Regulación internacional sobre recursos propios

El triste peregrinaje hacia la nueva normativa

Los principios de Basilea II han quedado obsoletos antes incluso de haberse aplicado

Basilea II no ha llegado a aplicarse de forma generalizada y, sin embargo, Basilea III ya está llamando a la puerta de las entidades financieras de todo el mundo. ¿Qué ha pasado para que el anterior acuerdo de los banqueros centrales no lograra mitigar los efectos de la crisis financiera? ¿Será suficiente con los nuevos requisitos que ahora se están debatiendo?

La regulación sobre recursos propios de Basilea nació en 1988, cuando los bancos emisores de las principales economías desarrolladas se pusieron de acuerdo para establecer el capital mínimo que deben tener los grupos bancarios en función de los riesgos que afrontan.

El acuerdo establecía una definición de capital regulatorio, compuesto por elementos agrupados en dos categorías, en función de si cumplen ciertos requisitos de permanencia, de capacidad de absorción de pérdidas y de protección ante quiebra.

En 2004, el comité de supervisión del Banco de Pagos Internacionales de Basilea llegó a un acuerdo para revisar y ampliar el esquema previo de capital regulatorio. El propósito era crear un marco normativo internacional que permitiera a los reguladores establecer cuánto capital deben reservar las entidades financieras en función del tipo de operaciones y riesgos que afrontan.

Sus defensores creían que Basilea II protegería al sistema financiero internacional de potenciales quiebras de bancos pero, en la práctica, la nueva regulación no pudo evitar que se desencadenara la crisis subprime, el epicentro de la mayor recesión económica de los últimos 60 años.

Para sus detractores, Basilea II conlleva una complejidad excesiva en el cálculo de las ratios de capital, al pasar de contabilizar activos, sin más, a tener en cuenta los activos ponderados por riesgo.

"La crisis ha llegado con Basilea II a mitad de camino, de manera que va a llegar una Basilea III antes de que Basilea II haya entrado en vigor completamente. Está demostrado que hay riesgos de otra naturaleza, que no se pueden determinar con modelos estadísticos. Eso vale para miles de operaciones rutinarias a lo largo de años, pero esa estadística no vale para riesgos por la toma de posición en productos financieros negociados en mercados no regulados", explicaba recientemente el presidente de Bankinter, Pedro Guerrero, en una entrevista.

Basilea III va a tratar de cubrir las lagunas de la anterior regulación por medio de tres vías: más uniformidad en la definición de los niveles mínimos de core capital, exigencias de más recursos propios y, sobre todo, de mayor calidad.