Eric Borremans | Responsable de inversión sostenible de la gestora de BNP

"Hay que ir más allá de las renovables"

Tiene claro el futuro de la tecnología limpia y apuesta por diversificar para limitar los riesgos en el sector.

Especializado en la gestión de activos con criterios de responsabilidad, Eric Borremans es una de las voces más demandadas durante las conferencias sobre cambio climático en Copenhague organizadas por BNP Paribas, banco para el que trabaja desde 2002. Es el responsables de inversiones sostenibles y responsables, y habla del cambio climático con el pragmatismo que uno se espera de un gestor de fondos. En su ponencia, por ejemplo, analiza qué eléctricas europeas dependen más del carbón, qué fabricantes de coches venden los automóviles menos contaminantes e, incluso, apuesta por valorar la huella de carbono del sector financiero en función de sus inversiones.

¿Necesitan los inversores un acuerdo en Copenhague?

Absolutamente. Si no se llega a un acuerdo nos exponemos a un riesgo; la inacción tendrá un impacto negativo sobre la renta y la riqueza. Y cuanto más esperemos, mayores serán las probabilidades de ver efectos significativos sobre la riqueza de los individuos y de las economías, lo que tiene implicaciones para los mercados financieros. Los inversores necesitamos un acuerdo porque hay capital que está en riesgo si no se logra. Dicho esto, si no hay acuerdo, la energía limpia seguirá adelante, porque hay otros factores. El cambio climático es uno, pero también está la diversificación de fuentes de energía, más allá del petróleo. Estamos llegando al máximo en la producción de petróleo antes de lo previsto. El precio del petróleo sube mientras el precio de la energía limpia baja, así que en algún momento la economía se hará cargo del respaldo a este desarrollo, en España y en otros países.

¿Y es usted optimista respecto a la cumbre?

Relativamente optimista. Si comparas con Kioto, aquel no fue un acuerdo fácil, incluso aunque después no fue ratificado por algunos países. Ahora es distinto. EE UU respalda un acuerdo, pero el mayor reto es averiguar quién pagará por las inversiones. La buena noticias es que los emergentes ven los beneficios de la tecnología limpia. China está embarcándose en un programa agresivo de nuevas energías, quizás para salvar el planeta, pero sobre todo para reducir su dependencia exterior y su contaminación, y también porque se ha convertido en un exportador neto de energías limpias. Es estratégico para ellos.

En España, donde sufrimos una severa crisis, parte del discurso del Gobierno confía en la tecnología verde como motor económico y de exportaciones. ¿Está de acuerdo con este punto de vista?

Sí. Dinamarca tiene a Vestas, España a Gamesa, con una posición fuerte en el mercado de turbinas eólicas, y ambas tienen el reto de retener su posición de mercado en un momento de mayor competencia de fabricantes chinos e indios. Es el reto, porque como europeos los costes son mayores... Pero está en una posición mejor que, digamos, Francia, que ha hecho poco en términos de una industria doméstica.

Es una buena apuesta...

Sí, porque el mercado eólico se va a desarrollar, y también el solar. La tecnología solar no es competitiva sin subsidio en la tarifa, y hay desarrollos tecnológicos aún en proceso. Tiene que estabilizarse, pero una turbina eólica es distinto, es una industria más madura.

Hace no mucho hubo una burbuja en energía solar.

Aún puede haberla, por distintos motivos. En el lado de la oferta hay sobrecapacidad, y la demanda se ha debilitado con el parón inmobiliario. Es un sector que se reestructurará. Y además, al contrario que las turbinas, no tiene barreras de entrada. Si el mercado tira hay centenares de compañías, y si frena, hay muchas víctimas. Somos cautelosos con este sector; hay señales de mejora, pero somos cautelosos.

Se dijo que el cambio de normativa en España tuvo que ver en estas turbulencias.

Sí, por supuesto. Como no es rentable necesitas subsidio, de modo que el coste baja, de modo que la tarifa debe bajar también... Es difícil de ajustar, en un momento haces muy poco y al siguiente has hecho demasiado, y el mercado sufre porque es muy sensible a estos cambios. Pero lo fundamental es que si estás interesado en tecnología limpia tienes que ir más allá de las renovables; éstas sólo son parte de la historia.

¿Qué sectores de la industria le gustan?

Eficiencia energética, smart meters contadores inteligentes, aislamientos -EE UU ha aprobado un presupuesto significativo para aislamiento de edificios oficiales-, nos gusta el sector del agua, porque tiene características defensivas, somos positivos en energía eólica y en menor medida en solar, y a medida que los precios de las materias primas empiecen a recuperarse, entonces seremos más optimistas con el reciclaje de metales y las compañías de gestión de residuos.

¿Y las empresas de generación, como Iberdrola Renovables?

Nos gusta EDP Renováveis por su fuerte exposición al mercado estadounidense. Las empresas de generación de electricidad independientes, básicamente, son muy buenas porque tienen una elevada visibilidad de ingresos futuros; las instalaciones eólicas están conectadas a la red y la electricidad se vende con contratos a largo plazo.

Ganadores o perdedores

"Lo primero que se debe hacer es mirar la cartera de cada uno. Y si está invertido en compañías que están en riesgo, buscar alternativas que reduzcan el riesgo vinculado al cambio climático", afirma Borremans. "Hay productos de renta variable global que tienen niveles de riesgo financiero similares a los productos y los fondos tradicionales". Borremans cita el fondo Low Carbon 100. Es un índice de las empresas que menos dióxido de carbono emiten, seleccionadas con criterios sectoriales. "De este modo que no haces grandes apuestas en asignación sectorial. Más allá de eso, hay que buscar fuentes de diversificación; se pueden buscar ventajas del cambio climático invirtiendo en energías renovables o fondos de carbono; sabemos que esos activos tienen rendimientos elevados pero también riesgos elevados. Hay que buscar el equilibrio", añade.

Adicionalmente, reconoce que existe un riesgo regulatorio, pero también en este aspecto aconseja diversificación: "Los subsidios pueden bajar en España, pero España es sólo un país, y si en China no sucede lo mismo no dependes de ello".

Borremans admite, con todo, que los inversores que tienen en cuenta el cambio climático son una minoría. Sobre todo si se compara con la actitud de los consumidores. "La gente es consciente de los asuntos medioambientales, y lo tiene en cuenta cuando se compra un coche o una casa. Pero hay camino por recorrer hasta que lo haga con sus ahorros".