Operación rescate ante la crisis financiera

EE UU nacionaliza AIG para evitar un mayor desastre financiero

La Reserva Federal comunicó en la noche de ayer la concesión de un préstamo de 85.000 millones de dólares (unos 60.000 millones de euros) a AIG. A cambio, el Estado recibe warrants que le dan derecho al 80% de sus títulos bajo ciertas condiciones y toma el control efectivo sobre la aseguradora. Esta medida 'in extremis' y sin precedentes evita la quiebra de esta gigantesca entidad, una circunstancia que se presume habría desatado un caos financiero de desastrosas consecuencias mundiales.

Una vez más el Estado ha tenido que acudir al rescate para evitar el descalabro del libre mercado. Tras las ayudas a Bear Stearns y la intervención de Fannie Mae y Freddie Mac, las autoridades económica y monetaria estadounidenses intentaron plantarse y efectivamente no se implicaron financieramente en el salvamento de Lehman Brothers el pasado fin de semana. Pero AIG y los riesgos sistémicos globales que se desatarían forzó, de nuevo la mano del Estado en una semana muy convulsa en la que el sector financiero ha cambiado.

Así, y tras reuniones durante todo el día entre miembros de la Fed, el Tesoro además los líderes de los partidos de las dos cámaras del Congreso, la autoridad monetaria emitió ayer a las 9.00 de la noche, 3.00 de la mañana en España, un comunicado de 18 líneas en el que se explicaba que se le concedía un préstamo a AIG por valor de 85.000 millones de dólares durante dos años. La aseguradora los avalará con todos sus activos. La Fed, presidida por Ben Bernanke, ha impuesto además como condición que el préstamo se devuelva con las cantidades que se obtengan de la venta de los activos de la firma. A cambio, el Gobierno puede quedarse hasta con el 79,9% de las acciones y tiene derecho de vetar el pago de dividendos.

La publicación de la breve nota de la Fed, que hacía notar que tenía el "total apoyo del Tesoro" dejaba muchas cuestiones sin contestar como por ejemplo la composición del equipo que va a sustituir a los gestores de AIG que ahora tiene en su cabeza a Robert Willumstad.

Con esta decisión, la Fed cierra una de las grietas más grandes en una crisis que ya ha pasado severas facturas a los contribuyentes. Su decisión no tiene precedentes primero por el monto de la cantidad comprometida y en segundo lugar porque, de hecho, se pasa a nacionalizar una entidad que ni siquiera regula ya que son los estados los que se encargan de supervisar el negocio de las aseguradoras y no una autoridad federal. De hecho uno de los más decididos defensores de la intervención de la Fed ha sido el gobernador de Nueva York, David Patterson, quien ayer aseguraba que si no llegaba la ayuda, la empresa instaría su quiebra hoy. El congresista demócrata Barney Frank se quejaba de que esta vez las autoridades no han contado con una autorización del Congreso para actuar.

De nuevo, una institución se ha considerado demasiado grande como para caer aunque a la Reserva le ha costado dar este paso que supone una marcha atrás sobre sus propias intenciones de no poner un dólar más de los contribuyentes para cubrir el riesgo y las pérdidas de una institución. La solución privada, que pasaba por la formación de un fondo de 75.000 millones de dólares por un pool de bancos para que AIG tomara fondos y resolviera su situación de liquidez, no prosperó ayer por más que el secretario del Tesoro, Henry Paulson, presionara por ello.

El equipo presidido por Bernanke, ha valorado que bajo las presentes circunstancias, "una caída desordenada de AIG podría añadir más problemas significativos a unos mercados financieros frágiles y tener como consecuencia mayores costes en el crédito, una rebaja de los patrimonios de los hogares y un comportamiento económico más débil".

La reducción de la calificación del crédito de AIG por parte de Moody's, S&P y Fitch la noche del lunes fue lo que terminó de poner en alerta a las autoridades. Con esta rebaja se complicaba una situación a la que la aseguradora había llegado no por falta de solvencia sino por no tener el capital necesario para cubrir las pérdidas de su área de negocio de productos financieros, una actividad completamente distinta de la de los seguros. Esta unidad había vendido, entre otros, credit default swaps, contratos de protección frente a impagos, a bancos de todo el mundo. La caída del mercado de la vivienda ha hecho que esos contratos pierdan valor lo que ha hundido al gigante asegurador en unas pérdidas que además le han forzado a poner más dinero como aval. La firma pudo conseguir unos 20.000 millones de dólares pero con la abrupta caída de su cotización la captación de capital nuevo ha sido imposible y la quiebra podría haber llegado hoy.

El presidente George Bush fue informado por la tarde de la situación durante una reunión del Grupo de Trabajo de los Mercados Financieros, y canceló una comparecencia que tenía prevista después con la prensa.