las virtudes de la telecomunicación como paradigma docente". Este conflicto, agrega el arquitecto, pone sobre la mesa la dicotomía entre contacto humano y enseñanza no presencial. "Esto nos obliga a reflexionar sobre la misión primordial de la universidad, cuál es la formación integral del ser humano, cómo ésta se haya ligada al contacto personal". Para ello se necesitan espacios que lo favorezcan. Y como dijo el arquitecto Richard Dober en el MIT: "Internet transmite datos, pero no valores".