Valor a examen

La fusión con Gas Natural saca de Bolsa a la centenaria Fenosa

Los inversores han perdido esta semana a uno de los valores que más alegrías ha dado en los últimos años.

Un proceso de fusión se ha traducido, una vez más, en la salida de la Bolsa de uno de los valores con más solera en el parqué español. Tras el cierre esta semana del canje de acciones de Gas Natural por títulos de Unión Fenosa para rescatar al escaso 4,5% del capital que no había acudido a la opa previa lanzada por la gasista, la eléctrica abandona el mercado bursátil, aunque sus activos y su potencial hayan pasado a formar parte de la nueva Gas Natural. Con anterioridad, en abril, Fenosa había dejado de formar parte del Ibex.

Concluye así una trayectoria bursátil iniciada hace más de 92 años, unos cinco años después de la constitución de Unión Eléctrica Madrileña en 1912 como sociedad mercantil. Sus fundadores contaban entonces con un salto hidráulico, una empresa de gasificación industrial -que producía electricidad a partir del gas- y con la Compañía General Madrileña de Electricidad, principal distribuidora de Madrid.

Durante las primeras décadas el crecimiento llegó de la mano de compras de activos y de un constante proceso inversor, lo que la convirtió, al igual que otras eléctricas, en una empresa con una presencia creciente de accionistas. Pero el movimiento posterior más relevante lo constituyó su fusión con Fenosa en 1982, que amplió sustancialmente su base accionarial y la capacidad para afrontar la modernización de una estructura industrial en gran parte obsoleta.

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El nacimiento de Unión Eléctrica Fenosa fue además un paso significativo en la concentración y reordenación del mapa eléctrico español, aunque la tranquilidad tampoco se alargó durante muchos años. Vinieron ejercicios muy difíciles para el conjunto del sector, especialmente por el fuerte endeudamiento, aunque por ello no dejaron de mirarse unos a otros para ver quien podía cazar al competidor.

Y Unión Fenosa estuvo en todas las quinielas: casi siempre para ser adquirida, aunque también por su intención de defenderse con operaciones, aunque fueran hostiles, como su intento de hacerse con Hidrocantábrico. Esa presión, así como el atractivo que la eléctrica había conseguido por su estrategia de diversificación y de internacionalización, se reflejó en la cotización de la compañía, que multiplicó por 15 su valor en Bolsa entre 1992 y el fin de la opa de Gas Natural, cinco veces más que el índice selectivo. Aunque registró ejercicios bajistas, el comportamiento fue espectacular en algunos años, como las subidas del 55,03% de 1993, del 110,74% de 1996 o la del 66,20% de 2005.

El interés de algunas constructoras por el sector energético fue el detonante de la última batalla. ACS, que llegó a controlar el 45% de la eléctrica, puso a la venta su participación a finales de julio de 2008 y dio un nuevo vuelco a la recomposición de un sector todavía convulsionado por la lucha por el control por Endesa.

El acuerdo con la constructora para la compra de ese paquete abrió las puertas de Fenosa a Gas Natural y le permitió tomar con éxito el último tren a su alcance en el mercado eléctrico español. Y después de un proceso de algo más de un año, marcado por los dictámenes de la Comisión Nacional de la Competencia, de la Comisión Nacional de la Energía y de la CNMV, así como los resultados de la opa, Fenosa desaparece del mapa bursátil español. No ha sido el único caso en Europa, también Gaz de France se unió a Suez, y no parece además que vaya a ser el último.

Una operación estratégica

Desde hace meses, cuando inversores y analistas fueron conscientes de que Gas Natural iba a lograr en esta ocasión su objetivo, el interés del mercado se desplazó hacia la empresa gasista. Esta compañía, que cotiza desde 1846 cuando la Bolsa de Barcelona comenzó a estar operativa, cuenta ahora con un veredicto que comparten casi todos los expertos: la unión de fuertes posiciones en el área del gas con la actividad de generación eléctrica tiene un innegable interés estratégico. Sin embargo, esto no significa que sea para todos los analistas la apuesta más idónea para el inversor que quiera tener posiciones en utilities (empresas de servicios públicos) europeas o incluso españolas. Aunque no se haya enfrentado a duras condiciones por parte de las autoridades de la competencia, los analistas se fijan en que la compra ha tenido un coste de más de 17.000 millones de euros, con lo que la deuda financiera superaba los 22.000 millones de euros al finalizar el primer semestre.

Así, el equipo de análisis de Bank of America, aunque prevé que el endeudamiento quede en 18.200 millones cuando concluya el año, ha reducido su consejo sobre la empresa de neutral a infraponderar. Considera que tiene menor recorrido que sus competidoras, pero eleva su precio objetivo a 14,4 euros por acción. Entre sus puntos más débiles destaca la necesidad de refinanciar más de 8.000 millones en 2011 y su alta exposición en el mercado eléctrico español. Por el contrario, destaca las sinergías que el grupo va a obtener por la fusión. Desde Societé Générale, que aconseja comprar, se indica que el grupo gasista se está beneficiando de la reducción de los tipos de interés. Pero se cree que el anuncio por GDF Suez de la venta de su participación en Gas Natural le puede someter a cierta presión a las acciones.