Regulación internacional sobre recursos propios

Basilea III, la nueva tormenta regulatoria que amenaza a la banca europea

La necesidad de contar con más capital y de mejor calidad limitará la rentabilidad y los dividendos de las entidades

Basilea III, la nueva tormenta regulatoria que amenaza a la banca europea
Basilea III, la nueva tormenta regulatoria que amenaza a la banca europea

Un tortuoso viaje de Málaga a Malagón. Eso es lo que le espera a la banca europea en los próximos 30 meses. Ahora que las turbulencias financieras empiezan a olvidarse y el Viejo Continente sale poco a poco de la atonía económica, una nueva amenaza se cierne en el horizonte de su sector bancario: la nueva regulación internacional sobre recursos propios, conocida como Basilea III, cuya entrada en vigor está prevista para finales de 2012.

Hasta el momento, tan sólo existen borradores sobre cuáles serán las líneas maestras que van a exigir los bancos centrales en materia de solvencia, pero pocas veces un boceto ha levantado tanta polvareda. De acuerdo con los pronósticos elaborados por varias casas de inversión, las nuevas exigencias pueden obligar a los grupos financieros europeos a captar 139.000 millones de euros para reforzar su capital. Este colosal esfuerzo supondrá también que la rentabilidad de las inversiones caerá notablemente, al igual que los dividendos distribuidos a los accionistas. También los salarios del sector se verán afectados. Pero, vayamos por partes.

El nuevomarco internacional enmateria de solvencia es hijo del difícil contexto en que comenzó a fraguarse. Cuando la tormenta subprime se desató en el verano de 2007 y sembró la desconfianza entre las entidades financieras de todo el mundo, el fracaso de la anterior regulación -conocida como Basilea II- se puso en evidencia. Los esfuerzos de los reguladores por medirmejor los riesgos bancarios habían sido en balde y muy pronto se vio la necesidad de reelaborar las definiciones y exigencias en materia de recursos propios.

Los principales rasgos de la nueva regulación, según los detalló recientemente el consejero de Santander Antonio Escámez, son: mayores requerimientos de recursos propios, exigencia de capital de más calidad, definición homogénea de los distintos tipos de capital y conexión directa entre el perfil de riesgo y las obligaciones en cuanto a la solvencia.

Estas premisas tendrán importantes consecuencias para las entidades financieras europeas, especialmente para las francesas y británicas. Según explicó recientemente el presidente de Banco Sabadell, José Oliu, citando un estudio de BNP Paribas, la puesta en práctica de Basilea III supondrá una merma en el capital de máxima calidad del 42%. Así, entidades británicas que ahora superan el 8%de ratio de core capital podrían verlo reducido al 4%.

La buena noticia para las entidades financieras nacionales es que la nueva normativa va a afectarles poco. De acuerdo con un informe elaborado por JP Morgan, Santander y Banco Popular son dos de los bancos europeos que menores necesidades de capital van a tener. En otro estudio, confeccionado por la firma Credit Suisse, se asegura que Santander tiene un exceso de capital de 13.000 millones de euros y BBVA, de 6.500 millones.

El gran temor para la banca española viene por la penalización que se avecina a las participaciones industriales. El director general de La Caixa, Juan MaríaNin, explicó durante la última presentación de resultados que éste es el aspecto donde más está batallando la caja en los foros internacionales. "Nosotros apostamos por la inversión a medio y largo plazo en el sector industrial, y no creemos que esto debamermar nuestros ratios de solvencia", aseguró.

También preocupa en el mundo de las cajas de ahorros la dificultad para generar capital. Según explicaba hace poco el presidente de Cajastur, Manuel Menéndez, la caída de ingresos y la morosidad van a limitar radicalmente la capacidad del sector de generar orgánicamente recursos propios. Este factor, unido a la escasa popularidad de las cuotas participativas, el único instrumento que tienen las cajas para captar capital, hace que éstas vean con cierto temor la llegada de la nueva regulación.

En los últimos dos meses, la conocida comoley Volcker, de EstadosUnidos, ha hecho sombra al debate sobre Basilea III. Sin embargo, los analistas consideran que esa normativa, que pretende limitar el tamaño de los grandes conglomerados financieros y obligarles a segregar sus filiales de hedge funds, no llegará a aplicarse y, en cambio, los nuevos requisitos de recursos propios sí que cambiarán el panorama de la industria bancaria mundial.

Aun así, está por ver el efecto real que tendrán. Durante 2010 está abierto el periodo de alegaciones para los supervisores financieros nacionales y son muchos quienes confían en que al final se acabará descafeinado notablemente la propuesta inicial. Además, será cada regulador quien decida cómo y a qué ritmo se irá aplicando Basilea III a cada entidad financiera.

