EDITORIAL

Hay más certezas que dudas sobre la actividad

La volatilidad se ha instalado en las últimas semanas en unos mercados financieros, atrapados entre la especulación, el temor a una cadena de impagados en la deuda soberana y el miedo a una recaída de la actividad. Los movimientos espasmódicos de la renta variable y los tipos de la deuda en Europa han empujado al euro a cotizaciones desconocidas en los últimos 15 meses (por debajo de 1,25 dólares), además de desencadenar una actividad frenética de los líderes políticos y financieros europeos para defender a la moneda única, que supuestamente, aunque sólo en la mente colectiva de los mercados, estaba al borde del colapso.

En todas las grandes crisis financieras o de otra naturaleza, si el erario público ha tenido que hacerse cargo de los gastos, suele sobrevenir una ulterior crisis fiscal de los Estados. Sus abultados gastos anuales y la acumulación de deuda son resueltos con relativa facilidad si están muy localizados en uno o dos países. Pero en este caso, como la crisis financiera ha sido global, porque global es la economía desde hace unas décadas, global es también la presión de la deuda soberana. Y pese a existir ahorro mundial suficiente para financiarla, la competencia entre los Tesoros provoca asimetrías brutales en los tipos de interés, hasta el punto de desatar los temores, fundados en algunos casos, de impagos. Ello ha desatado una reacción correctiva de los desequilibrios fiscales que, aunque pueda parecer neurótica, es básica para recomponer las bases del crecimiento de las economías. Y en el caso de Europa es fundamental para evitar una desintegración de la zona euro.

Pero los programas acelerados de recorte de gasto, como el español, el portugués, el griego o el francés, seguidos de una súbita retirada de los estímulos fiscales que hasta hace sólo unas semanas constituían el débil pilar de un crecimiento más débil todavía, han desatado el temor a una severa recaída en la actividad económica, una nueva recesión, un nuevo temor a la gran depresión. Eso es lo que, al parecer, ha desatado las ventas masivas en las Bolsas en el tramo final de la semana, y que en el caso español ha supuesto un descenso de casi el 7% el viernes. Ello a su vez ha desencadenado de nuevo los temores a que lo que los mercados demanden sean medidas adicionales de ajuste cuando aún no se han digerido las de esta semana.

De repente pueden desaparecer, en unos pocos meses, no menos de 100.000 millones de euros de gasto que estaba a disposición de familias y pequeñas empresas. Pero es demasiado aventurado creer que tal cosa pueda devolver a las economías a la oscuridad de la recesión, cuando la literatura clásica admite que el control del déficit contribuye a recomponer las bases del crecimiento. La economía no puede vivir de manera asistida siempre, con un keynesianismo perpetuo. Pero las señales de la recuperación son ya consistentes en muchos países, trasladadas incluso al comportamiento de las empresas cotizadas. Es el caso de las españolas, que han puesto fin a la racha contractiva de sus beneficios, que, por otra parte, han mantenido durante los dos años largos pese a la recesión. Tras casi dos años de recorte de los resultados, las grandes firmas cotizadas han recuperado en el primer trimestre la senda alcista, una mejora que refleja los importantes ajustes que han realizado en sus balances, pero que también pone de manifiesto los primeros síntomas reales de recuperación de la actividad económica.

El resultado neto agregado de las empresas del Ibex, que han presentado ya sus cuentas con la excepción de Inditex, que tiene un calendario heterogéneo, refleja un crecimiento del 20% interanual en los tres primeros meses del año. Pero más allá de los datos del trimestre pasado, si se pone el foco en el futuro, las perspectivas invitan por primera vez en muchos meses a un moderado optimismo. La mayoría de las empresas ha registrado avances en sus ventas y ha empezado a lanzar el mensaje de que la mejora registrada en el primer cuarto del año se va a extender a los próximos trimestres. Otra señal apreciable de esta recuperación es que está liderada por las compañías más vinculadas al ciclo económico y con amplia presencia en el exterior, que están aprovechando la recuperación de la economía internacional. Tarde o temprano, el valor de los fundamentales aparecerá en el precio.