Falta de acuerdo

El Senado estadounidense tumba el plan de rescate a la industria del motor

En punto muerto. Ese es el estado en que se encuentra el plan de rescate de 14.000 millones de dólares (unos 10.488 millones de euros) para la industria automovilística a causa de la falta de acuerdo en el Senado y después de que el pasado miércoles -madrugada del jueves en España- obtuviera la luz verde de la Cámara de Representantes.

Sobre la base de este estancamiento se encuentra el rechazo que los representantes del Sindicato de Trabajadores de la industria automovilística han manifestado a las medidas propuestas por el Partido Republicano de aceptar un inmediato recorte de salarios para los trabajadores, informa la edición electrónica de The Washington Post.

Según el legislador republicano George Voinovich, los representantes sindicales estaban dispuestos a un recorte salarial, pero no antes de 2011.

"Estoy terriblemente decepcionado. Todo ha terminado", ha expresado Harry Reid, líder de la mayoría demócrata del Senado, quien había anunciado un principio de acuerdo que parecía otorgar alguna esperanza a su aprobación. "Hemos trabajado y trabajado y podemos continuar toda la noche, mañana, el sábado y el domingo, y no llegaríamos a la línea final", agregó en declaraciones a los medios locales.

Los 60 votos a favor que necesitaba el plan para su aprobación se quedaron finalmente en 35, superados con creces por las 52 negativas.

Un plan alternativo

En un último esfuerzo por reactivar el plan de rescate gubernamental, el senador de Tennessee, el republicano Bob Corker, había intentado persuadir a los senadores que se muestran contrarios para que respaldaran un plan alternativo que endureciera las concesiones con respecto al aprobado este miércoles en la Cámara de Representantes, informa en su edición digital The New York Times.

Según este plan alternativo, que impondría requisitos más estrictos a la industria y que fue objeto de intensas negociaciones con los demócratas, los fabricantes estarían obligados a recortar en dos tercios su deuda -una suma enorme, dado que General Motors por sí sola debe más de 60.000 millones de dólares- con anterioridad al 31 de marzo del año que viene.

Además, los fabricantes de automóviles se verían obligados a recortar los salarios de sus trabajadores hasta hacerlos equiparables con los de los empleados de Nissan, Toyota y Honda en Estados Unidos.