COLUMNA

Relaciones laborales decimonónicas

Hace dos días se firmó el acuerdo interconfederal entre patronal y sindicatos que marcará la evolución salarial y de beneficios empresariales durante los próximos tres años .

Esta noticia no empaña que en España las relaciones laborales, en un sentido amplio, están ancladas en el pasado y se mantiene una dialéctica entre capital y trabajo, más propia de los albores del capitalismo, que de la Europa del siglo XXI. Esta contingencia, en parte, explica por qué el mercado de trabajo en España está como está y los escasos avances que se pueden prever, incluso aunque se cumpliesen los programas máximos, tanto de la patronal, como de los sindicatos. El problema es mucho más estructural y tiene más que ver con la persistencia de búsqueda de enemigos entre las partes.

Un buen ejemplo lo puede pulsar en un seminario organizado por la Fundación Ideas en el que se presentaron, en una primera parte, los modelos de relaciones laborales de tres países europeos punteros, Dinamarca, Austria y Alemania, y luego se unieron representantes de la patronal y sindicatos para debatir la situación española.

Estos países han construido un modelo de relaciones laborales basado en tres principios. El primero sería un consenso absoluto entre todas las partes, político, social, sindical y empresarial, sobre las prioridades del país, basadas en la generación de una sociedad del bienestar muy avanzada, con amplios derechos y deberes por parte de todos los agentes. El segundo gran principio es el de luchar por una reducción de la brecha salarial, lo cual han conseguido mediante el establecimiento de salarios mínimos muy elevados. Y el tercero, el papel, y el respeto, que todas las partes otorgan al Estado para que intervenga en la economía, mejorando las condiciones de vida, apostando por la formación continua, la participación en el mercado laboral y por la conciliación personal y laboral efectiva. Todo ello, incluso con todos los ajustes y reformas necesarias, sobre la base de elevados impuestos y gasto público sobre PIB que supera el 50% en algunas economías.

Bajando más al campo de lo concreto, me gustaría resaltar algunas experiencias interesantes. En primer lugar, me impactó como Dinamarca ha alcanzado una tasa de participación en el mercado laboral del 80% en el caso de las mujeres, con tipos marginales de renta superiores al 45%. En España, apenas pasa del 50% y en EE UU, con tipos impositivos marginales mucho más bajos, está en el 62%. Esta peculiaridad revela que el crecimiento potencial de la economía danesa es muy superior a muchas economías, y la acción pública es la única que puede facilitar este desarrollo personal, sacando estos conceptos de la negociación colectiva bilateral. Esta apuesta por la conciliación tiene un reflejo inmediato en tasas de desempleo reducidas, en ausencia de fracaso escolar, en muchos menos accidentes laborales y un mejor nivel de salud globalmente hablando, todo ello con niveles de renta, tanto monetaria como en especie manifiestamente más elevados.

Distintas propuestas que yo he realizado en España para igualar la jornada laboral efectiva y real a la media europea, siempre por ley, han sido despreciadas, cuando no ridiculizadas, con el argumento que las jornadas de trabajo maratonianas e ineficientes forman parte de la cultura nacional.

En el modelo alemán destaca que, a pesar del fuerte retroceso del producto interior bruto en 2009, un 4,8%, el desempleo sólo aumentó un 0,2%. Las causas del declive del PIB fueron una reducción de la productividad y una mengua en el número de horas, lo que ha permitido salvar muchos empleos.

Frente a todo esto, los únicos argumentos esgrimidos por los agentes sociales españoles fueron, por parte de la patronal, que el derecho del trabajo no crea empleo, y por tanto hay que desregularizar absolutamente el mercado, y por supuesto, reducir aún más los salarios y el gasto público. Los sindicatos argumentaban la necesidad de mantener el modelo actual de negociación colectiva con varios estadios o ámbitos y poco más.

En resumen, el éxito europeo es el consenso social, político, empresarial y sindical, todo ello con ciertas líneas que no se rompen estén en el poder los socialdemócratas o los conservadores. Fuerte presencia, graduable, del Estado en la economía, apuesta por la formación, por la conciliación y participación en el mercado laboral, cerrar la brecha salarial, apuesta por niveles de salarios monetarios y en especie muy altos, junto a niveles impositivos elevados, todo ello dentro de un marco de transparencia modélico. Frente a esto, las relaciones laborales en España están trufadas de lenguaje de trinchera, de lucha de clases y demonización de la otra parte. Todo ello dominado por oligarquías sindicales y patronales que viven de esto. Qué envidia.

Alejandro Inurrieta.