COLUMNA

Un informe sobre el tiempo perdido

En el Informe Anual del Banco de España no faltan buenos consejos, señala el autor. Aunque, en su opinión, resulta difícil aventurar el convencimiento del gobernador respecto a las posibilidades de que sus recomendaciones sean escuchadas

El discurso con el cual el gobernador presenta el Informe Anual del Banco de España tenía este año un interés especial: comprobar si tan respetada institución se decantaba a favor de quienes sostienen que nuestra economía está en 'crisis' o, por el contrario, apoyaba a aquellos que calificaban de 'desaceleración' más o menos transitoria y profunda los desequilibrios que la aquejan.

El gobernador elude tan estéril polémica y desde el principio señala las 'tres perturbaciones' que afectan a la economía mundial y también a la española; la evolución alcista de los precios del crudo y otras materias primas y alimentos, el deterioro de la economía americana y las graves turbulencias surgidas en los mercados financieros internacionales. A continuación subraya que una concreta perturbación americana -la del mercado de las subprime- no podía generar un fenómeno de dimensiones generales sino sobre la base de una infravaloración de los riesgos financieros añadida a una innovación financiera combinada con clamorosos fallos regulatorios en ciertos países -tiene la discreción de no señalar con el dedo a sus colegas estadounidenses- que propiciaron 'un clima de exuberancia financiera' encubridora de graves deficiencias estructurales.

Al comentar la evolución inflacionista no se alinea con quienes culpan a los malvados especuladores del incremento de los precios experimentados por la energía y otras materias primas sino que conserva el sentido común suficiente para recordar el incremento de la demanda y las dificultades para ampliar a corto plazo la oferta. Refiriéndose ya a España no debe perderse de vista que, en su opinión, en 2006 comenzaron a observarse los primeros síntomas de algunos desequilibrios -por ejemplo, en el sector inmobiliario-. Los acontecimientos internacionales, añade, socavaron aún más la confianza de los agentes económicos y provocaron un recelo justificado pues los efectos del parón en la inversión residencial se dejaron sentir no sólo en el empleo y otras ramas productivas sino que afectó al consumo privado -véase el cuadro 2.1, página 55, del informe-, castigado además por una inflación que en los últimos meses se está moviendo a tasas anuales entre el 4,7% y el 5%.

En situaciones semejantes el problema de una economía como la española es su falta de flexibilidad y, por ende, que los procesos de reasignación de recursos son lentos y costosos habida cuenta, entre otras razones, que la débil competitividad no facilita un incremento del sector exterior que compense la debilidad de la demanda interna. Así las cosas, el gobernador elude la tentación de caer en vaguedades y advierte la conveniencia de 'huir de enfoques... a corto plazo y que pueden retrasar los ajustes necesarios o que incluso puedan llegar a ser contraproducentes'.

Las políticas expansivas de demanda, advierte, tendrían efectos limitados -incluyendo, por supuesto, las 'actuaciones discrecionales de aumento del gasto público o de reducción de impuestos que pudieran implicar un deterioro permanente del saldo público'. Por cierto, ¿por qué afirma que es difícil calcular el componente cíclico de los últimos superávits fiscales cuando al finalizar el primer semestre del año en curso se ha registrado un déficit que se acerca al medio punto del PIB?

Si el mantenimiento de la estabilidad presupuestaria le parece imprescindible, el 'fortalecimiento de la flexibilidad y la eficiencia en el funcionamiento de los mercados de factores el de trabajo tiene 'una especial trascendencia', afirma y productos' es considerado 'fundamental'. No faltan en el discurso referencias a tareas que deberían acometerse urgentemente y que comprenden desde el fomento de un mercado de vivienda en alquiler a la eliminación de restricciones al comercio minorista, pasando por los incrementos en el capital físico, tecnológico y humano.

Las tres últimas páginas están dedicadas a examinar los efectos sobre el sistema bancario español de lo que calificó como turbulencias financieras, afirmando que éste no se encuentra directamente afectado y razonando las causas de ello. Hay una advertencia sería a las entidades -'es improbable que las condiciones en las que se ha desenvuelto el sistema financiero en los 14 últimos años vuelvan a repetirse'- y un pronóstico: la continuación en el ' estrechamiento' de los márgenes de negocio y de los beneficios.

Es difícil aventurarse a adivinar cuán convencido está el gobernador respecto a las posibilidades de que sus recomendaciones sean escuchadas -el reciente anuncio de la convocatoria por la presidencia del Gobierno de una reunión de expertos privados para estudiar la situación y proponer remedios debería haber reforzado su escepticismo- pero me permito recordar algunos consejos dados por sus antecesores. Así, Informe 1999: 'Es necesario que el saneamiento de las finanzas públicas descanse de forma primordial en el control de gasto público y en racionalización de su estructura'; 'esta demanda de financiación de familias y empresas se han encontrado con una oferta de crédito particularmente holgada... que puede entrañar riesgos considerables'. Informe 2000: 'La economía española necesita moderar la expansión de la demanda y aumentar el grado de flexibilidad de los mercados de trabajo y de productos... El anuncio del Gobierno de que se propone actuar con firmeza en todas estas direcciones ha de ser... bien recibido y alentado'. Informe 2001: 'Los canales de transmisión del sector financiero al sector real son... cada vez más ágiles, rápidos y complejos... y ello añade volatilidad y prociclicidad a la economía real'. Informe 2002: 'El informe destaca la conveniencia de las reformas en el mercado del suelo, por sus implicaciones en la formación de precios y costes de activos inmobiliarios y por su incidencia en la movilidad geográfica del trabajo'. ¡En fin, buenos consejos no faltaron!

Raimundo Ortega. Economista