Crecimiento

La OCDE empeora su previsión para España pese a esperar una mejora global

La OCDE presentó ayer su informe anual, en el que recoge la primera revisión al alza de las previsiones de crecimiento mundial desde el estallido de la crisis de las hipotecas subprime, hace dos años. Sin embargo, el organismo empeoró su pronóstico para España, donde el paro rozaría el 20% en 2010.

Lo peor de la crisis global ha pasado y los brotes verdes empiezan a crecer, pero en España habrá que esperar antes de ver motivos para el optimismo. Ese mensaje se puede extraer del último informe económico de la OCDE, publicado ayer, que recoge una revisión al alza de las previsiones de crecimiento mundial (centrada en Estados Unidos y los países emergentes) y también un deterioro de las expectativas sobre España: el PIB caería un 4,2% este año (3,6% en la previsión de marzo) y un 0,9% en 2010 (0,3%). El registro empeora las últimas previsiones del Gobierno (caídas del 3,6% este año y del 0,3% en el próximo). Según la OCDE, en 2010 el paro llegará al 19,6%, y, el déficit presupuestario al 9,6% del PIB. La única noticia positiva es la reducción del déficit corriente: con un 5,6%, caería casi a la mitad del de hace dos años.

El organismo, que asesora a la treintena de economías más avanzadas, ha mejorado sus previsiones globales por primera vez en dos años (es decir, desde el inicio de la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos). El optimismo se acentúa por el hecho de que las asunciones de partida, en lo tocante a la evolución de los mercados financieros, "podrían resultar demasiado conservadoras", según la OCDE. Su secretario general, Ángel Gurría, afirmó ayer que "gracias a la acción firme para estimular nuestras economías, parece que hemos escapado de lo peor de la crisis". No obstante, Gurría advierte que los próximos meses serán "igualmente cruciales, pues debe haber un plan creíble de retirada de las medidas de emergencia al compás de la recuperación económica".

Especialmente significativa es la revisión para Estados Unidos: la caída del PIB se limitaría este año al 2,8%, frente al 4% augurado anteriormente. Más aún, el año que viene la principal potencia del planeta crecería ya nueve décimas, en lugar de estancarse como se previó en marzo. La OCDE cree que la mejora podría comenzar ya en la segunda mitad de esta año, gracias al "tremendo" esfuerzo en políticas de estímulo. Sin embargo, advierte de que el crecimiento será débil e insuficiente para evitar que el paro llegue al 10% de la población activa (un nivel que duplica los registros habituales del país).

El organismo multilateral también aporta buenas noticias para los gigantes emergentes, como China o India, que crecerían un 9,3% y un 7,2% en 2010. También en Japón observa la OCDE signos de que la contracción "está cerca de su final", si bien la recuperación también aquí será lenta y posiblemente se combine con deflación. El país del sol naciente sería, en este punto, la excepción: la OCDE espera que la inflación se contenga pero no observa riesgos deflacionarios en ningún otro país.

La zona euro se lleva la peor parte entre las regiones avanzadas, pues aún "no se observan claramente" signos de recuperación. El organismo radicado en París lo achaca a la confluencia de desequilibrios específicos para cada país, como la burbuja inmobiliaria (caso de España), los daños en el sector financiero o el deterioro de las exportaciones.

El editorial insiste en la necesidad general de reformas estructurales, y también exige una revisión a fondo de las políticas macroeconómicas del periodo anterior a la crisis. En particular, sugiere estudiar "de qué modo la política monetaria puede contribuir a la construcción de vulnerabilidades en los precios de los activos". Una velada referencia, tal vez, a los años de bajos tipos de interés decididos por la Reserva Federal de EE UU para hacer frente a la crisis puntocom de principios de década.

Sector financiero español

El informe contiene algunas recomendaciones sobre el sistema financiero español: según la OCDE, se debería "dejar caer a los pequeños intermediarios con problemas de solvencia, para limitar los costes de las intervenciones". Además, propone "extender la posibilidad de obtener capital de fuente privadas externas" y "eliminar las barreras a las fusiones".