TRIBUNA

Efectos indirectos en la economía

A lo largo de la fuerte tendencia alcista del petróleo de los últimos años hemos tenido ocasión de contrastar los distintos modelos econométricos utilizados para medir el impacto de un crudo más caro sobre el crecimiento del PIB. No han funcionado. En primer lugar, por el origen de la perturbación, condicionante que ya se destacaba desde el inicio del encarecimiento: las implicaciones no son iguales si la subida del precio se produce por una restricción de la oferta o por una aumento de la demanda. Al ser esta segunda la causa, el impacto sobre el crecimiento del PIB es menor o, al menos, se compensa con el mayor dinamismo de otros componentes.

El principal 'fallo' de los modelos utilizados puede proceder de algunos de los cambios estructurales de la economía mundial en las dos últimas décadas, entre ellos, la menor intensidad energética (fruto de la mayor terciarización), el aumento de la eficiencia energética y el efecto deflacionista de los países emergentes, que han jugado un papel compensador sobre otros partidas del IPC de las subidas de los combustibles. Si hace tres años nos hubiesen preguntado cuál sería la posición cíclica a finales de 2007 con un barril rozando los 100 dólares, la respuesta habría sido pesimista o, al menos, peor que la actual (por más que EE UU esté en fuerte desaceleración por la crisis en el mercado hipotecario e inmobiliario).

Por lo tanto, y sin querer mostrarme excesivamente optimista, parece que el efecto directo de un petróleo a 100 dólares no es tan negativo como temíamos; eso sí, siempre que su alza proceda desde la presión de la demanda. Es obvio que si se supera esa cota por una interrupción del suministro, el diagnóstico se tornaría en muy negativo.

Describamos ahora lo que podemos denominar 'efectos indirectos', entre los que se pueden citar cinco. El primero es coyuntural, pero muy importante a corto plazo. La renovada subida del petróleo, combinada con la cesión observada hace un año está provocando un destacado efecto base sobre el componente energía del IPC, empujando las tasas interanuales hasta niveles máximos de los últimos años, y muy por encima de los objetivos de los bancos centrales. Aunque algunos (EE UU, Canadá o Reino Unido) están relajando sus condiciones monetarias, otros optan por mantener, a pesar de las señales de desaceleración económica que ya se constatan. Es decir, el repunte de la inflación está condicionando las decisiones de política monetaria, en un momento en el que los bancos centrales deberían tener mucha mayor libertad de acción. Porque no sólo el petróleo está amenazando la estabilidad de los precios, también los alimentos, cuyo encarecimiento podemos vincularlo al del crudo.

Este sería el segundo efecto indirecto: las alzas de materias primas básicas que suben como reacción a las expectativas de un mayor desarrollo de los biocombustibles, rentables con un petróleo a 100 dólares. Y las implicaciones negativas sobre la renta disponible en los países emergentes son muy destacadas (así lo han señalado los organismos internacionales preo cupados por el fin de la pobreza). El tercer efecto indirecto está vinculado al anterior y hace referencia al riesgo de un exceso de inversión en energías renovables que lleve aparejada una burbuja de valoración, al estilo de lo observado en la 'Nueva Economía'.

En cuarto lugar, el fuerte alza del petróleo está favoreciendo la acumulación de capitales por parte de los países productores, que se invierten en los Sovereign Wealth Funds, fondos que, en manos del sector público, invierten en activos financieros de todo el mundo. Los agentes más proteccionistas de los países desarrollados miran con recelo las compras que estos fondos puedan hacer de empresas clave de sus respectivos países (al estilo de las conocidas en los últimos días).

Y, por último, también se vincula la depreciación del dólar al encarecimiento del petróleo. Comparto menos esta causa/efecto, pero sí puede estar alimentando la pérdida de valor de la divisa de EE UU, con las implicaciones que supone para el crecimiento del PIB de la UME o para las presiones inflacionistas en aquellos países, especialmente asiáticos, cuyas monedas están vinculadas al dólar.

En conclusión, más allá de lo acertado a la hora de analizar los efectos directos (menores de lo esperado) de un petróleo en 100 dólares es claro que existen un importante número de efectos indirectos que conviene vigilar de cerca.

David Cano. Socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI)