COLUMNA

La previsión en tiempos de incertidumbre

La realidad, a la luz de las cifras revisadas del PIB por el Gobierno y la Comisión Europea, ha sido peor que las previsiones, subraya el autor. En su opinión, en situaciones de incertidumbre conviene ponerse en lo peor, reconocer la limitación de los medios de actuación e instar a todos al esfuerzo y la comprensión

El 16 de enero el Consejo de Ministros predijo una caída del PIB del 1,6%, con una recuperación del 1,2% en 2010. El 19 del mismo mes la Comisión Europea daba cifras respectivas del -2%, con un retroceso adicional de -0,2% en 2010. Ambas fuentes han ido introduciendo cambios relevantes en sus previsiones sobre éste y otros indicadores, como el de paro, déficit público y exterior, siempre con la misma pauta diferencial.

La realidad ha sido peor que las previsiones, lo que cuestiona la presunción de capacidad de anticipar el futuro y, por tanto, también la de configurarlo en un sentido u otro. Siempre hay algo de cierto en ese cuestionamiento. La economía no es una rama de la matemática, aunque la usa, analiza las pautas de comportamiento humano, las respuestas a diferentes incentivos, la regularidad en relaciones como oferta de dinero e índice de precios o tasa de cobertura del paro e intensidad de búsqueda de empleo. Al tratar la sociedad hay que contar con que las personas aprenden, que las autoridades inciden en la realidad con medidas monetarias, fiscales o legales y, entre otras cosas, que las instituciones importan y cambian. Esto complica la previsión y los errores se amplifican cuando se busca un efecto escaparate para mejorar la imagen.

Los incapaces de prevenir una determinada contingencia no suelen saber cómo acaba ni cómo resolverla. Sin embargo los incentivos que inducen a actuar pueden aumentar. La gravedad de la situación, el miedo o el reconocimiento súbito de errores pueden ser como la caída de San Pablo camino de Damasco. En 1985 un aumento en el paro de 250.000 personas llevó a Felipe González a aplicar -con éxito- el Plan Boyer. Posteriormente, el aumento del paro desde 2,88 millones en 1992 a 3,59 millones el año siguiente y 3,88 millones en 1994 facilitaron el Plan Solbes. Ambos casos de éxito aportaron simplificación administrativa e incentivos a la iniciativa privada. La situación de hoy es más complicada: intervención tardía, mensajes contradictorios y resultado que depende de circunstancias externas (por ejemplo, precio del petróleo) y de lo que ocurra en otros países.

En situaciones de incertidumbre, donde faltan referentes precisos, conviene ponerse en lo peor, reconocer la limitación del conocimiento y de los medios de actuación e instar a todos al esfuerzo y la comprensión. La conducta apropiada es pensar dos veces para evitar acciones inútiles, no actuar en base a creencias -es lo más difícil-, tener el valor de ir contra convicciones que no funcionan y centrarse en la eficiencia, la innovación, la calidad de la regulación, buenas prácticas de los agentes económicos… y especialmente de las Administraciones públicas.

La liquidez es crucial, pero el coste a pagar por ella también importa. El volumen de gasto es relevante y su destino también. Si se busca inmediatez se pierde orientación y se financia lo indefendible reduciendo los medios para lo viable, por eso los fuegos de artificio deben guardarse para la fiesta patronal. Atender a los efectos es insuficiente si persisten las causas, por eso, no basta con aportar recursos a la banca para que ésta preste, lo hará cuando sepa que hay retorno a sus créditos y eso requiere mejor análisis, mejorar la seguridad jurídica, la estructura y funcionamiento de la fiscalidad, simplificación administrativa y la coherencia de las autoridades.

La autoridad monetaria favoreció una inversión excesiva con intereses abaratados artificialmente durante un periodo prolongado. Ahora debe informar de su compromiso con un tipo de interés bajo durante un año o algo más, instando a empresas y familias a que reduzcan su deuda para poder pagarla cuando el interés se recupere. El Gobierno debe asumir parte del riesgo bancario, del mismo modo en que la banca avala la mitad del que da el ICO.

La imprevisión pasa factura cuando llega la crisis y hay que desmontar excesos previos mientras las autoridades desean encabezar una carga gloriosa hacia un nuevo modelo (aunque no sea capaz de controlar su propia Administración), que resulta de la interacción de millones de personas, con motivos distintos, pero que colaboran espontáneamente. Intentar dirigir ese proceso o defender lo existente es fútil, pero es posible crear un entorno que haga viables iniciativas sólidas y nuevas.

Joaquín Trigo. Director ejecutivo de Fomento del Trabajo Nacional