José María Merino - Escritor, miembro de la Real Academia Española

"Me sorprende oír hablar de dinero a escritores jóvenes"

El leonés acaba de publicar Cuentos del otro lugar, un volumen en el que recopila su obra breve de las últimas décadas-

Para muchos el mejor cuentista español vivo, José María Merino es ante todo un enamorado de la literatura en todas sus formas: oral o escrita, breve o extensa... Su último libro, Historias del otro lugar (Alfaguara), recoge su producción corta de 1982 a 2004.

Su último libro muestra su evolución como cuentista, ya totalmente desprejuiciado de usar temas fantásticos.

Con los años de escritura, uno va descubriendo sus temas, sus manías, sus registros. Y a mí hay temas que me surgen de manera totalmente natural. Aunque también es verdad que la literatura me sirve para entenderme a mí mismo un poco. Así que supongo que, aunque no hubiera obtenido ningún reconocimiento, habría escrito sobre lo mismo. En el libro con el que estoy en este momento sigo con mis manías, con las cosas que me obsesionan: el tema del doble, el de la metamorfosis, la rara relación entre la vigilia y el sueño, lo inaprensible del espacio-tiempo, que intuimos que tiene acechanzas de cosas que no conocemos... Lo extraño que es el mundo, lo extraña que es la realidad.

¿Se está produciendo una apertura definitiva de la literatura española a los temas fantásticos?

Creo que el escritor de lo fantástico se siente más seguro porque hay gente que lo comprende, está más arropado. Se producen hechos como congresos universitarios especializados, estudios muy valiosos... Pero el lector común sigue teniendo hacia lo fantástico una postura de lejanía. Creo que procede de un prejuicio centenario de origen eclesiástico, con un temor a lo imaginario como cosa no racional, supersticiosa, que podría competir con las verdades reveladas.

El cuento, del que usted es distinguido practicante, ha sufrido igualmente malos tiempos.

Borges llegó a decir que si la novela desapareciera, el cuento perviviría. Porque la forma natural del hombre de enfrentarse a la realidad es la ficción, y el cuento es la forma primigenia de expresión literaria. Pero hoy hay muchos más lectores de novelas que de cuentos.

Además, hay ideas que no pueden extenderse más allá de un relato...

Totalmente de acuerdo. La flexibilidad y versatilidad del cuento permiten contar cosas totalmente diferentes a las de la novela. Por citar un caso, me ocurre con el tema del doble. Puedo desarrollar una idea al respecto perfectamente en nueve folios, pero no da para una novela. Puedo escribir variantes, como hice recientemente cuando escribí tres relatos contando tres puntos de vista de la misma historia. Es interesante ver cómo novelistas canónicos, cuando se acercan al relato, lo hacen con temas fantásticos, que encajan perfectamente en esa otra extensión.

A cambio, existe el problema comercial, ¿es cierto que los volúmenes de cuentos se venden menos?

Yo jamás me he planteado eso. Escribo lo que me gusta, lo que me ha dado la gana. Incluso me he dedicado en la vida a otras cosas para comprar tiempo con el que poder escribir más. Me llama la atención escuchar hoy a los escritores jóvenes hablar de dinero. Mi generación no hablaba nunca de dinero, y no lo digo como una virtud, sólo como un hecho. Entendíamos la literatura como una forma de comprender el mundo, éramos lectores, y aunque existía ya el best seller, no pensábamos en el dinero en relación con nuestro trabajo. Sí es cierto que, por lo general, el cuento ha rendido menos, con las excepciones que supongo que habrán existido para autores como Guy de Maupassant o Julio Cortázar. Claro que el cuento tiene menos lectores, pero al menos son muy inteligentes. Y yo valoro tener lectores que entren en lo que yo hago, lo comprendan y lo disfruten.

Sin temor a las nuevas tecnologías

Hay quien considera que las nuevas tecnologías aplicadas a la literatura pueden resultar especialmente beneficiosas para los formatos más breves, que tendrán así vías no convencionales para su comercialización.

José María Merino, desde luego, no teme al e-book: "Recuerdo la historia de Fernando Colón, que poseía una de las mayores bibliotecas de España en el siglo XV. Cuando llega el libro impreso, Colón piensa que son una degradación, que el verdadero libro es un manuscrito caligrafiado, preferiblemente miniado... Con eso ya está dicho todo. Creo que las nuevas tecnologías serán al libro lo que fue la imprenta para el manuscrito. Me parece que seguirán conviviendo los dos, aunque sea con el libro como un objeto muy refinado, para minorías, como le está pasando al periódico".

Por poner un caso concreto, considera que a la ficción más breve, el microrrelato o minicuento, le ha ayudado: "Se defiende muy bien en esos nuevos formatos y vive un momento de expansión. Incluso sortea mejor los problemas de derechos de autor...".

El académico asegura que, en su momento, no le importará irse "de vacaciones con sólo un e-reader, cargado con enciclopedias, novelas y libros de poemas. Aunque luego, en casa, siga prefiriendo pasar las páginas, manejar el libro como siempre". El tema, por el momento, no ocupa las conversaciones en la Real Academia, que siguen centradas "en los conceptos en sí, en la riqueza del lenguaje".