COLUMNA

Mareando las perdices bancarias

Pero las piezas que han caído y siguen cayendo son todos, familias y empresas, los que han visto rechazadas las demandas de crédito hechas a las entidades bancarias: el crédito crecía en abril sólo un 2,5% anual cuando poco más de un año antes lo hacía al 20%. ¿Cómo es posible que en tan corto espacio de tiempo se haya pasado de esa fuerte expansión del crédito a su práctico bloqueo. Todo empezó con un repentino, inesperado e importante plan de ayudas al sector bancario que previamente había sido declarado el más solvente del mundo por el presidente Zapatero. Así quedaría resuelto lo que oficialmente era un simple problema de liquidez, pero poco después de poner en práctica este plan el Banco de España tuvo que intervenir la Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha (CCM).

Así se ponía de manifiesto que el jefe del Ejecutivo desconocía la verdadera realidad bancaria del país, probablemente porque no recibía la información necesaria del ente gestor que, cabe pensar, tampoco la conocía a pesar de las inspecciones del sector realizadas regularmente.

Hizo falta que la casi insolvencia de la CCM saliese a la luz para que las autoridades considerasen que el problema del mercado de crédito no era de liquidez sino de algo mucho más serio. Lo preocupante era que este caso fuese premonitorio de otros similares que exigirían medidas difea las tomadas.

Así las autoridades han creado un fondo para la reestructuración del sistema bancario (FROB) con una dotación inicial de 9.000 millones de euros ampliable a 100.000, lo que presagia su superación. Pero conviene no errar, como en el plan anterior, en la naturaleza ni en la magnitud del problema. Y es sintomático a este respecto que un alto cargo del Banco de España haya declarado que "se ha pasado lo peor", pues no se están dando las condiciones que justifiquen esa declaración. Es cierto que el pesimismo no ayuda a resolver los problemas, pero el fracaso de las primeras medidas de salvamento bancario sugiere que el optimismo no es menos peligroso.

Decir que se ha pasado lo peor implica que a partir de ahora mejora el nivel de solvencia bancaria, se va a restaurar la confianza dentro del sistema y va a empezar a fluir normalmente el crédito, base de una recuperación sostenible.

Esto supone que en los próximos dos o tres años la creciente morosidad se va a frenar y se va a detener la caída del precio de las viviendas. Pero esto exige necesariamente que el factor determinante, el empleo, abandone su fuerte y continuada caída e inicie un aumento que sólo se dará con un crecimiento sostenible del PIB próximo al 2% anual, que no es previsible en el corto plazo.

Desde que el mundo es mundo todas las crisis financieras se han resuelto con una operación de limpieza de los balances de las entidades bancarias, transfiriendo los activos defectuosos a otros operadores o directamente al Estado. En resumen, socializando las pérdidas debidas a los desaguisados financieros cometidos y a los excesos de créditos concedidos, después de que se hayan privatizado los premios dados a los gestores responsables que, por lo menos en el caso de España, salen de rositas.

La crisis es una ocasión irrepetible de cambio. No se debe perder su naturaleza catártica aprovechable para actualizar una reglamentación bancaria que se ha quedado desfasada. Pero antes de nada hay que ganarse la confianza del contribuyente, condición sine qua non para que se lleve a cabo. Pero habrá que merecerla de quienes se pide endeudarse por mucho tiempo. Habrá que demostrar que se sabe cuál es la profundidad del agujero que hay que llenar y que se conoce cuál ha sido la causa última que lo ha producido.

Las entidades bancarias y los reguladores tienen intereses diferentes pero convergentes en no revelar la naturaleza de los problemas. Pero cuando el principal partido de la oposición, contrario al FROB inicialmente, acaba aprobándolo en el último minuto en el Parlamento, hay que ponerse en lo peor, de ahí la necesidad de una mayor transparencia informativa. Porque ¿qué es preferible, no asustar a los mercados dando a conocer la realidad o dejar que circunstancias anómalas como ésta den la sensación de que las enormes sumas que va a gastar el Estado terminarán en un pozo sin fondo?

ANSELMO CALLEJA. ECONOMISTA Y ESTADÍSTICO