La UE exige reformas estructurales

Alemania impone más sanciones en el nuevo Pacto de Estabilidad

Berlín impuso el viernes gran parte de su agenda durante la primera reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la UE para reforzar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. La reforma, que se espera concluir antes de final de año, incluye un endurecimiento de las sanciones y la obligación de todos los países de respetar por ley los compromisos de rigor fiscal pactados en Bruselas.

El primer ministro británico, David Cameron, y la canciller alemana, Angela Merkel, en Berlín.
El primer ministro británico, David Cameron, y la canciller alemana, Angela Merkel, en Berlín.

La primera reunión del grupo de trabajo para reformar el pacto, dirigido por el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, apenas duró tres horas y media, pero dejó claro que la agenda alemana para endurecer las normas presupuestarias de la UE se abren camino de manera inexorable. "No es que me haya sorprendido, pero me complace haber comprobado que todo el mundo está a favor de un pacto más riguroso y de incluir nuevas sanciones", resumió Van Rompuy el encuentro en una rueda de prensa posterior. El presidente del Consejo aseguró haber apreciado durante la reunión "una sensación de urgencia" que le anima a intentar concluir las propuestas de reforma en octubre de este año, dos meses antes de lo previsto. Entre las nuevas sanciones podrían figurar desde la privación de los fondos estructurales hasta la suspensión del derecho de voto en el Consejo de la UE.

Rompuy identificó los cuatro objetivos de esa reforma, sobre los que ya parece haber consenso: reforzar el pacto; un marco de disciplina para reducir las divergencias económicas entre los países; un mecanismo de resolución de crisis similar al utilizado para el caso griego; y una coordinación económica más estrecha para poder reaccionar con más rapidez ante futuras crisis.

El guión pactado sigue casi punto por punto el plan presentado al Grupo por el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble. "No se puede permitir que una crisis del tipo griego vuelva a golpear de nuevo a la Unión Monetaria", señaló Schäuble en un documento que, de facto, se ha convertido en la referencia para los miembros del Grupo, estén a favor o en contra de las tesis alemanas.

Schäuble parece haber encontrado más resistencia en su idea de regular la suspensión de pagos de los países en dificultades. Ningún otro socio la apoyó, de momento Y Van Rompuy se cuidó de precisar que, en cualquier caso, esa propuesta está totalmente desvinculada del programa de rescate para Grecia y el de 750.000 millones de euros establecido para toda la zona euro.

La ministra española, Elena Salgado, también intentó resistirse al diktat alemán y aseguró a su llegada a Bruselas que esperaba discutir "las propuestas de Van Rompuy". Pero Berlín ya se había aliado con París para cerrar la pinza sobre el resto de la Unión. La ministra francesa, Christine Lagarde, cerró filas con Schäuble nada más llegar a Bruselas. "Son propuestas muy interesantes que van realmente en la buena dirección", elogió la ministra francesa. Al término de la reunión, Schäuble y Lagarde incluso hicieron de manera conjunta la rueda de prensa final para dejar claro la coincidencia de los dos países.

El objetivo de Berlín es establecer una camisa de fuerza fiscal hasta el punto de obligar a los países a establecer por ley los compromisos de rigor presupuestario. Y exigir a nivel comunitario reformas estructurales a los países menos competitivos. Como ha dicho Schäuble, los tiempos de la diplomacia en economía se han terminado. El resto le recordó que por culpa de Berlín se flexibilizó el pacto en 2005.

Una auditoría de la previsión de cada Gobierno

El endurecimiento del Pacto de Estabilidad que se comenzó a negociar en Bruselas el viernes no sólo afectará a los instrumentos de castigo sino también a la parte preventiva. Tanto Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo y del Grupo de Trabajo encargado de la reforma del pacto, como el Gobierno alemán, que ha asumido el liderazgo de facto en la tarea, defienden una revisión previa de los presupuestos nacionales para evitar derrapes fiscales a posteriori.

En particular se trataría de auditar o verificar las premisas en que se basan esos presupuestos (como crecimiento potencial, recaudación impositiva estimada, etc.) para comprobar su fiabilidad. Durante los últimos años, sobre todo en momentos de crisis, la Comisión Europea ha señalado repetidamente que los presupuestos de algunos países se basaban en previsiones demasiado optimistas. Pero esa señal de alarma no tuvo ninguna consecuencia política o económica en la práctica.

En el nuevo pacto, la verificación podría ser mucho más estricta. Van Rompuy cree que la CE podría seguir realizándola, aunque con la colaboración del Banco Central Europeo en el caso de los países de la zona euro.

Pero Berlín ni siquiera contempla la participación de la CE. El documento presentado al Grupo de Trabajo por el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, apunta al BCE o a un grupo de expertos independientes, como únicos encargados de auditar las previsiones de cada Gobierno. El Grupo de Trabajo espera presentar propuestas definitivas sobre esa y otras reformas en el mes de octubre. Entonces se podría decidir cómo plasmarlas legalmente.