COLUMNA

¿Un diálogo social exprés?

El Gobierno, sindicatos y patronal representaron la semana pasada el inicio del diálogo social. El autor critica la concertación exprés que parece querer imponerse. En su opinión, el Ejecutivo está improvisando ante una crisis que no esperaba y de ello no deben ser cómplices los agentes sociales

La semana pasada, los agentes sociales acudieron a La Moncloa para representar el inicio del diálogo social. A diferencia de otras ediciones, el peso de las negociaciones no las llevará el Ministerio de Trabajo -que compartirá protagonismo con Economía, Igualdad e Industria- sino que será Presidencia la que ostente la batuta de la orquesta. ¿Qué quiere esto decir? Pues que, en primer lugar, el contenido no se limitará a cuestiones laborales, sino que se abordarán otras muchas materias.

En segundo lugar, que no habrá recurso de alzada. El propio Zapatero se involucra en el asunto, prueba que le concede la máxima importancia. Más que una reforma laboral, parecería que nos encontramos ante una reedición de los Pactos de La Moncloa para rescatar a una economía que pierde fuelle de forma alarmante. El propio Zapatero ya ha reconocido que crecerá por debajo del 2%, mientas que ya son muchos los que piensan que a duras penas sobrepasará el 1%.

No hubo documento previo, ni siquiera la habitual firma de declaración de intenciones. No es buena señal. Puede ser interpretado como falta de trabajo previo o, incluso, de cierta improvisación. En todo caso, el presidente -de forma osada o insensata, ya veremos- se ha comprometido a que antes del 31 de julio esté firmado un documento 'en el que se detallarán las medidas y asuntos a abordar durante la presente legislatura'. ¿Es, de verdad, esto posible? Yo creo que no. Un proceso de diálogo social es lento y arduo, no se puede improvisar en unas semanas. Quizás, lo que Zapatero pretende es que sindicatos y empresarios avalen las líneas de política económica que tiene intención de desarrollar en este próximo ejercicio, adornado con unos principios y concesiones que puedan agradar a las partes. Ya veremos.

Nadie parece dispuesto a sufrir. Los sindicatos ya han advertido que no aceptarán que sean los trabajadores los que sufran una crisis que el Gobierno ya reconoce tímidamente, y los empresarios guardan silencio. Dentro de CEOE existe en estos momentos una gran tensión. Su presidente, Gerardo Díaz Ferrán, se muestra dispuesto a echar una mano al Gobierno, mientras que algunas organizaciones importantes de su seno quieren exigir reformas de consideración.

En todo caso, no guarda relación la sensación de dificultad por la que están pasando muchas empresas y trabajadores con el ambiente relajado y complaciente que advertimos en la foto de La Moncloa. Nadie habló de reformas, ni de sacrificio, ni de esfuerzo. Parecen no haberse dado cuenta que nuestro modelo económico se desmorona y que no tenemos ninguno alternativo. No dicen en público lo que en privado reconocen. Que nuestra productividad está por los suelos y que retrocedemos peligrosamente en los índices de competitividad. Ya no podemos ajustar nuestra economía a base de devaluaciones. Tenemos un euro muy fuerte y una alta inflación. Como nuestros salarios están indexados a ésta, nuestra producción cada día resulta más cara.

La crisis ya no se limita a los inmobiliarios. Se ha extendido a otros muchos sectores -los del consumo han sido los primeros en dar el grito de alarma-, y la plaga de impagos se extiende. La banca ha endurecido tremendamente el acceso al crédito, y el desempleo engorda de forma creciente. No es una visión catastrofista de la realidad, es la realidad misma que percibimos. Y para esta enfermedad, poca nos parece la medicina que Moncloa quiere prescribir para su tratamiento.

Aunque afirmar que no habrá reforma sin el acuerdo de los agentes sociales es un clásico, no es lo más adecuada en estos momentos. El Gobierno debe mostrar firmeza en las reformas que proponga. Si los agentes saben que su firma resultará del todo imprescindible, no estarán dispuestos a grandes concesiones. Por todo ello, somos escépticos ante esta concertación exprés, resuelta en unas semanas, que nos quieren vender como bálsamo de Fierabrás que todo soluciona. El Gobierno está improvisando ante una crisis que no esperaba, y los agentes sociales no deben ser cómplices de su desbarajuste.

Que dialoguen, sí, por supuesto, pero con un guión y tiempo razonable, sabiendo las partes que si no llegan a acuerdos de entidad, el Gobierno legislará reformas que pueden resultar dolorosas, porque la situación no está para paños calientes.

Manuel Pimentel