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A fondo

España cumple 10 años resguardada por el euro

España e Islandia parecen dos mundos aparte desde el punto de vista geográfico, demográfico (45 millones de habitantes frente a poco más de 315.000) o económico. Pero si no fuera porque España decidió sumarse a la Unión Monetaria Europea hace una década, probablemente estaría sufriendo casi tanto como el país nórdico para capear la actual galerna financiera.

La corona islandesa ha perdido casi un tercio de su valor desde que empezó la tormenta en agosto; la inflación de la isla se disparó en abril al 11,8% (el 28% anual); y el Banco de Islandia ha elevado los tipos de interés hasta el 15,5%, por encima de Turquía.

Frente al bamboleo islandés, España (al margen de problemas como el de la construcción) atraviesa el temporal con relativa placidez gracias, en buena medida, a que un 2 de mayo de 1998 se embarcó en un proyecto llamado euro. Aquel sábado de hace 10 años también fue tumultuoso por la disputa entre el canciller alemán Helmut Kohl y el presidente francés Jacques Chirac, sobre el nombramiento del primer presidente del Banco Central Europeo.

Tras una dura disputa, el 2 de mayo de 1998 marcó el punto de partida de la Unión Monetaria

Al final, un acuerdo de madrugada nada caballeroso optó por el holandés Wim Duisenberg como quería Alemania... a condición de que a mitad de mandato cediese su puesto al francés Jean-Claude Trichet.

Superada esa primera crisis, la nave zarpó y acoge ya a más de 320 millones de pasajeros de 15 países. Y todos ellos disfrutan de unos tipos de interés en mínimos históricos (4% a pesar de la escalada de precios de las materias primas) y de una divisa que vale más de 1,5 dólares. 'Algunos comentaristas se apresuraron a sembrar dudas', recuerda estos días el actual comisario europeo de Economía, Joaquín Almunia. 'Algunos decían que nunca llegaría a existir; otros, que duraría un par de años'. Almunia no oculta su satisfacción al comprobar que esas predicciones no se han cumplido. Y califica al euro como 'un enorme éxito económico'.

La Comisión Europea destaca como elemento positivo la creación de más de 16 millones de puestos de trabajo en Europa en la última década. El crecimiento del empleo en España superó en un 30% la media europea.

La nueva divisa también ha impuesto la disciplina fiscal. Y desde un déficit público de dos dígitos en algunos países se ha pasado a una media del 0,6% del PIB en 2007.

La inflación, además, ha caído en picado, lo que ha permitido un abaratamiento histórico del crédito. 'Los tipos hipotecarios oscilaban entre el 8% y el 14% a principios de los años 80', recuerda el departamento de Economía de la CE. 'Ahora, de media, son del 5%, lo cual supone un ahorro de entre 170 y 750 euros al mes para un préstamo de 100.000 euros'. Las empresas también han salido beneficiadas al desaparecer el riesgo de tipo de cambio entre los principales mercados europeos. Bruselas calcula que con una divisa por país, el coste se elevaría a 20.000 millones de euros anuales.

A pesar de este brillante balance, las autoridades comunitarias reconocen que todavía no se ha explotado todo el potencial del euro. La moneda común corre el riesgo de convertirse en el chivo expiatorio de gobiernos populistas, si las dificultades económicas arrecian. El presidente galo, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro electo italiano, Silvio Berlusconi, han abierto la veda y entre sus víctimas propiciatorias figuran el euro y el BCE.

'La amenaza más obvia para una moneda única surge habitualmente por un control o coordinación imperfectos de las políticas fiscales nacionales', señalan Michael Bordo y Harold James en un reciente estudio publicado por la Comisión. Almunia asegura que el euro no ha reportado los incrementos de PIB y productividad que se esperaban. Y subraya que aún existe un amplio margen para mejorar el dinamismo económico de la zona euro.

El comisario presentará sus propuestas para lograrlo el próximo 7 de mayo, arranque oficial de la celebración del décimo aniversario de la moneda europea.

Entre las medidas que planteará figura el refinamiento del sistema de vigilancia presupuestaria, para poder llamar a la atención a los países con escaladas inflacionistas o desequilibrios en la cuenta corriente. España parece una candidata ideal para estrenar ese apercibimiento. Aún así, el toque de atención siempre será más benigno que la sacudida que hubiera sufrido si continuara con la peseta.

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