COLUMNA

Victoria pírrica de Santander

Emilio Botín habló demasiado pronto. Después de recoger el premio al banco del año en una reciente cena en Londres, el presidente de Santander pronunció un ingenioso discurso para la élite de la banca mundial. La oportunidad de pronunciarse ante una audiencia cautiva de humillados rivales era demasiado grande para resistirse. ¿El asunto sobre el que disertó Botín? Cómo ser un buen banquero.

Los profesionales de las finanzas reunidos allí -representados por entidades como Goldman Sachs y UBS- se partieron de risa cuando Botín explicó cómo Santander se había administrado para esquivar la bala de las subprime. Destiló su sabiduría, medio burlándose, en tres sencillas lecciones. Uno, si no entiendes completamente un producto, no lo compres. Dos, si no comprarías un producto para ti mismo, no lo vendas. Y tres, si no conoces a tus clientes muy bien, no les prestes dinero. Estaba todo muy bien, hasta que el escándalo Madoff estalló el pasado viernes.

El propio Santander anticipó que las pérdidas del asunto Madoff eran diminutas, sólo 17 millones de euros. El banco no ha sido un gran prestamista para los hedge funds invertidos con el antiguo presidente del Nasdaq. Pero parece haber olvidado el segundo consejo de Botín, cuando los clientes de Santander podrían perder 2.300 millones de euros en dicho fraude.

Además, Botín concluyó su consejo con un asentimiento al poema de Rudyard Kipling If diciendo: 'Y si haces esas tres cosas, hijo mío, serás un mejor banquero'. Pues sucede que el hijo de Botín y su yerno son también víctimas del hundimiento de Madoff. Ellos dirigen el gestor de fondos español M&B Capital Asesores, que también se había expuesto a Madoff.

Al menos Botín está en buena compañía. Otros así llamados 'ganadores' de la crisis bancaria -HSBC, BNP Paribas y Unicredit- también se han visto humillados gracias a Madoff. Pero ninguno de ellos se había expuesto a una caída tan obvia como el patriarca de la banca española.

Por Christopher Hughes y Fiona Maharg-Bravo

Aterrizaje forzoso de BAA

Sólo hay una cosa peor que tener que vender un aeropuerto londinense en estas condiciones de mercado, tener que vender dos. Y eso es precisamente a lo que BAA podría verse obligado. El operador aeroportuario, controlado por el grupo constructor español Ferrovial, se mantiene a la espera del dictamen casi definitivo de la Comisión de la Competencia británica.

BAA puso Gatwick a la venta en septiembre, tras el informe preliminar que pedía la venta de dos aeropuertos londinenses -probablemente Gatwick y Stansted- además de uno escocés. El propósito era adelantarse a una venta forzosa y tomar las riendas del proceso.

El problema es que desde septiembre los mercados financieros han ido de mal en peor. Y en noviembre el tráfico en Gatwick cayó un 13,5% respecto del pasado año. Ferrovial espera que los potenciales compradores tomen una perspectiva a largo plazo. Los activos de infraestructuras se siguen vendiendo. En octubre el fondo de infraestructuras de Citigroup compró el aeropuerto de Chicago Midway por un precio equivalente a 28 veces su Ebitda. Y Gatwick, el segundo mayor aeropuerto de Londres, es un valor escaso.

Ese valor se diluye, sin embargo, si la Comisión de la Competencia hace aterrizar Stansted en el mercado. Cualquiera de los interesados en Gatwick -los hipotéticos nombres incluyen a la constructora Hochtief, el fondo de infraestructuras de Citi y al aeropuerto de Ámsterdam- también lo estarían en Stansted. Sin embargo es poco probable que los potenciales compradores puedan permitirse -o se les permita- adquirir ambos.

Luego está la escasez de crédito, lo que determina la oferta a presentar por los potenciales compradores. Es poco probable que la escasez de crédito toque a su fin a mediados de enero, para cuando se esperan las primeras ofertas por Gatwick. Es cierto que BAA consiguió refinanciar una deuda de 12.000 millones de libras en agosto. Pero eso fue antes de la tormenta.

Es verdad que los compradores no necesitan pedir prestado demasiado, ya que lo más probable es que la Comisión de la Competencia no quiera otro aeropuerto con un fuerte coeficiente de deuda. Menos deuda induce un precio más bajo.

Ferrovial podría tratar de ganar tiempo recurriendo la decisión del regulador. Lo que llegaría a irritar a la Comisión de la Competencia, aunque es posible que resulte su mejor opción si espera obtener un precio decente para Gatwick.

Por Fiona Maharg-Bravo