COLUMNA

Y ahora, para colmo, surge la inflación

La economía española termina el año en una situación bastante inquietante y poco prometedora, según el autor, con caída del ritmo de expansión y un fuerte aumento de los precios. Una situación que de prolongarse podría devenir, en su opinión, en estanflación, difícil de corregir en el corto plazo

Surge la inflación y lo hace con inesperada fuerza, contrariamente a lo que cabría esperar cuando la fuerte y continuada fase de auge de la economía inicia un progresivo debilitamiento, como se verá más adelante.

Antes de esta fase expansiva el aumento de los precios se aceleraba tras un periodo más o menos largo de crecimiento, pero en estos 10 años de fuerte auge, la subida de los precios, aunque mayor que en la zona euro, fue relativamente moderada, porque las tensiones inflacionistas se desvanecieron en un fuerte aumento del déficit corriente exterior (9% del PIB) en ese periodo.

La entrada del euro al eliminar el vínculo exterior permitió el recurso masivo al ahorro exterior, con el consiguiente endeudamiento. Si los fondos así obtenidos se aplicasen siguiendo una lógica económica normal deberían llevar a un mayor crecimiento y prosperidad, pero de no ser así serán un freno a la expansión.

Es cierto que la tasa de inversión registró un aumento de 9 puntos porcentuales del PIB en esos 10 años, pero si se deduce la construcción residencial (a todos los efectos, consumo) el aumento de la tasa es sensiblemente menor que el crecimiento del déficit creciente exterior. Es decir, y esto es lo grave, que una parte importante (4,5% del PIB) del recurso al ahorro exterior y al consiguiente endeudamiento se ha dedicado a financiar el consumo. Y no se ve, dada la baja tasa de ahorro de las familias, cómo se va a hacer frente al pago de intereses y amortización del principal como no sea con un menor crecimiento del consumo, con el consiguiente efecto contractivo sobre la expansión económica.

Estos datos fundamentales que no auguran nada bueno coinciden con la entrada en escena de un fuerte resurgir de la inflación a escala global que no parece ser un simple y efímero pico. Todo indica que esta inflación va a ser algo más permanente y está respondiendo tanto a la creciente demanda global generada por el fuerte crecimiento de los países emergentes como a las presiones nacionales. Se ha visto además favorecida por una abundante liquidez a escala global, creada en parte por las (incontroladas) astucias de las instituciones financieras que han multiplicado la moneda como Jesús hizo con los panes y los peces.

Mientras continúe el fuerte crecimiento de los países emergentes crecerá su demanda de productos energéticos y, con ella, las presiones al alza en los precios del petróleo. Por la misma razón han subido y continuarán haciéndolo los precios de los productos alimenticios. El aumento de la renta de una parte ingente de la humanidad -los países emergentes- les permitirá mejorar su dieta con más proteínas en forma de carne y producto lácteos, y como es sabido hace falta mucho más grano para alimentar el vacuno de carne y leche que para producir pan.

Parece, pues, oportuno preguntarse cuáles podrían ser las repercusiones de estas nuevas e importantes presiones inflacionistas sobre la economía española. El resurgir de la inflación fue claramente perceptible en la última parte de 2007 y culminó con una subida del IPC en diciembre del 4,3% que llevó el aumento de los precios en el cuarto trimestre al 2% sobre el anterior, lo que no habrá dejado de tener un efecto contractivo sobre la expansión.

Al haber sido esta subida de los precios netamente mayor con toda probabilidad que la esperada, el aumento del consumo privado en ese trimestre habrá sido menor que el previsto y como consecuencia también lo ha sido el crecimiento del PIB, que habrá pasado del 0,7% implícito en la previsión oficial al 0,4%.

De todas formas, el crecimiento del PIB resultante en 2007 en media anual (3,7%) sigue siendo mucho mayor que el de nuestros socios comunitarios y el balance de ese año desde el punto de vista del crecimiento solamente puede considerarse muy favorable.

Pero un análisis como es debido de este crecimiento pone al descubierto una imagen más negativa. Si la economía hubiese permanecido estancada a partir del primer trimestre el crecimiento medio anual todavía hubiese sido del 2,6%, o sea, casi el 70% del 3,8% previsto oficialmente, prueba evidente de que se ha alcanzado el punto álgido del ciclo y que a partir de ahí el ritmo de crecimiento debe mostrar una fuerte caída. Ha pasado, en efecto, del 4,5% trimestral anualizado en el último trimestre de 2006 a algo más del 1,5% del cuarto trimestre de 2007. Se puede decir que la estimación del crecimiento medio anual cuando cambia el ciclo induce a error. La única medida correcta de la economía debe hacerse a lo largo del año.

La economía española termina pues en una situación bastante inquietante y poco prometedora para 2008: en una combinación de importante caída del ritmo de expansión y un fuerte aumento de los precios a los largo del 2007. Si esto se prolongase en 2008 podría devenir en estanflación que, como es sabido, es de difícil corrección en el corto plazo por medio de la política económica, especialmente si sólo se dispone del arma fiscal/presupuestaria.

Parece pues que se impone hacer una previsión de la evolución de los factores que han determinado esas tendencias, pero habrá que dejarlo para más adelante, esperando, mientras tanto, que se vayan aclarando las grandes incertidumbres que dominan los escenarios económicos nacional e internacional.

Anselmo Calleja. Economista y estadístico