El triste peregrinaje hacia la nueva normativa

Basilea II no ha llegado a aplicarse de forma generalizada y, sin embargo, Basilea III ya está llamando a la puerta de las entidades financieras de todo el mundo. ¿Qué ha pasado para que el anterior acuerdo de los banqueros centrales no lograra mitigar los efectos de la crisis financiera? ¿Será suficiente con los nuevos requisitos que ahora se están debatiendo?

La regulación sobre recursos propios de Basilea nació en 1988, cuando los bancos emisores de las principales economías desarrolladas se pusieron de acuerdo para establecer el capital mínimo que deben tener los grupos bancarios en función de los riesgos que afrontan.

El acuerdo establecía una definición de capital regulatorio, compuesto por elementos agrupados en dos categorías, en función de si cumplen ciertos requisitos de permanencia, de capacidad de absorción de pérdidas y de protección ante quiebra.

En 2004, el comité de supervisión del Banco de Pagos Internacionales de Basilea llegó a un acuerdo para revisar y ampliar el esquema previo de capital regulatorio. El propósito era crear unmarco normativo internacional que permitiera a los reguladores establecer cuánto capital deben reservar las entidades financieras en función del tipo de operaciones y riesgos que afrontan.

Sus defensores creían que Basilea II protegería al sistema financiero internacional de potenciales quiebras de bancos pero, en la práctica, la nueva regulación no pudo evitar que se desencadenara la crisis subprime, el epicentro de la mayor recesión económica de los últimos 60 años.

Para sus detractores, Basilea II conlleva una complejidad excesiva en el cálculo de las ratios de capital, al pasar de contabilizar activos, sin más, a tener en cuenta los activos ponderados por riesgo.

"La crisis ha llegado con Basilea II a mitad de camino, de manera que va a llegar una Basilea III antes de que Basilea II haya entrado en vigor completamente. Está demostrado que hay riesgos de otra naturaleza, que no se pueden determinar con modelos estadísticos. Eso vale para miles de operaciones rutinarias a lo largo de años, pero esa estadística no vale para riesgos por la toma de posición en productos financieros negociados en mercados no regulados", explicaba recientemente el presidente de Bankinter, Pedro Guerrero, en una entrevista.

Basilea III va a tratar de cubrir las lagunas de la anterior regulación por medio de tres vías: más uniformidad en la definición de los niveles mínimos de core capital, exigencias demás recursos propios y, sobre todo, de mayor calidad.

Francia y Reino Unido, los más afectados

Desde que el comité de supervisión del Banco de Pagos Internacionales de Basilea emitiera el 7 de diciembre de 2009 un informe sobre la nueva normativa en materia de recursos propios, han sido muchos los bancos de inversión y las casas de análisis que han hecho cábalas sobre el impacto que tendrá sobre los distintos grupos financieros europeos.

Aunque la cuantificación de los efectos globales varía mucho entre unos y otros, especialmente porque hay quienes creen que se aplicarán de forma estricta mientas que otros consideran que la regulación acabará muy descafeinada, lo cierto es que todos coinciden en que las firmas de Reino Unido y de Francia serán las que más afectadas se verán.

En el caso de entidades galas como Crédit Agricole o el grupo Banque Populaire, podrían sufrir la penalización de contar entre sus activos con participaciones significativas en bancos filiales. No obstante, los expertos de Credit Suisse consideran que el regulador francés conseguirá imponer su criterio de evaluar la solvencia de estas entidades como grupo.

En cuanto a la banca británica, Lloyds Banking Group (participado actualmente por el Estado) sufriría al contar con una inversión en una gran aseguradora, en concreto, en Scottish Widows.

Barclays, por su parte, se verá lastrado por el 20% que controla en Black- Rock, y tendría que conseguir 17.000 millones de libras extra de capital.

Siete efectos sobre la solvencia

Basilea III intenta estandarizar al máximo las definiciones de capital, lo que traerá claras consecuencias para la banca:

Participaciones minoritarias. La nueva regulación sólo contabilizará como capital de máxima calidad aquel que esté plenamente disponible, por lo que descontará la inversión en la cartera de participadas. El Banco de Italia ya ha mostrado su discrepancia.

Minusvalías latentes. Basilea III prevé que las pérdidas latentes se descuenten del capital Tier I.

Créditos fiscales. Está previsto que los impuestos diferidos tampoco computen como capital disponible.

Obligaciones en pensiones. Se considera que las obligaciones en materia de pensiones no puede contabilizarse como capital disponible para asumir pérdidas.

Participaciones cruzadas. Basilea III prevé una fuerte penalización para el cómputo de capital en caso de bancos con participaciones cruzadas, como Crédit Agricole y Natixis.

Filiales aseguradoras. Otro de los efectos de los nuevos requerimientos de capital es que se descuente el capital invertido en las filiales aseguradoras. El grupo británico Lloyds se vería muy afectado por esta medida.

Percepción del riesgo. Basilea III considera como más arriesgadas algunas inversiones, lo que tira hacia abajo de los ratios de solvencia.