COLUMNA

Más allá de la crisis financiera

Hoy se reúne el Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC), después de las turbulencias que hemos vivido este verano en los mercados financieros. Tras su comunicado de urgencia a mediados de agosto, nadie alberga dudas de que bajarán los tipos oficiales, la duda es si será 0,25% o 0,50%. Los bancos centrales controlan los tipos a muy corto plazo con el fin de influir sobre los tipos efectivos de empresas y familias y mantener la estabilidad macroeconómica en su sentido más amplio. Pues bien, los canales de sus decisiones se han obstruido, por lo que la prioridad es normalizar esta situación.

En 1998 sucedió un caso similar, en la que se denominó la crisis del LTCM, y el FOMC, dirigido entonces por el infalible Alan Greenspan, apostó por una bajada de 0,25% para no intranquilizar a los inversores. La medida provocó un desplome de las Bolsas y obligó a convocar al comité de urgencia y volver a bajar 0,25% a las dos semanas. Por esa razón lo más probable es que veamos una bajada de 0,50% que confirme la señal que ya ha mandado el presidente Ben Bernanke, afirmando que 'harán todo lo que sea necesario'.

Gracias al desarrollo de la ciencia económica y el aprendizaje histórico, las crisis financieras, como los huracanes, duran poco pero, pasada la tempestad, la Fed se tendrá que enfrentar a un panorama muy distinto al que existía antes de irse de vacaciones. Por lo tanto, a diferencia de la crisis de 1998, ahora nos encontramos ante el inicio de un ciclo bajista de tipos oficiales, aunque es muy difícil anticipar cuál será el nivel de llegada y el ritmo de bajadas que impondrá la Fed.

En 2005, la autoridad monetaria subió con firmeza los tipos, consciente de que la economía crecía por encima de su potencial y de manera desequilibrada, como confirmaba el elevado y creciente déficit por cuenta corriente, gemelo del déficit fiscal, y las presiones inflacionistas, concentradas en los salarios. La clave era el boom residencial y sus efectos indirectos sobre el empleo y el consumo privado. El boom se había producido por dos razones principalmente: bajos tipos de interés y elevada accesibilidad al crédito. La Fed ya ha cumplido su papel subiendo los tipos y provocando el ajuste residencial, pero ahora la crisis financiera desencadenará una mayor restricción al crédito, lo cual ampliará los efectos restrictivos de los actuales tipos oficiales.

La restricción de crédito hipotecario subprime comenzó a principios de año y ahora corremos el riesgo de que se generalice también al resto de crédito de familias y empresas. Las crisis nunca son oportunas, pero esta coincide con la economía creciendo por debajo del 2% anual, la tasa de ahorro de las familias próxima a cero, el petróleo a 80 dólares por barril, el dólar en mínimos contra el euro, el empleo moderando significativamente durante el verano y el sector residencial aún en caída libre.

El fantasma de la recesión sobrevuela por primera vez en mucho tiempo la economía estadounidense. El dólar débil y el fuerte crecimiento del comercio mundial explican el vigor de las exportaciones americanas y, según nuestras previsiones, este año el sector exterior aportará un 25% del crecimiento del PIB. Las presiones inflacionistas acumuladas están neutralizadas y el menor crecimiento acabará de eliminarlas por completo, lo cual da mucho margen a la Fed para actuar y reduce el riesgo de recesión. Las mayores amenazas son el petróleo en máximos y el dólar en mínimos. Los precios en el mercado de futuros de petróleo anticipan una bajada hasta final de año, lo cual sería más coherente con una menor presión de demanda en EE UU y una mayor cuota de producción de la OPEP. El dólar tiene margen para seguir depreciándose gradualmente, aunque el riesgo es que lo haga de manera desordenada provocando una crisis cambiaria y forzando a EE UU a corregir el déficit por cuenta corriente de manera abrupta, lo cual desembocaría en una recesión casi segura.

En una ocasión, un periodista le pidió a un prestigioso economista un pronóstico para el dólar y le respondió que es de mala educación preguntar por el dólar. La respuesta también sirve para el precio del petróleo, por lo que está de más afirmar que el escenario es muy incierto.

La Fed ya ha demostrado con creces que no les gusta imitar a Don Tancredo y están dispuestos a actuar, pero este toro va a ser muy difícil de lidiar. En un mundo globalizado, el tipo oficial de EE UU determina el precio del activo libre de riesgo global e influye en el precio del resto de activos financieros del mundo. Por lo tanto, muy atentos a sus decisiones y mucha suerte maestros.

José C. Díez. Economista jefe de Intermoney