Análisis

Emerge la crítica a las pensiones en EE UU

La caída de los mercados está provocando fuertes quebrantos en los planes de retiro de los americanos. Se abren ahora interrogantes sobre la gestión de estos ahorros.

Es inevitable. Antes o después, en algún momento de las conversaciones entre amigos sale a relucir la palabra 'crisis'. Y cada tres meses, cuando llega la carta de la gestora, la preocupación gira alrededor del 401k. El principal consejo que oye entre menores de 35 años cuando se enfrentan a la documentación en la que se detallan los resultados de las inversiones del ahorro destinado a la pensión es: 'ni lo mires'.

Quienes tienen más de 55 años no dejan de mirarlo y de obsesionarse con las pérdidas de sus carteras. Los reveses durante esta crisis están empezando a abrir un debate sobre el futuro de las pensiones. Ahora, sólo el 13% de los trabajadores cree que podrá vivir cómodamente con una pensión, según el Instituto de Investigación de Prestaciones a Empleados, EBRI, y crece la desconfianza en el sistema.

401k es el obtuso nombre, en honor al artículo del Código Tributario que lo regula, que tienen los planes de ahorro e inversión que se han popularizando desde los ochenta. Son planes en los que los trabajadores ingresan una cantidad, que se deduce de los salarios, tiene unos límites de depósito muy elevados y una favorable fiscalidad.

Los empresarios suelen poner en marcha estos planes, que sin embargo son responsabilidad de sus titulares, y los complementan con aportaciones que suelen ser similares a las que hagan los trabajadores.

Los 401k, o planes de contribución definida, se pensaron como un complemento a la pensión pública gestionada por la Seguridad Social y la definida, o tradicional, establecida y gestionada por las empresas. En estas últimas el titular percibe un ingreso basado en una fórmula, no en las rentabilidades de las inversiones.

Lo que ha ocurrido es que se han ido sustituyendo. El EBRI dice que hay 22 millones de trabajadores que están cubiertos por planes de prestación definida (pensiones tradicionales) y 66 millones por planes de aportación definida, como el 401k, que están a merced de los mercados.

En los planes de prestación definida, las compañías están viendo crecer sus déficits entre lo que deberán pagar a sus actuales trabajadores y el dinero que han apartado para ello. La caída de la rentabilidad afecta decisiones empresariales además de la salud de los balances. Según un reciente informe de Watson Wyatt, los primeros 100 planes de pensiones vieron sus fondos caer en 303.000 millones de dólares en 2008, cuando el año anterior registraban superávits.

Estas situaciones son relativamente frecuentes pero ahora, en particular, preocupan los planes de pensiones de dos grandes corporaciones: Chrysler y General Motors, ambas funcionando gracias al dinero del Estado. El Fondo de Garantía de Pensiones (el PBGC, en sus siglas en inglés) que garantiza las pensiones de 44 millones de americanos y ahora mismo tiene también un déficit de 11.000 millones de dólares, vigila la situación. Los pensionistas de estas compañías podrían perder 23.000 millones de dólares si se eliminaran sus planes durante una posible suspensión de pagos.

Por otro lado, los empresarios que ofrecen 401k tienen unos empleados preocupados. Según Fidelity, las cuentas de ahorros han perdido un 27% entre 2007 y 2008. Con una rentabilidad anual media del 5% se tardaría cinco años en recuperar los niveles de enero de 2008, dice EBRI. Además, para ajustar costes muchas empresas están eliminando o reduciendo sus contribuciones. En febrero, Watson Wyatt hizo un estudio entre 245 grandes empresas: el 12% las había reducido y otro 12% esperaba hacerlo.

La situación no es distinta en los sistemas públicos de pensiones que cubren a los profesores, bomberos o los funcionarios municipales. Por ejemplo, Calpers, el fondo de pensiones más grande del país, con 1,6 millones de californianos en su nómina, perdió cerca de 70.000 millones de dólares en 2008.

De momento se ha empezado a mover en círculos intelectuales algunas propuestas para replantear las pensiones y en la propuestas de presupuestos para 2010 el Gobierno de Barack Obama deja caer la posibilidad de que se cree un sistema automático de ahorro por parte de los trabajadores y que gestionaría Gobierno junto con la Seguridad Social. No se conocen detalles oficiales pero se apunta a que podría forzar a los empresarios que no ofrecen pensiones (algo que afecta a 75 millones de personas) a incluir a sus trabajadores en una cuenta de ahorro opcionales que pagarían un interés fijo del 3%.

Otra opción que se maneja es un sistema híbrido entre los 401k y los planes tradicionales. También se plantea un 401k que automáticamente, y dada una fecha de jubilación, vaya adaptando las inversiones al perfil de riesgo del titular. Ahora no ocurre y el peso de las acciones es muy elevada incluso entre los más mayores porque no se suelen gestionar activamente las carteras.

John Bogle, el octogenario fundador de Vanguard, apuntaba a BusinessWeek que cree que se debe crear un consejo de ahorro-pensiones en el que se unifiquen todos los planes similares al 401k (hay toda una sopa de letras y números). Este consejo debe ayudar a calibrar el riesgo y rebajar las comisiones de gestión y el Gobierno debe dictar estándares de protección de clientes.

La larga sombra de la sospecha

Andrew Cuomo, el fiscal general de Nueva York y la SEC, han fijado su mirada en el sensible sector de las pensiones públicas, aquellas que cubren las prestaciones de los funcionarios municipales o de los estados.

El sector de la inversión aún no se ha repuesto del terremoto de confianza desatado por Bernard Madoff y ahora se investiga si empresas de capital riesgo tan renombradas como Carlyle Group y hedge funds participaron, a sabiendas, en una trama con intermediarios para conseguir gestionar las inversiones de un fondo de pensiones tan importante, y apetecible para un gestor, como el del estado de Nueva York (122.000 millones de dólares).

Cuomo y el regulador de los mercados sospechan que se hicieron pagos ilícitos a los intermediarios y se duda de si la información sobre estos fluyó de forma correcta y transparente entre los fondos de pensiones y los gestores del capital riesgo o los fondos de alto riesgo.

De momento, ya hay acusaciones formales por recibir sobornos contra Henry Morris, un colaborador del ya controvertido ex interventor del estado de Nueva York, Alan Hevesi, y David Loglisci, el director financiero del fondo de pensiones. Además, Steven Rattner, que dirige la task force del Tesoro para el sector de la automoción, está siendo investigado. Rattner trabajó para Quadrangle Group, un hedge fund que cofundó.

Se estima que Morris y Loglisci hayan recibido hasta 30 millones de dólares entre regalos y comisiones. Las revelaciones no pueden más que dar la puntilla a una relación que ya se ha ido estropeando entre fondos y empresas de gestión alternativa y que han ofrecido rentabilidades muy bajas a cambio de comisiones muy elevadas.

A por el riesgo

En 2005 el 13% de los sistemas públicos de pensiones invertían en hedge funds y empresas de capital riesgo, en 2008 el porcentaje llegó al 40%. En total estos inversores alternativos gestionaba unos 78.000 millones de dólares (59.808 millones de euros)